Frente al puerto de Port Balís, en Sant Andreu de Llavaneres, hay restaurantes que parecen hechos a medida de un domingo sin prisas, y El Racó del Navegant es probablemente uno de los ejemplos más claros. Con una terraza abierta al mar, vistas directas a los barcos y aquella brisa que convierte cualquier comida en una escapada, este es de aquellos lugares que uno se imagina automáticamente cuando alguien propone “ir a comer un arrocito un domingo”.

La propuesta gastronómica se enmarca en una cocina de mercado y de producto de proximidad, con un discurso muy ligado al territorio y al Mediterráneo. No es casualidad que a la mesa llegue un vino como el Vora la Mar d’Alella, un vino que evoca precisamente este paisaje que se extiende delante del restaurante y que toma el nombre del poema de Jacint Verdaguer, escrito en 1883, como una metáfora de esta conexión entre naturaleza y sensibilidad.

Cloïsses al pil-pil
Almejas al pil-pil

El inicio de la comida ya marca el tono: unos pequeños trozos de sobrasada con tostadas que funcionan como una bienvenida sencilla, pero efectiva, de aquellas que preparan el paladar sin estridencias. Acto seguido llega uno de los platos más recomendables de la jornada: el tartar de atún con aguacate, sugerido por el hijo de Mònica, propietaria del restaurante. Nos explican que el atún ha llegado esa misma mañana y el corte lo confirma: color rojo intenso, textura firme y brillante, y esa sensación de producto fresquísimo que casi no necesita presentación. Es un plato limpio, preciso, donde la calidad de la materia prima lo dice absolutamente todo.

El recorrido continúa con unas colmenillas con salsa de foie y trufa y huevo poché, uno de los platos que mejor definen la cocina de temporada del Racó. La colmenilla, esta seta primaveral tan preciada y efímera, se convierte aquí en protagonista absoluta. La combinación con el foie y la trufa es intensa pero equilibrada, y el huevo poché aporta cremosidad y redondea un plato que juega muy bien con los contrastes. 

Las garoines, conocidas también como erizos de mar, llegan rellenas de una crema suave e intensa a la vez, con todo el sabor concentrado del mar. Es un producto delicado y muy preciado, que aquí se trata con respeto y sin artificios, dejando que su sabor sea el centro de todo. La calidad del producto vuelve a ser clave, en una línea coherente con la filosofía del restaurante.

Arroz con gambas y salchicha
Arroz con gambas y salchicha

Los entrantes se cierran con unas almejas al pil-pil, un clásico reinterpretado desde el respeto. El pil-pil, emulsión tradicional a base de aceite y gelatina natural del pescado o marisco, da una textura sedosa al plato, casi como una salsa viva que se va ligando sola. Las almejas son grandes, carnosas, y sorprenden con unos pequeños “huevecillos” de pescado que estallan en la boca y aportan un toque salino y profundo que acaba de redondear el conjunto.

Arroz con socarrat de vicio

El momento central llega con un arroz de gambas peladas y salchichas, un mar y montaña muy catalán que aquí encuentra una expresión especialmente bien resuelta. El arroz está al punto, con el grano suelto y un socarrat que aporta ese punto de textura tostada tan buscado por los amantes del plato. Las gambas, peladas y sabrosas, conviven con la salchicha en un equilibrio que puede parecer sencillo, pero que, bien hecho, es infalible. 

Los postres del Racó del Navegant
Los postres del Racó del Navegant

Los postres mantienen el nivel y añaden un punto de juego. Además de la carta, el restaurante presenta una bandeja con las propuestas del día para que el comensal elija visualmente, un detalle que siempre suma. Entre ellas destaca una tartaleta de frutas con crema suave, poco dulce y muy equilibrada, con la fruta fresca bañada con almíbar y una base crujiente perfecta. También sorprenden los saquitos de crema, una especie de hojaldre relleno, servido caliente, que se deshace en la boca y cierra la comida con aquel punto de confort que solo dan los postres bien hechos.

El resultado final es el de una comida completa, honesta y muy bien resuelta, en un espacio donde el paisaje juega a favor de todo. El Racó del Navegant no solo es un restaurante delante del mar: es de esos lugares que hacen que un domingo se convierta en experiencia. Una comida que se recuerda tanto por lo que hay en el plato como por lo que pasa fuera de la mesa.