El kéfir se ha convertido en uno de los productos estrella de los lineales refrigerados, asociado a beneficios digestivos y al cuidado de la microbiota. Sin embargo, no todo lo que se vende bajo ese nombre es exactamente lo que parece. En un reciente vídeo publicado en Instagram, Boticaria García, nutricionista y divulgadora científica, lanza una advertencia clara: hay “letra pequeña” en el kéfir que muchos consumidores pasan por alto. Según explica, en España no existe una regulación específica que defina cómo debe ser el kéfir comercializado, lo que permite que algunos productos etiquetados como tal no incluyan todos los microorganismos que caracterizan al auténtico.
Cómo saber si un kéfir es auténtico
En el vídeo, Boticaria García utiliza una comparación muy gráfica: un buen kéfir es como una buena historia con sus protagonistas inseparables. Si en “El Quijote” falta Sancho, la historia no funciona, del mismo modo, en el kéfir las bacterias necesitan a las levaduras. El problema, señala, es que algunos productos contienen bacterias lácticas, pero no incluyen levaduras específicas de kéfir. Y ahí está la clave: un kéfir verdadero es un ecosistema vivo formado por bacterias y levaduras que conviven en simbiosis.
La nutricionista insiste en un gesto muy sencillo pero decisivo: leer la etiqueta. Si en la lista de ingredientes no aparecen claramente levaduras de kéfir en el etiquetado, el producto no sería un kéfir auténtico, aunque lo indique en grande en el envase. Esta falta de definición legal específica en España permite que el término se utilice con cierta flexibilidad comercial, lo que puede generar confusión en el consumidor.
Un kéfir sin levaduras no es un kéfir de verdad, es solo parte de la historia
Desde el punto de vista científico, el interés del kéfir radica precisamente en esa diversidad microbiana. Los granos de kéfir, con su característico aspecto similar al de una coliflor, albergan una comunidad compleja de microorganismos. Esta variedad contribuye a una mayor riqueza de especies en la microbiota intestinal, algo que diversos estudios relacionan con un sistema inmunitario más robusto y una mejor salud digestiva. Por eso, la presencia conjunta de bacterias y levaduras no es un detalle menor, sino parte esencial de su identidad.
La nutricionista también subraya que no se trata de alarmar, sino de informar. Muchos productos fermentados pueden ser saludables, pero si se busca específicamente kéfir por sus propiedades tradicionales, conviene asegurarse de que el dúo microbiano esté completo. La recomendación es clara: revisar la lista de ingredientes con atención y no quedarse solo con el nombre destacado en el frontal del envase.
En un mercado cada vez más lleno de reclamos saludables, la información es la mejor herramienta del consumidor. Como recuerda la nutricionista en su vídeo, ahora toca sacar la lupa y comprobar que el kéfir que llega a casa sea realmente ese “equipo inseparable” de bacterias y levaduras que le da sentido. Porque, en este caso, la letra pequeña sí importa.
