Pasear por Barcelona es, a menudo, caminar entre nombres masculinos. Los datos del nomenclátor municipal muestran que menos de una de cada diez calles dedicadas a personas recuerda a una mujer, un desequilibrio que refleja las desigualdades históricas en el reconocimiento público. Con motivo del 8 de marzo, día de la mujer, el debate sobre quién ocupa la memoria del espacio urbano vuelve a situarse en el centro.

Un mapa con una clara mayoría masculina

El nomenclátor (el registro oficial de los nombres de calles, plazas y espacios públicos) es gestionado por el Ayuntamiento de Barcelona a través de la Ponencia del Nomenclátor. Según datos municipales, en la ciudad hay más de 4.700 vías públicas, y cuando estas están dedicadas a personas, el desequilibrio es evidente: 1.666 recuerdan a hombres y solo 392 mujeres. Esto significa que aproximadamente el 35% de las vías dedicadas a personas llevan nombre masculino, mientras que solo el 8% son femeninas, una diferencia que evidencia hasta qué punto la memoria urbana continúa siendo mayoritariamente masculina.

El Eixample de Barcelona
El Eixample de Barcelona

El origen de los nombres del Eixample. ¿Dónde están las mujeres?

Muchos de los nombres de las calles de el Eixample tienen un origen planificado. Cuando se proyectó la expansión de la ciudad en el siglo XIX, el ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà había pensado inicialmente en numerar las calles, como ocurre en ciudades como Nueva York. Finalmente, el Ayuntamiento de Barcelona encargó al político y escritor Víctor Balaguer una propuesta de nomenclátor para dar identidad a la nueva trama urbana.

Balaguer, una figura destacada del Renacimiento, diseñó una clasificación basada en diferentes ámbitos: territorios, instituciones, personajes históricos, efemérides o actividades económicas. Así es como muchas vías del Eixample toman nombres de territorios vinculados a la antigua Corona de Aragón, como Valencia, Mallorca o Aragón, mientras que otras recuerdan instituciones como la Gran Vía de las Cortes Catalanas o la calle Diputación. También hay calles dedicadas a figuras destacadas del pasado de Cataluña y de la Corona catalanoaragonesa: Jaume Balmes (filósofo), Bonaventura Carles Aribau (escritor), Ramon Muntaner (redactor de una de las cuatro grandes Crónicas), Rafael Casanova (último consejero jefe de Barcelona), Pau Claris (94º presidente de la Generalitat), Roger de Flor (comandante en jefe de la Compañía Catalana de Oriente), Antoni de Villarroel (militar defensor de Barcelona durante el asedio de 1714), o Roger de Llúria (almirante de la Armada Real).

También, Borrell II (conde de Barcelona, Gerona, Osona y de Urgel), Jaime II de Urgel (Conde de Urgel), Berenguer de Entenza (comandante en jefe de la Compañía Catalana de Oriente), Ausiàs March (poeta), Ramon Llull (escritor, filósofo y teólogo), Alí Bei (explorador),  Bernardo de Rocafort (militar), Antonio Viladomat (pintor) y Bernardo II de Vilamarí (almirante de la Armada Real).

La desigualdad es evidente, pero también se percibe en la dimensión y la centralidad de los espacios dedicados a unas figuras u otras. Mientras las grandes avenidas y plazas recuerdan a políticos o figuras masculinas, los nombres femeninos aparecen en calles más pequeñas o menos centrales. Es un ejemplo la pequeñísima calle de Mercè Rodoreda, situada en Sarrià-Sant Gervasi o la Calle de Francesca Bonnemaison, situada en Sant Martí, que recuerdan, por un lado la escritora catalana y, por el otro la pedagoga y promotora de la educación femenina. Este contraste muestra la concentración de los nombres masculinos en grandes vías, mientras que los femeninos suelen ocupar espacios más reducidos y discretos.

 

La feminización del nomenclátor

En los últimos años, el Ayuntamiento ha impulsado una política de “feminización del nomenclátor” para corregir este desequilibrio histórico. La iniciativa prioriza nombres femeninos para nuevas calles, jardines o equipamientos y busca recuperar figuras relevantes de la cultura, la política, la ciencia o los movimientos sociales que habían quedado fuera del relato urbano.

A pesar de estas iniciativas, la transformación del mapa urbano es necesariamente lenta. Los nombres de las calles forman parte del patrimonio de la ciudad y raramente se modifican, de modo que la mayoría de placas continúan reflejando decisiones tomadas hace décadas o incluso siglos. El debate sobre el nomenclátor, especialmente visible cada 8M, pone sobre la mesa una pregunta que va más allá de la toponimia: quién ocupa la memoria colectiva de la ciudad y cuáles son los grandes nombres olvidados?

La experiencia en la calle

Para ponerlo en perspectiva, hemos salido a la calle a preguntar a la gente si recuerda nombres de mujeres que den nombre a calles de Barcelona. El resultado ha estado claro: la mayoría de respuestas han citado nombres masculinos, evidenciando que la memoria urbana que predomina es la masculina. El video grabado refleja esta realidad y refuerza la necesidad de continuar con iniciativas de feminización del nomenclátor.