La célebre frase sobre las empresas familiares –‘la primera generación, la funda; la segunda, la hace crecer; y la tercera, la hunde o se la vende’– se cumple con la centenaria Freixenet: fundada en 1914 por el matrimonio formado por Pere Ferrer Bosch (1886 – 1936) y Dolors Sala Vivé (1889 – 1978), sus hijos la convirtieron en el gigante del cava y, sus 12 nietos, la han vendido a la alemana Henkell. Lo han hecho en dos fases: en marzo de 2018, siete de los nietos se desprendieron de su participación y, ocho años después, los cuatro hermanos de la rama Ferrer Noguer y José Luis Bonet Ferrer han vendido su 50%. Así, Freixenet ya es 100% de capital alemán.
En un comunicado, Pere Ferrer Noguer ha calificado la venta de la empresa fundada por su abuelo de “momento emotivo”, pero se ha mostrado “ilusionado” por avanzar hacia el “siguiente capítulo de nuestro camino vinícola”, que será con Ferrer Wines, el grupo de bodegas propiedad de su rama familiar. El comunicado destaca que los Ferrer Noguer y su primo José Luis Bonet Ferrer –actual presidente de la Cámara de Comercio de España– “continuarán activos en la industria vitivinícola española” y con capacidad para invertir. Tanto Pere Ferrer como José Luis Bonet seguirán como presidentes de honor de Freixenet, pero ya no estarán en la propiedad.
Pere Ferrer ha vendido las acciones de Freixenet (él y sus tres hermanos controlaban el 42,5%), pero ha retenido la historia familiar porque en la página web de Ferrer Wines se indica que esta última “nace de una larga tradición familiar iniciada en 1616, cuando la familia Ferrer se adentró en el mundo del vino en la Freixeda” y “en el siglo XIX, cuando en la finca familiar de Can Sala se empezó a elaborar cava...”. O sea, Ferrer Wines se sitúa como continuadora de la historia de sus antepasados, pero no son los únicos que la pueden reivindicar porque otras ramas familiares poseen cavas como Marevia –de Requena (Valencia), la de más ventas de fuera Catalunya– o bodegas de vino como Castelo de Medina –de Valladolid, en la denominación de origen Rueda–.
Ferrer Wines, presidida por Pere Ferrer, es una marca creada para agrupar bodegas que habían sido propiedad de Freixenet, pero que quedaron fuera del perímetro de la empresa cuando entró Henkell en 2018: en la actualidad, está formada por Valdubón (Ribera del Duero), Orube (Rioja Alavesa), Solar Viejo (Rioja), Vionta (Rías Baixas), Morlanda (Priorat), Can Sala (Penedès), Cavas Hill (Penedès) y por la argentina Finca Ferrer. En esta última, fundada en 2003, han invertido en la plantación de un viñedo en la provincia argentina de Mendoza, a los pies de los Andes, donde también han construido una nueva bodega vanguardista.
Con Ferrer Wines, no solo producen vinos y cavas, sino también destilados y licores, incluso orujos gallegos con la marca Habelas Hailas. También comercializan productos de otras empresas como el prosecco La Marca o el champagne Abelé 1757, que fue el champán oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, que ya se sirvió en la última cena en el Titanic y que había sido propiedad de Freixenet hasta que, en 2018, con la entrada de Henkell, se vendió al grupo francés Terroirs et Vignerons de Champagne.
La principal empresa del grupo Ferrer Wines es la catalana Cavas J Hill, con bodega en Moja, en el municipio de Olèrdola (Alt Penedès). Atesora una larga historia, que comienza con Joseph Hill, un comerciante británico que llegó al Penedès en 1761. Sus descendientes levantaron la actual masía y, en 1887, se excavó en la roca una singular bodega con cinco galerías subterráneas, que se puede visitar. Es conocida por los cavas Panot Gaudí y Cuvée 1887.
Pero Cavas Hill atraviesa por dificultades. En el ejercicio de 2024, el último consultable, facturó 22,34 millones de euros, un 11,64% menos, con unas pérdidas de 3 millones, superiores a los 2,30 millones de un año antes. La climatología tampoco ayudó. En aquellos dos ejercicios, se efectuaron ampliaciones de capital por 5,1 millones. Todavía no se han presentado los resultados de 2025, pero en el informe que acompaña las cuentas de 2024 ya se indica la previsión de cerrar el año pasado con un ebitda negativo de más de un millón de euros. Este informe también apunta que, hace dos años, llevaron a cabo un ERE para recortar los gastos de personal alrededor del 20%.
Historia familiar
En noviembre de 2024 falleció, a la edad de 99 años, Josep Ferrer Sala –padre de los cuatro hermanos Ferrer Noguer–, considerado el artífice de la internacionalización de Freixenet, de situar esta marca de cava en la primera posición del ranking de ventas. Fue director general y presidente durante décadas. Era el último representante de la segunda generación de la familia fundadora que quedaba en vida y, a diferencia de otras ramas familiares, continuaba como accionista de Freixenet. Un año y pico después, ya no lo es ningún miembro de la familia. Los primeros en vender a Henkell, en 2018, fueron los cuatro hermanos Hevia Ferrer y tres de los cuatro hermanos Bonet Ferrer (todos excepto José Luis), que controlaban aproximadamente el 50%. Ocho años después, los Ferrer Noguer y José Luis Bonet han vendido su 50%.
La historia de Freixenet empieza con los fundadores de la marca: Pere Ferrer Bosch, un cabaler (entre la payesía, así se llama al hijo que no es el primogénito) de la masía Freixeneda, de Mediona, que por este motivo lo llamaban “el Freixenet”; y Dolors Sala Vivé, la pubilla (heredera y, en este caso, hija única) de Can Sala, de Sant Sadurní d’Anoia. En 1914 sacaron el primer cava con la marca Freixenet. Este matrimonio tuvo seis hijos, que son la segunda generación: Joan (1912-1936), Pilar (1918-2016), Carmen (1919-2016), Dolors (1921-2013), Francesc (1924-1925) y Josep (1925-2024).
Con el estallido de la Guerra Civil, se colectivizó la bodega y escuadrones incontrolados asesinaron, en agosto de 1936, a Pere Ferrer Bosch y a su hijo mayor, Joan Ferrer Sala, que tenía 23 años. Estos hechos fueron traumáticos para la familia. En la posguerra, la viuda, Dolors Sala, y su hija Pilar (madre de José Luis Bonet) se pusieron al frente del negocio y, posteriormente, se fueron añadiendo el resto de la familia. La tercera hija, Dolors ‘Lola’ Ferrer Sala, falleció en 2013, sin descendencia.

Hasta 2013, Josep Ferrer tuvo el control accionarial de Freixenet porque a su 35% sumaba el 21% de su hermana Lola, pero, a la muerte de esta, se repartió su participación entre los tres hermanos. Y aquí comenzaron las tensiones familiares entre los que querían vender y los que no, agravadas por los malos resultados económicos de los años siguientes. Al final, todos han acabado vendiendo.
Estas tres ramas familiares continúan en el negocio del vino. Eran socias en la antigua Celtiberia, un grupo de bodegas que se segregó a raíz de la constitución de la nueva Henkell Freixenet en 2018 y que después se trocearon: Así, los Bonet se quedaron Castelo de Medina (Rueda); los Hevia (con la excepción de Enrique Hevia, que está en el inmobiliarío), con la valenciana Cavas Marevia; y los Ferrer han acabado formando su propio grupo, Ferrer Wines. En la foto del inicio, Pere Ferrer Noguer y Andras Brokemper, CEO de Henkell Freixenet.