El nuevo récord de asistencia al Gran Premi de Barcelona-Catalunya, superando por segundo año consecutivo la cifra de 300.000 espectadores, que lo convierte en el sexto de Europa por asistencia de público, es un ejemplo más de la historia de amor de la Fórmula 1 con Barcelona y Catalunya que se remonta a 1951. Es cierto que mucho ha llovido desde aquella carrera en el circuito urbano de Pedralbes, que ganó el legendario piloto argentino Juan Manuel Fangio a los mandos de un Alfa Romeo. De allí pasó en los años sesenta a la montaña de Montjuïc y encontró su ubicación definitiva en Montmeló en el año 1991, construido con el impulso de los Juegos Olímpicos del año siguiente en la capital catalana.
Desde aquel 1991, en el que se impuso el británico Nigel Mansell conduciendo un Williams-Renault, hasta el de este año, que ha subido al escalón más alto del podio su compatriota Lewis Hamilton, se han disputado 36 grandes premios de manera ininterrumpida. Ha dado la casualidad de que el ganador de este año lidera con siete victorias el récord de triunfos en Montmeló, uno más que el alemán Michael Schumacher. Esa apuesta histórica de Barcelona con la Fórmula 1 no ha sido suficiente para mantener el gran premio anualmente como hasta la fecha y a partir de ahora tendrá que combinarlo con el circuito belga de Spa-Francorchamps, dejando a Montmeló, por tanto, fuera del circuito en 2027.
El nuevo récord de asistencia al Gran Premi de Barcelona-Catalunya es un ejemplo más de la historia de amor de la Fórmula 1 con Barcelona y Catalunya que se remonta a 1951
Así, el gran premio Barcelona-Catalunya se celebrará los años 2028, 2030 y 2032 y Spa los años impares. Habrá que conformarse, mientras tanto, con el calendario alcanzado, que es consecuencia de la entrada de Madrid en la pugna por disponer de un gran premio y ha conseguido la capital española asegurarse un contrato a largo plazo anual desde este mismo año (se celebrará la carrera en septiembre) hasta 2035. Aunque los contratos son confidenciales, se ha filtrado que Madrid abonará a los organizadores una cifra que oscila alrededor de los 48 millones de euros por cada prueba, muy superior a los 26 millones que pagaba Barcelona a Liberty Media hasta su renovación. Ahora, tras la entrada de Madrid en el escenario, pagará unos 28 millones anuales y tan solo dispondrá de gran premio los años alternos.
Aunque todo este tipo de acontecimientos deportivos suele estar rodeado de un gran debate político, hay pocas dudas de las ventajas de la celebración de un acontecimiento de esta naturaleza. Es cierto que Barcelona no necesita como antaño este tipo de exhibiciones para estar en el mapa. Pero las grandes ciudades pugnan por estar presentes en cualquier tipo de representación deportiva, que, hoy en día, es un reclamo para el éxito de una ciudad. No solo el turístico. Hay que confiar en que las administraciones recuperen el gran premio de Fórmula 1 en formato anual y aprovechen cualquier rejilla que pueda haber para no esperar a la finalización del nuevo contrato. De nada sirve ahora lamentarse de los errores cometidos en el pasado y de las dudas en la negociación con Liberty Media que, a la postre, acabó ahogando el sueño de tener un premio anual y conservar lo logrado ininterrumpidamente desde 1991.