El kéfir se ha convertido en uno de los alimentos más populares dentro del mundo de la alimentación saludable y los productos fermentados. Lo vemos en redes sociales, en supermercados y en recomendaciones de nutricionistas, pero no todo lo que se vende como kéfir es realmente kéfir. Así lo explica la Dra. García, farmacéutica y divulgadora científica, en un reel publicado en la cuenta de @boticariagarcia, donde lanza una advertencia clara: hay que tener mucho cuidado con la letra pequeña del envase.
Esto debes saber sobre las etiquetas del kéfir
Según explica, el kéfir auténtico no es solo un yogur “mejorado” ni un simple producto fermentado más. El kéfir real es un equipo inseparable de bacterias y levaduras que trabajan juntas. Ella lo explica de forma muy gráfica: es como El Quijote y Sancho Panza, una pareja que solo funciona cuando están los dos. Si falta uno, la historia deja de tener sentido. En el caso del kéfir, si no están presentes las levaduras junto a las bacterias, lo que tenemos delante no es kéfir de verdad, aunque el envase lo diga.

Aquí aparece el gran problema: en España no existe una ley específica que defina exactamente qué debe llevar un producto para poder llamarse kéfir. Esto abre la puerta a que se comercialicen productos etiquetados como “kéfir” que en realidad no contienen levaduras, sino solo bacterias, algo que los convierte en otro tipo de fermentado, pero no en kéfir auténtico.
Por eso, la doctora insiste en algo muy concreto y práctico: hay que revisar siempre la lista de ingredientes. No basta con leer la palabra “kéfir” en grande en el frontal del envase. Si no aparece claramente algo como “levaduras de kéfir” en la composición, no estamos ante el producto real, por mucho que lo parezca. Es una diferencia pequeña en la etiqueta, pero enorme en lo que significa a nivel biológico.
En España no existe una ley específica que defina exactamente qué debe llevar un producto para poder llamarse kéfir
El auténtico kéfir es, como ella lo define, una joya biológica. Es un ecosistema vivo formado por microorganismos que conviven y se benefician mutuamente. Esos famosos gránulos con aspecto de coliflor no son solo una curiosidad visual: en ellos viven bacterias beneficiosas y levaduras que actúan en conjunto y que pueden ayudar al equilibrio del organismo.
Por eso, el mensaje final es claro: no te la juegues con el marketing. Saca la lupa, lee la etiqueta y asegúrate de que el dúo esté completo. Porque sin bacterias y levaduras juntas, no hay kéfir, solo un producto fermentado más con nombre prestado. Y en un mercado lleno de etiquetas atractivas, aprender a leer ingredientes es la mejor forma de comer con criterio y no dejarse engañar por lo que parece saludable, pero no siempre lo es.