Con su especialidad de hacer de la necesidad virtud, Pedro Sánchez ha recuperado el “no a la guerra” y ha desenterrado el “trío de las Azores” para lanzar una ofensiva política no tanto contra Donald Trump como para coger a contrapié a sus contrincantes domésticos de la derecha. El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, se ha quedado sin saber decir ni sí ni no a la guerra. La apuesta de Sánchez es tan fuerte y tan arriesgada que hace sospechar que esté tentado a convocar elecciones anticipadas en España antes de que sea demasiado tarde… y de rebote quizá también en Catalunya.

No hace falta decir que la oposición a la guerra expresada por Pedro Sánchez, con el discurso de “las verdades del barquero”, es compartida por una mayoría abrumadora de los ciudadanos españoles. Diversas encuestas sitúan el “no a la guerra” en el 75 %, pero si además Donald Trump le da a Sánchez la importancia que no tenía, el prestigio doméstico del presidente del Gobierno se dispara. Por no hablar del CIS: el Pew Research Center cifraba el rechazo de los españoles a Trump en el 80 % y el Instituto Franklin-UAH en el 67%. Y va el Financial Times y presenta al presidente español como la “Némesis” de Trump, o sea, una versión de la diosa de la justicia divina…

Plantar cara al presidente de los Estados Unidos no suele ser un buen negocio, pero los tiempos han cambiado precisamente porque Donald Trump ha situado los debates en términos de soberanía y con actitud prepotente, un ámbito en el cual, con respecto a la opinión pública, el orgullo nacional pasa por encima de la cuenta de resultados, más aún si se añaden los argumentos humanitarios. Lo ha puesto en evidencia el primer ministro canadiense, el liberal Mark Carney. Ante el desgaste y la caída de la popularidad de Justin Trudeau, los liberales forzaron la sustitución de Trudeau por Carney. A pesar del cambio, las encuestas vaticinaban una derrota segura de los liberales frente a los conservadores. Irrumpió Trump con los aranceles y las amenazas a la soberanía canadiense; Carney le plantó cara, convocó elecciones y ganó. La figura de Carney ha adquirido prestigio internacional cuando en el Foro de Davos propuso una alianza de las potencias medias frente a la ofensiva de Trump. Es decir, todo lo contrario del papel sumiso de los líderes europeos y especialmente de la digamos “presidenta” europea, Ursula von der Leyen, que con sus genuflexiones ha avergonzado a la ciudadanía del Viejo Continente.

Sánchez lidera el “no a la guerra” y desentierra el “trío de las Azores”; la reacción de Trump dispara su prestigio en el ámbito progresista, las derechas españolas quedan descolocadas y todas las previsiones alimentan la hipótesis de elecciones anticipadas, antes de que la crisis y tantos asuntos problemáticos den la vuelta al momento dulce del presidente español

Es este precedente canadiense, y también otros similares en Europa y América Latina, lo que podría decidir a Sánchez a adelantar elecciones. Pero además se han producido movimientos políticos y económicos susceptibles de alimentar la hipótesis según la cual Sánchez no tendrá mejor momento para pulsar el botón electoral que antes del verano.

Ya decía Churchill que el tiempo es más importante en política que en gramática, y ahora parece que Sánchez está mejor posicionado, pero la tendencia no es precisamente ir a mejor. El presidente del Gobierno español ha resistido tanto como ha podido su precariedad política y parlamentaria gracias en buena parte a que la situación económica de España en términos de crecimiento ha sido muy positiva y mejor que la de los países del entorno europeo. Sin embargo, eso dura lo que dura y ya se han empezado a revisar a la baja las previsiones del PIB español a causa de la guerra y del aumento del precio del petróleo. Las recesiones económicas las paga siempre el Gobierno de turno. Además, Sánchez seguirá sin presupuestos y con escasa capacidad legislativa. A medida que pasa el tiempo, y cuando las cosas se complican, los aliados sienten la necesidad de desmarcarse. Por otra parte, están pendientes de resolverse asuntos complicados como la amnistía y los casos de corrupción que afectan al PSOE. En resumen, la realidad es dinámica, nada está escrito, la guerra tiene consecuencias y Pedro Sánchez, que aconsejaba paciencia hasta 2027, ahora quizá tenga prisa.

Alimenta las sospechas el inesperado choque de Oriol Junqueras con Pedro Sánchez sobre el traspaso del IRPF, que ha llevado al líder de ERC a negarle al president Illa el apoyo a los presupuestos catalanes. El desacuerdo puede tener explicaciones diversas, pero la más inmediata es que a Sánchez le preocupan más las elecciones andaluzas que los presupuestos de Illa. El traspaso a Catalunya del IRPF no es un agravio para Andalucía, pero dado el éxito electoral que suele tener la catalanofobia, sería fatal para la candidatura de María Jesús Montero, precisamente la ministra de Hacienda que debería asumir la decisión. Eso por no hablar de la reacción prevista del cuerpo de inspectores de Hacienda del Estado que, como todo el mundo sabe, es un poder fáctico, muy fáctico. Así que no parece que Sánchez pueda hacerle esa mala jugada a su mujer de confianza todavía en el Ejecutivo. Y Junqueras también puede tener otros motivos para frenar los apoyos a los socialistas. Su prioridad es la amnistía, para poder presentarse a las próximas elecciones catalanas. El fallo del TJUE se hace esperar más de lo previsto, el Tribunal Constitucional tampoco parece tener ninguna prisa y a Pedro Sánchez tampoco le conviene demasiado que la amnistía se haga efectiva antes de sus elecciones.

Otros indicadores que hacen pensar en elecciones: las puñaladas del CIS. El Centro de Investigaciones Sociológicas, que dirige José Félix Tezanos con criterios evidentes, ha publicado una encuesta según la cual el electorado de derechas ya prefiere al líder de Vox, Santiago Abascal, como presidente del Gobierno antes que a Alberto Núñez Feijóo, que se ha complicado la vida forzando elecciones regionales que constatan aún más que antes que no tiene más remedio que bailar al ritmo que le impone Vox. La falta de carisma del líder del PP va haciendo mella y eso siempre desanima a la propia clientela, sobre todo si hay una alternativa que ofrece un producto similar pero más osado.

Si Illa no tiene presupuestos también tiene un argumento para adelantar las elecciones, consciente de que si las celebra el mismo día que las generales y las andaluzas obtendría un resultado espectacular. Esta posibilidad sirve al PSC para intentar disuadir a Junqueras de tumbar los presupuestos catalanes

Por cierto, la encuesta del CIS y otras confirman que Gabriel Rufián es el candidato preferido de las izquierdas españolas, muy por encima de cualquier otro. Si las elecciones se adelantan, ¿podría el actual portavoz de ERC liderar una solución de urgencia presentándose por Madrid? Al fin y al cabo, la propuesta de Rufián tiene una dimensión más aritmética que ideológica y podría ir cedido, como los futbolistas, a una candidatura española de circunstancias y aplazar sus peleas cuando tengan algún pastel que repartir. Sin pastel, todos irán al paro. De la opción Rufián todos sacarían provecho, incluso ERC.

Y como lo importante es la gestión de los tiempos, no se prevé mejor oportunidad que hacer coincidir las elecciones generales con las andaluzas, que están previstas para el mes de junio, aunque también podrían ser antes. Y este escenario tendría consecuencias en Catalunya. Si Illa no tiene presupuestos tiene un argumento para adelantar las elecciones, consciente de que si las celebra el mismo día que las generales y las andaluzas obtendría un resultado espectacular. Seguramente esta posibilidad sirve al PSC para intentar disuadir a Junqueras de tumbar los presupuestos de la consellera Romero. Además, si Illa adelanta y la amnistía se retrasa, Junqueras tampoco esta vez podría ser candidato.

Ahora bien, todo son hipótesis. La gran duda es que el actual presidente español, si lo que quiere es seguir siendo presidente y no hacer carrera internacional, no puede conformarse con las encuestas que le dan como ganador: necesita una mayoría alternativa a la suma de Vox y PP. Porque si estos suman, además de gobernar, irán a por él… probablemente con el inestimable empuje de Felipe González.