Ingredientes:

  • 2 tazas de cariño
  • 3 cucharadas de abrazos
  • Un puñado de paciencia
  • 1 manojo de besos
  • Carícias, las que admita
  • Mezclar todo con mucho sentimiento y servir cada día

Esta y otras cursilerías han sido habituales esta semana. Muy ciegos estáis (y no precisamente de amor) si habéis sido impermeables a la invasión de San Valentín que saca las uñas, las flechas y abre la cartera para facturar tanto como puede con el pretexto del amor. Los enamorados, ávidos de excusas para mostrar su ardor, caen de cuatro patas. A los que hace años que comparten cama, ronquidos, pedos y facturas, los querubines de plástico les erizan los pelos, no por la efervescencia de la pasión, sino por la animadversión que les provoca, más cercana a la alergia y a las ganas de vomitar. Y lo que querrían hacer con el angelito alado es tirarlo por el váter y tirar fuerte de la cadena.

Para celebrar el día del amor, el catalán austero y pragmático, ya tiene Sant Jordi

Para celebrar el día del amor, el catalán austero y pragmático, ya tiene Sant Jordi, que permite recordar que nos queremos, pero sin tener que mostrarlo y demostrarlo. "Te quiero, amor", decimos de pasada mientras enfocamos la vista en las páginas de un libro y olemos la fragancia de una rosa, aunque sea de color azulgrana (que a veces el amor al fútbol es superior al amor a la pareja).

Utensilios e ingredientes de cocina. / Foto: Cedida

Y así es la cocina del AMOR, que no es lo mismo que el amor a la cocina. Cuando sientes pasión por la cocina, cuando lo que amas es la cocina, tus platos son siempre impresionantes porque, en este caso, lo más importante es tu obra y, muy probablemente, lo que más amas es a ti mismo. Es una especie de onanismo de fogones. Como cuando haces una filigrana culinaria y la muestras como si fueras un torero paseando por la plaza después de una faena con dos orejas y un rabo.

En cambio, la cocina del AMOR no genera exclamaciones de éxtasis ni poemas altisonantes, sino que es el alfabeto con el que se irá creando un lenguaje, un diccionario propio que contendrá todos los mensajes y todas las emociones que, quizás, solo tú podrás descifrar. No ha hecho falta decir ninguna palabra, sino poner la mesa. Esta, la cocina del amor, es bonita de hacer y buena de recibir. Buena porque adoba, nutre y hace sazón. Hace crecer la confianza, la estima y el respeto; se amolda a los recuerdos como la arcilla y sedimenta. Es un acto de donación íntima y, por eso, potentísimo.

Quizás aquella tostada de ajo a la chimenea no destacaría en los compendios de un gastrónomo, pero para ti ha pasado a ser memorable, en el sentido de que se ha marcado en la memoria como un tatuaje. La tostada de ajo no lleva cucharadas de abrazos ni puñados de paciencia como ingredientes separados. Lleva, eso sí, la presencia atenta que transforma el acto cotidiano de cocinar en un acto de cuidado. Y con los años, cada vez que nos llegue el aroma, nos evocará el momento en la chimenea. Esta es la cocina del amor. ¿Hay algo más bonito?

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