En nuestra casa tenemos instituciones como Cristianisme i Justícia, o Cristianisme i Cultura (Fundació Joan Maragall), pero explícitamente no existe la fundación Cristianisme i Política. ¿Por qué? Quizás porque alguien piensa como Jacques Ellul (1912–1994), el intelectual francés holístico (filósofo, historiador del derecho, sociólogo, teólogo protestante, anarquista cristiano) que defendía que “no hay una doctrina política o una teoría política específicamente cristianas”. Para Ellul, no hay una ética cristiana única, fijada de una vez por todas y que mantenga siempre el mismo contenido. Esto es mucho más acentuado en lo que se refiere a la política, ya que, si hay una enseñanza ética explícita en la Biblia, no es la misma para la política. La Biblia sí diseña un horizonte ético, pero no una encarnación política uniforme.

Jacques Ellul defendía que “no hay una doctrina política o una teoría política específicamente cristianas”

El filósofo defiende que “es imposible extraer una política de la Sagrada Escritura”. Todo depende de matices, y no hay uno solo. Así, se ha podido demostrar la monarquía (a partir de la soberanía de Dios), la aristocracia (a partir de la elección), la democracia (a partir de la universalidad del mensaje), el capitalismo (a partir de la salvación individual) o el socialismo (a partir de la justicia). Y también la revolución (a partir de la esperanza), como antiguamente el conservadurismo (a partir del orden querido por Dios). En todo esto, nos diría Ellul, “no hay nada de específicamente cristiano”. Son interpretaciones históricas. Por ello no se puede ni plantear la cuestión "cristianismo y política" —porque no hay una relación doctrinal—, ni fundar un partido político o un sindicato cristiano. Hemos tenido partidos, sindicatos y confusiones diversas, pero ninguno ha triunfado.

Ellul había leído mucho a Karl Marx y la Biblia, y en su obra capital, La technique ou l'enjeu du siècle (The Technological Society, 1954), Ellul argumenta que la técnica se ha convertido en un sistema autónomo y la fuerza dominante de la sociedad. Denuncia que la sociedad moderna ha perdido su capacidad de juicio crítico y reflexión moral ante el impulso del "progreso" y la inercia de la técnica, convirtiéndola en un nuevo fetiche. Ellul es muy admirado por los defensores de la ecología política.

Fue profesor de Historia de las Instituciones y Sociología en la Universidad de Burdeos y en el Instituto de Estudios Políticos de Burdeos (IEP). También fue un miembro activo de la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Volver a leerlo resitúa la tentación de los partidos políticos de enarbolar las banderas del cristianismo y nos pone en guardia ante fanatismos que pretenden hacer pasar por única su versión evangélica. No hay una sola manera de votar para un cristiano, ni una sola manera de declinar su pensamiento (gracias a Dios).