Las autoridades suecas han interceptado en el mar Báltico el buque de carga Caffa, una embarcación vinculada a Rusia que figura en la lista de sanciones de Ucrania y que es sospechosa de transportar grano ucraniano robado. La operación, en la que han participado unidades especiales y la Guardia Costera del país escandinavo, se ha ejecutado después de que el buque entrara en las aguas territoriales suecas. Según han informado las autoridades en una rueda de prensa recogida por la agencia TT, los agentes abordaron la embarcación el viernes para inspeccionarla e interrogar a la tripulación, formada mayoritariamente por ciudadanos rusos. Durante la operación también se detectó que el buque navegaba bajo bandera guineana, hecho que ha levantado sospechas de que pudiera tratarse de una bandera falsa. Además de las investigaciones sobre el posible transporte de grano procedente de territorios ucranianos ocupados, los investigadores también han expresado preocupación por el estado de la embarcación, que consideran potencialmente insegura para la navegación. Una persona ya está bajo investigación penal.

La intercepción se enmarca en una política más estricta de control del tráfico marítimo impulsada por Suecia durante el último año. El gobierno de Estocolmo anunció entonces que reforzaría las inspecciones sobre los seguros de los buques extranjeros con el objetivo de vigilar la llamada flota fantasma vinculada a Rusia, utilizada a menudo para esquivar sanciones internacionales. En este contexto, las autoridades encargaron a la Guardia Costera y a la Administración Marítima Sueca la recopilación sistemática de información sobre los seguros. Los controles no se limitan a los buques que hacen escala en los puertos del país, sino que también afectan a las embarcaciones que atraviesan sus aguas territoriales o la zona económica exclusiva en el mar Báltico.

Las actividades de la denominada flota fantasma rusa hace años que son objeto de investigación por parte de gobiernos occidentales. Se trata, en muchos casos, de buques antiguos utilizados para esquivar sanciones internacionales y transportar petróleo, gas u otras mercancías, pero también productos como el grano ucraniano procedente de territorios ocupados, sospecha que pesa sobre el Caffa, a pesar de que las autoridades suecas no han confirmado si forma parte de esta red. Según diversos informes, estas embarcaciones tienen una antigüedad media de unos 18 años, lo que las sitúa cerca del final de su vida operativa y las hace más vulnerables a accidentes, especialmente si el mantenimiento es deficiente. 

Europa ha intensificado progresivamente la vigilancia sobre esta flota. Un ejemplo reciente es la operación liderada por Francia el pasado 22 de enero, cuando la marina francesa interceptó en el Mediterráneo un petrolero ruso sospechoso de vulnerar las sanciones sobre la exportación de crudo. La actuación se llevó a cabo “en alta mar” con el apoyo de otros países aliados y dentro del marco de la Convención de la ONU sobre el derecho del mar. El presidente francés, Emmanuel Macron, anunció entonces la apertura de una investigación judicial y advirtió que “no dejaremos que nada quede impune”.