Durante décadas, se ha difundido la idea de que todas las grasas engordan o son malas para la salud, lo que ha generado confusión y miedo alrededor de alimentos que en realidad pueden ser muy beneficiosos. Esta simplificación no solo no se sostiene desde el punto de vista fisiológico, sino que también puede llevar a decisiones alimentarias pobres o desequilibradas. En un vídeo reciente publicado en TikTok por @magdalena.perello, se analizan algunos de los mitos más extendidos sobre las grasas y se explica por qué diferenciar entre tipos de grasa es fundamental para una alimentación sana y efectiva. Entender esto puede ayudarte a mejorar tu relación con la comida y a tomar decisiones más informadas sin errores tan arraigados como este.

Por qué no todas las grasas son igual de dañinas

Una de las primeras cosas que conviene aclarar es que las grasas no son un grupo homogéneo. Existen diferentes tipos de grasas, y cada una tiene efectos distintos en el organismo. Por ejemplo, las grasas insaturadas saludables, que se encuentran en alimentos como el aceite de oliva, los frutos secos o el aguacate, están asociadas a beneficios cardiovasculares y metabólicos cuando se consumen con moderación dentro de una dieta equilibrada. Por el contrario, ciertas grasas trans industriales, presentes en productos muy procesados, sí pueden elevar el riesgo de enfermedades si forman parte habitual de la alimentación.

Grasas saludables / Foto: Unsplash
Grasas saludables / Foto: Unsplash

En el contenido compartido por @magdalena.perello, se destaca que las grasas saludables no solo aportan energía, sino que también son esenciales para la absorción de vitaminas liposolubles (como A, D, E y K), para la formación de membranas celulares y para la producción de hormonas. Estas funciones no pueden ser sustituidas por otros nutrientes, lo que subraya la importancia de no demonizar a todas las grasas sin distinción.

Grasas que pueden beneficiar tu salud

Entre las fuentes recomendadas de grasas buenas se encuentran el aceite de oliva virgen extra, las semillas, los pescados ricos en omega-3 y los frutos secos. Estos alimentos aportan compuestos que favorecen la salud cardiovascular, ayudan a regular los niveles de colesterol y contribuyen a una sensación de saciedad más prolongada. Consumirlos de forma adecuada puede formar parte de una estrategia nutricional sólida y sostenible.

Además, las grasas saludables también tienen un papel interesante en el control del peso corporal. Aunque aportan más calorías por gramo que los carbohidratos o las proteínas, su consumo puede ayudar a sentir mayor plenitud después de las comidas, reduciendo la probabilidad de picoteos innecesarios o atracones por hambre emocional.

 

@magdalena.perello 🎙️ Mito: “¡Todas las grasas son malas!” 💥 ¡Alto ahí! Si crees que todas las grasas son malas… ¡estás cayendo en uno de los mitos más peligrosos para tu salud cardiovascular! ❤️‍🩹 🔍 La verdad: No todas las grasas son iguales. Las grasas saludables, como las del aguacate, el aceite de oliva o los frutos secos, ¡son esenciales para tu corazón! 🥑🫒🌰 Lo que realmente deberías evitar son las grasas trans y los ultraprocesados, que inflaman tus arterias y aumentan el riesgo de infarto. ⚠️ Y ahora cuéntame… 👉 ¿Qué mito sobre nutrición te gustaría que desmontáramos en el próximo video? ¡Te leo en comentarios! 👇💬 🔁 Guarda y comparte este reel con esa persona que aún piensa que todas las grasas son malas. ¡Ayudemos a que más gente entienda cómo cuidar su corazón de verdad! ❤️ #MitosSobreGrasas #SaludCardiovascular #NutriciónConCiencia #CorazónSaludable #GrasasBuenas #ComparteLaSalud ♬ sonido original - Magdalena Perello cardiologa

 

No todas las fuentes de grasa son igual de recomendables. Las grasas trans, presentes en muchos productos ultraprocesados, snacks industriales o frituras repetidas, se asocian a mayor riesgo de inflamación y problemas metabólicos cuando se consumen en exceso. Por eso, como explica @magdalena.perello en su vídeo, es clave diferenciar entre tipos de grasa y priorizar alimentos en su forma más natural posible.

Este enfoque no significa evitar las grasas por completo, sino elegir mejor las fuentes y entender que la calidad nutricional de un alimento importa más que una regla rígida que simplemente dice “todas las grasas son malas”.