Entró por primera vez una tarde cualquiera, con cuatro monedas en el bolsillo. El bar olía a café y a madera antigua, y desde donde se sentaba, oía en la barra el murmullo de las copas de cristal. No era nada extraordinario, pero sin darse cuenta empezó a volver. Los lunes, para empezar bien la semana; los viernes, con una alegría discreta. Volvía los días laborables y también los domingos sosegados. Vio cómo el camarero de siempre se hacía mayor, cómo el relevo pasaba a unas manos más jóvenes, cómo una fotografía en blanco y negro aparecía colgada en la pared para recordar los inicios. Las baldosas se agrietaron y se renovaron; la radio dio paso a la televisión; los periódicos de papel empezaron a convivir con pantallas iluminadas.
Haciendo barrio desde 1956
Y es que Casa Pagès cumple 70 años —42 en manos de la familia Barros— que sirve platos caseros en el corazón del barrio de Gràcia. La especialidad de Casa Pagès, y aquello que le ha dado la fama, son los guisos y platos tradicionales elaborados de manera casera y con producto de temporada. En la carta destacan clásicos como el fricandó, el capipota, los pies de cerdo, la butifarra con judías, las habas o las albóndigas. El local ofrece también un menú de mediodía por 14,90 €, con cuatro primeros y cuatro segundos a elegir, más postre o café, que varía diariamente.
Abierto en 1956, en 1982 la familia Barros tomó el relevo y lo convirtió en el restaurante que hoy, siete décadas después, aún mantiene una clara vocación de hacer barrio. De hecho, Casa Pagès sigue siendo punto de encuentro. Eso sí, si antes predominaba la clientela del barrio, hoy también llegan turistas atraídos por la cocina catalana. El local no tiene una decoración minimalista ni propuestas modernas, sino un interior con una decoración sencilla y tradicional y capacidad para una cincuentena de comensales.
Funcionaba como debe funcionar una buena esqueixada: refrescante, equilibrada y con ese aire de cocina mediterránea honesta que abre el apetito sin complicaciones innecesarias
Cocina tradicional catalana
Para empezar, pedimos el surtido de croquetas y los huevos rotos con chistorra. Este último plato se sirve sobre una base de patatas cortadas gruesas, sobre las cuales se extienden dos huevos fritos con la yema aún melosa y la chistorra cortada en pequeños trozos. Ideal como entrante para abrir el apetito o como tapa para compartir.
Acto seguido, la esqueixada llega en un bol de barro, con una presentación franca y generosa. Al bacalao, en láminas irregulares, lo acompañaba el tomate, la cebolla y aceitunas negras, todo aliñado con un chorro de aceite que ligaba el conjunto sin ahogarlo. Funcionaba como debe funcionar una buena esqueixada: refrescante, equilibrada y con ese aire de cocina mediterránea honesta que abre el apetito sin complicaciones innecesarias.
La propuesta gastronómica de Casa Pagès cumple con lo que promete: platos bien ejecutados, raciones generosas y sabores conocidos
Nos sirven también una torre de champiñones, presentada en forma piramidal y con el producto sin artificios; bien marcados por fuera y tiernos en el interior. El jugo que queda en el fondo del plato, mezcla del ajo y el perejil con el aceite, pide pan. También pide mojar pan el fricandó, servido en una bandeja ovalada. Los cortes de ternera, finos y tiernos, se envuelven con una salsa melosa de setas que intensifica su sabor. Un plato bien ejecutado, sin giros sorprendentes, pero reconfortante.
Y hablando de platos reconfortantes, el trinxat llegaba a la mesa con una base generosa de patata y col bien chafadas, coronada con dados de panceta crujiente y bien dorada. Un toque final de pimienta negra redondeaba el conjunto. De postre, pedimos una tarta de queso para compartir, el final dulce que la comida contundente pedía.
La propuesta gastronómica de Casa Pagès cumple con lo que promete: platos bien ejecutados, raciones generosas y sabores conocidos. No es una cocina que busque reinventarse ni sorprender con giros inesperados, sino que apuesta por la tradición y por los platos de siempre. Ahora bien, más allá de lo que llega al plato, pesa el alma del local: un bar con historia, con trayectoria y con aquella atmósfera que solo dan los clientes fieles que justifica, sin duda, hacer parada allí.
