El café forma parte del día a día de millones de personas y, sin embargo, sigue rodeado de dudas, mitos y medias verdades. ¿Sube la tensión?, ¿es realmente diurético?, ¿puede afectar al corazón o al colesterol? Estas preguntas son las que Isabel Viña, médica y divulgadora en salud, plantea en una conversación reciente con el Dr. Gorriz, uno de los nefrólogos de referencia en España. El objetivo no es alarmar, sino poner contexto científico a una bebida que se consume casi de forma automática, pero cuyos efectos dependen mucho de la cantidad, la frecuencia y el perfil de cada persona.

Así afecta el café a tu cuerpo según este nefrólogo

Según explica el Dr. Gorriz, el café sí puede provocar una ligera elevación de la tensión arterial, especialmente en determinadas personas. Esto ocurre porque la cafeína activa el sistema de catecolaminas, es decir, hormonas como la adrenalina y la noradrenalina, responsables de ponernos en estado de alerta. En quienes metabolizan la cafeína más lentamente, este estímulo puede traducirse también en taquicardias, nerviosismo o sensación de palpitaciones. No es algo grave en sí mismo, pero puede ser relevante si existe hipertensión previa o un consumo elevado y sin control.

Taza de café / Foto: Unsplash

Durante años se ha dicho que el café es diurético y que, por tanto, podría compensar ese aumento de la tensión. El nefrólogo matiza esta idea: el efecto diurético del café es real, pero muy leve. Además, el organismo se adapta con rapidez cuando el consumo es habitual, de modo que esa supuesta compensación desaparece pronto. Por eso, confiar en el efecto diurético del café para “neutralizar” su impacto sobre la tensión no tiene base práctica.

La clave, insiste el especialista, está en la dosis. ¿Cuánto café es demasiado? Las principales sociedades científicas coinciden en que el límite seguro se sitúa en 3 o 4 cafés al día, lo que equivale aproximadamente a 400 miligramos de cafeína. A partir de ahí, el riesgo de efectos adversos aumenta, sobre todo en personas con hipertensión, ansiedad, problemas de sueño o sensibilidad a la cafeína. En cambio, 1 o 2 cafés diarios se consideran perfectamente compatibles con una vida saludable en la mayoría de adultos.

El objetivo no es alarmar, sino poner contexto científico a una bebida que se consume casi de forma automática

Otro punto interesante de la conversación es la relación entre el café y el colesterol. El Dr. Gorriz advierte especialmente sobre el café de prensa francesa, ya que este método no filtra compuestos como el cafestol y el kahweol, sustancias que pueden elevar ligeramente el colesterol LDL al interferir con los mecanismos hepáticos de eliminación del colesterol. No es un efecto dramático, pero sí relevante en personas con dislipemias.

 

 

Si además se busca reducir al máximo la exposición a posibles disruptores hormonales, incluidos residuos como nanoplásticos, las mejores opciones son los cafés filtrados. Métodos como el goteo con filtros, la cafetera italiana de acero inoxidable o sistemas de filtrado en vidrio, cerámica o acero son preferibles frente a otros materiales.