La caballa, uno de los pescados azules más populares, económicos y sabrosos de la cocina mediterránea, se ha convertido en una presencia cada vez más irregular en las pescaderías. Los pescadores explican que las capturas han quedado muy por debajo de las expectativas: en algunas zonas se esperaba alcanzar alrededor de un millón de kilos, pero la cantidad desembarcada apenas se ha acercado a los 100.000. Los datos catalanes también muestran una caída importante. La recuperación del atún rojo aparece entre las explicaciones señaladas por el sector, porque es un gran depredador que necesita consumir enormes cantidades de pescado. Sin embargo, la desaparición de la caballa no responde a una única causa, sino a un equilibrio marino cada vez más difícil de prever.
El atún depreda en exceso la caballa
El atún compite por los mismos bancos de peces
El atún rojo ocupa una de las posiciones más altas de la cadena alimentaria del Mediterráneo. Es rápido, poderoso y puede recorrer grandes distancias persiguiendo bancos de caballa, sardina, boquerón, jurel y otras especies pelágicas. Cuando aumenta su presencia en una determinada zona, la presión sobre estas poblaciones también puede crecer. Los pescadores observan que allí donde aparecen grupos importantes de atún, los peces pequeños cambian de profundidad, se dispersan o desaparecen temporalmente de las áreas habituales de pesca.
Esto no significa necesariamente que el atún haya eliminado la caballa. Los depredadores forman parte del ecosistema y su recuperación es positiva después de décadas de sobrepesca. El problema aparece cuando las poblaciones de las presas ya están debilitadas por otros factores. Si hay menos sardina y boquerón, el atún puede concentrarse sobre la caballa, mientras los pescadores encuentran bancos más pequeños y difíciles de localizar.
Las capturas oficiales ilustran este descenso. En Catalunya se subastaron 58,7 toneladas de caballa durante el 2025, un 30,7% menos que el año anterior. La sardina también bajó un 33,3% y el boquerón, un 67,7%. Por lo tanto, no falta solo una especie: buena parte del pescado azul mediterráneo está registrando una disponibilidad inferior en las lonjas.
El cambio del mar también aleja la caballa de la costa
La caballa se desplaza buscando temperaturas adecuadas y concentraciones de alimento. El calentamiento del Mediterráneo puede alterar sus rutas, avanzar o retrasar las temporadas y hacer que los bancos se mantengan más lejos de la costa o a mayor profundidad. En estos casos, el pescado puede seguir existiendo, pero deja de ser accesible para una flota costera que trabaja mayoritariamente a poca distancia del litoral.
También influyen las restricciones pesqueras, los días disponibles para salir al mar, el estado de los bancos juveniles y las variaciones naturales de cada temporada. Por eso es difícil convertir al atún en el único culpable. Lo que ven las pescaderías es el resultado final: menos cajas en la lonja, precios más variables y una oferta que ya no llega con la regularidad de antes.
Cuando encontramos caballa fresca, conviene aprovecharla porque es rica en grasas saludables, intensa de sabor y muy versátil. Se puede cocinar a la plancha, al horno, en escabeche o marinado, siempre respetando las precauciones ante el anisakis. Su ausencia, sin embargo, también es un aviso: el Mediterráneo está cambiando y el equilibrio entre depredadores, presas, pesca y temperatura ya no funciona exactamente como hace unas décadas.