Durante años, el tabaco fue normalizado hasta que la evidencia científica obligó a mirarlo de frente. Hoy, algo similar podría estar ocurriendo con la alimentación moderna. En un vídeo publicado en Instagram, el médico @drfacupereyra lanza una comparación que no deja indiferente: los alimentos ultraprocesados y las harinas refinadas podrían tener un impacto en la salud comparable al que tuvo el cigarrillo en su momento. Lejos de ser una provocación vacía, su mensaje se apoya en datos sobre cómo estos productos afectan al organismo de forma progresiva y silenciosa. Según explica, su consumo habitual está relacionado con alteraciones metabólicas, inflamación crónica y enfermedades que se desarrollan con el tiempo, muchas veces sin síntomas claros al inicio. Una advertencia que invita a repensar hábitos cotidianos profundamente arraigados en la alimentación moderna y cotidiana.

Ultraprocesados y salud pública

En el vídeo de Instagram, @drfacupereyra detalla uno de los aspectos más preocupantes: la adicción alimentaria encubierta. Al igual que ocurrió con el tabaco, muchos ultraprocesados están diseñados para enganchar. Sus combinaciones de azúcares, grasas y aditivos activan los centros de placer del cerebro, empujando a consumir más cantidad y con mayor frecuencia. Este mecanismo no es casual, sino parte de una estrategia industrial que prioriza el consumo repetido frente al bienestar del consumidor.

Los azúcares, en el punto de mira / Foto: Unsplash

Otro punto clave es el daño silencioso que producen las harinas refinadas y el azúcar. Estos alimentos actúan como calorías vacías, elevando rápidamente la glucosa en sangre y forzando al organismo a responder de forma constante. Con el tiempo, este proceso favorece la aparición de diabetes tipo 2, obesidad y problemas cardiovasculares, afectando directamente a la salud metabólica y hormonal.

No todo el daño se nota de inmediato

Según @drfacupereyra, el impacto más grave de los ultraprocesados aparece a largo plazo. El consumo habitual de estos productos acelera el envejecimiento celular y se asocia con enfermedades inflamatorias y metabólicas. Incluso, como señala el médico, existe una relación creciente entre este tipo de alimentación y ciertos tipos de cáncer, algo que la ciencia lleva años investigando con resultados cada vez más consistentes.

El médico también apunta a la responsabilidad de la industria alimentaria. Al igual que ocurrió con el tabaco, se invierten millones en marketing para vender productos perjudiciales bajo etiquetas engañosas como “light” o “fitness”. Este bombardeo constante dificulta que el consumidor tome decisiones informadas y refuerza hábitos poco saludables desde edades tempranas.

 

 

En su vídeo, @drfacupereyra aporta además una perspectiva social. En países como Argentina, donde una gran parte de la población adulta presenta exceso de peso, los ultraprocesados se han convertido en un problema de salud pública y colectiva, no solo individual. La accesibilidad, el bajo coste y la omnipresencia de estos productos agravan aún más la situación.

Frente a este escenario, el médico propone volver a lo básico: priorizar alimentos reales como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y carnes sin procesar. Cocinar en casa, leer etiquetas y educar a los más jóvenes son pasos fundamentales para cambiar el rumbo.