Putin podría desafiar a la OTAN con la intención de poner a prueba su unidad: las claves

Vladímir Putin es un presidente imprevisible. En este sentido, hay una pregunta que vuelve a aparecer en los despachos de las capitales europeas: ¿qué pasaría si el presidente ruso decidiera comprobar hasta dónde llega realmente la determinación de la OTAN? No con una invasión a gran escala, ni con una guerra declarada contra la Alianza, sino con algo más pequeño, ambiguo y lo suficientemente calculado para obligar a sus miembros a decidir si responden.

Esta es una de las hipótesis que aparecen en recientes evaluaciones de inteligencia de Estados Unidos, según fuentes conocedoras de los informes que cita la cadena estadounidense CNN. Ahora bien, prever algo imprevisible es mucho más complejo de lo que parece. Los escenarios van desde un ciberataque hasta una incursión limitada en territorio aliado. El objetivo, según estos análisis, no necesariamente sería conquistar territorio, sino poner a prueba la cohesión occidental y, sobre todo, el compromiso con el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte: el ataque contra un miembro es considerado un ataque contra todos.

Los objetivos de Putin

El detalle importante es precisamente este: no haría falta una guerra convencional para crear una crisis mayúscula. Una operación lo suficientemente limitada para mantener la ambigüedad podría obligar a los gobiernos europeos y a Estados Unidos a decidir si el momento exige una respuesta militar o si todavía es posible contener la escalada.

Las fuentes citadas sitúan los países bálticos y Polonia entre los escenarios que más preocupan. No es casualidad. Son miembros de la OTAN situados en la frontera con el espacio ruso y, en el caso de los bálticos, territorios especialmente expuestos a cualquier intento de Moscú de poner en duda la capacidad de la Alianza para defender a sus miembros más vulnerables.

Pero además de la incertidumbre sobre qué podría hacer Putin para provocar esta crisis, hay otra incógnita: ¿cuándo? Las evaluaciones estadounidenses no describen necesariamente una ofensiva inminente. El margen temporal se extiende de los próximos meses a los próximos años. Una de las variables que podría determinar la decisión de Putin sería también la evolución de la guerra de Ucrania. Si Moscú no consigue una salida que pueda presentar como una victoria, algunos funcionarios estadounidenses y de la OTAN consideran posible que el Kremlin busque una nueva manera de incrementar la presión sobre Occidente.

De hecho, algunas señales ya han traspasado las fronteras ucranianas. Drones rusos han penetrado en el espacio aéreo polaco y un aparato cargado de explosivos impactó contra un edificio en Rumanía durante un ataque contra un puerto ucraniano cercano. Esta misma semana, Alemania ha investigado un dron con explosivos militares localizado en una zona restringida de un aeropuerto, que Estados Unidos atribuye a un servicio de inteligencia ruso. Berlín todavía no ha hecho pública una conclusión definitiva.

¿Cómo se prepara la OTAN?

Todo esto ocurre mientras la OTAN intenta prepararse para una guerra que no se parezca necesariamente a la de Ucrania. El problema no es solo Rusia. También lo es la capacidad occidental para sostener un conflicto prolongado. La guerra ha consumido enormes cantidades de munición e interceptores antiaéreos, y Estados Unidos ha visto reducidas sus reservas de algunos sistemas esenciales.

Esto convierte la disuasión en algo más que una cuestión de discursos. Porque disuadir a Putin significa convencerle de que el ataque no le saldrá a cuenta. Y para conseguirlo hay que tener armas, aliados dispuestos a utilizarlas y, sobre todo, la certeza de que todos reaccionarán de la misma manera. La paradoja es que el principal riesgo para la OTAN quizás no sería una gran guerra, sino una crisis lo suficientemente pequeña para que algunos duden de si realmente lo es. Putin no necesitaría derrotar a la Alianza. Solo necesitaría descubrir hasta qué punto está dispuesta a defenderla.