Decía Aristóteles que el premio del mentiroso es no ser creído incluso cuando dice la verdad. Y eso es lo que acostumbra a suceder con Pedro Sánchez, encumbrado ahora en el dilema de mantener viva la candidatura de la vicepresidenta de Hacienda, María Jesús Montero, o darle a Salvador Illa, el barón socialista más potente del que dispone el partido, el triunfo que necesita para aprobar sus primeros presupuestos de la legislatura. La primera no puede dar un paso atrás en su negativa a la cesión a Catalunya de la recaudación del 100% del IRPF, ya que en junio se va a enfrentar al presidente andaluz, Juanma Moreno, con todos los factores en contra, incluidas las encuestas. Esta misma semana se ha publicado un sondeo demoledor para los socialistas en que son superados por Vox en cuatro provincias: Almería, Cádiz, Huelva y Málaga.

Sánchez, además, le ha dado garantías de que no le va a dar este triunfo. El propio Oriol Junqueras lo escuchó el viernes en la Moncloa de boca del mismo presidente y eso ha ido explicando durante el fin de semana. La otra cara de la moneda es Salvador Illa, que en su primera semana en el Palau de la Generalitat, tras retornar al cargo después de padecer una osteomielitis púbica, la enfermedad que le ha tenido durante un mes alejado de sus funciones, pensaba que el acuerdo de los presupuestos catalanes ya era un hecho. ¿Puede Sánchez desdecirse del acuerdo suscrito entre el PSC y ERC para la investidura de Illa y que a su vez había ratificado la ejecutiva del PSOE en 2024?

¿Puede Sánchez desdecirse del acuerdo suscrito entre el PSC y ERC para la investidura de Illa y que a su vez había ratificado la ejecutiva del PSOE en 2024?

Con el inquilino de la Moncloa todo es posible, pero afectaría, necesariamente, a la excelente sintonía que siempre han exhibido en público Sánchez e Illa. Lo que es evidente es que el president de la Generalitat no puede dejar pasar el tren de los presupuestos de la Generalitat sin que eso acabe afectando a su fortaleza política. Estamos hablando de que el actual Govern de Catalunya se maneja con los presupuestos de 2023 que sacó adelante Esquerra Republicana y que el PSC ha ido sucesivamente aprobando. La consellera d'Economia, Alícia Romero, no ha sido capaz de presentar las cuentas de 2024 —llegó en agosto— ni de 2025, ya que Esquerra le negó el voto de sus diputados. Ahora todo estaba preparado para cambiar el frame y que el Govern cogiera el impulso político que necesita en medio de problemas de gestión en Rodalies y huelgas de maestros y personal sanitario.

La cuarta pata del cuadrilátero es Oriol Junqueras. El presidente republicano, en un gesto que no estaba en el guion, se ha alejado de Illa y le ha pasado la responsabilidad de presionar a Pedro Sánchez para la cesión de la recaudación del 100% del IRPF. Y, dicho eso, se ha retirado a la sede de Calàbria a esperar, mientras explica que él sí quiere presupuestos de la Generalitat, pero que el PSC tiene que hacer los deberes que no ha hecho y dejarse de hacer promesas. Mientras eso llega, se ha ofrecido a pactar suplementos de crédito —que siempre acaban siendo un pequeño calvario para el Govern— si no hay una rectificación y tiene un triunfo en mano que, por ahora, le es esquivo.