Cargando...

Después de alcanzar la cima gastronómica con las tres estrellas Michelin de Cocina Hermanos Torres, los cocineros han querido volver a los orígenes: a la barra, al producto de mercado y a aquella cocina popular. El resultado es una propuesta que reivindica el bar de toda la vida, pero con el oficio y el criterio acumulados durante décadas de alta cocina.

Punto de encuentro

Parada Torres, el nuevo proyecto de los hermanos Sergio y Javier Torres, llega con la voluntad de llenar la sala a todas horas. La ubicación, en el corazón del Mercat de Santa Caterina y a pocos minutos de la catedral, hace que sea inevitable compartir barra con turistas. Pero, puestos a elegir dónde se sientan, Parada Torres ofrece una alternativa mucho más interesante que tantos establecimientos pensados exclusivamente para cazar forasteros. Proponen recetas populares, producto de calidad y una manera de entender la restauración que bebe del mercado y de la tradición.

Calamar a la plancha del restaurante Parada Torres. / Foto: Emma Porta

La carta no tiene sorpresas: está llena de clásicos bien ejecutados, como la ensaladilla rusa, la escalivada a la brasa, las croquetas de jamón ibérico o las gambas blancas, entre otros

No hay que esperarse una simple paradita de mercado. Parada Torres es un establecimiento con capacidad para muchos comensales que reinterpreta la estética de los mercados tradicionales desde una mirada contemporánea; los techos son altos y dejan expuesta la estructura de madera, las mesas son metálicas y las estanterías abiertas muestran platos, copas y están llenas de conservas a la vista. Eso sí, el protagonismo recae en una gran barra central, concebida como el corazón del espacio, rodeada de taburetes. Y, en la parte superior, el letrero con el nombre de P. Torres, en una tipografía inspirada en las paradas de antes.

Fricandó de ternera del restaurante Parada Torres. / Foto: Emma Porta

Cocina catalana

El ticket medio es de unos 35 € por persona. La carta no tiene sorpresas: está llena de clásicos bien ejecutados, como la ensaladilla rusa, la escalivada a la brasa, las croquetas de jamón ibérico o las gambas blancas, entre otros. La propuesta invita claramente a pedir platos para compartir y recupera, de manera evidente, el espíritu de tapas que define tan bien la cultura de nuestra casa. Por eso, empezamos la comida con unas gildas clásicas, la esqueixada de bacalao y unas croquetas de setas. Todo muy correcto.

Pepito de ternera del restaurante Parada Torres. / Foto: Emma Porta

Ahora bien, la cocina de cazuela también tiene un papel destacado en la carta. No faltan recetas de toda la vida, como el fricandó de ternera, que conecta de lleno con la tradición catalana, ni tampoco los populares macarrones del Cardenal, que parece que en Barcelona se han vuelto a poner de moda de golpe. También probamos el calamar a la plancha con ajo y perejil; frito en su punto justo de crujiente en el exterior, pero con la carne bien tierna por dentro. Un plato que respeta el producto y que está muy bien resuelto. Eso sí, la parte más contundente de la comida llegó con el "Pepito" de ternera, servido con patatas fritas. Sin artificios: pan crujiente, carne melosa y mayonesa trufada. Si vais, pedidlo. Terminamos con una crema catalana y un helado de vainilla, dos postres que desaparecen de la mesa antes de que nadie pueda repetir fotografía.

Crema catalana y helado de vainilla del restaurante Parada Torres. / Foto: Emma Porta

En Parada Torres los hermanos Torres dejan de lado la alta cocina y bajan a la barra, reivindicando que la buena cocina también puede ser directa, popular y asequible. Y que, a veces, un buen bocadillo, un pescado servido "vuelta y vuelta" o una tortilla de patatas bien hecha, hablan de la cocina con más verdad que cualquier menú degustación de veinte platos.