Los platos preparados se han convertido en un recurso habitual en muchas cocinas. Falta de tiempo, jornadas largas o simplemente comodidad hacen que cada vez más personas recurran a soluciones listas para consumir. Pero ¿son todos iguales? En un vídeo compartido en Instagram, Pablo Ojeda, experto en nutrición, analiza en un programa de televisión algunos de los productos preparados más conocidos del supermercado y deja varias claves sencillas para aprender a elegir mejor en caso de que queramos comprar un plato preparado.
Claves para escoger un plato preparado saludable según un nutricionista
La primera pista es clara y fácil de aplicar: que el producto tenga menos de cinco ingredientes y que reconozcamos todos los nombres que aparecen en la etiqueta. Este consejo, aparentemente simple, puede marcar una gran diferencia. Cuando una lista de ingredientes es corta y comprensible, suele indicar que el alimento está menos manipulado. En cambio, si aparecen numerosos aditivos, potenciadores del sabor o términos difíciles de identificar, probablemente estemos ante un producto más ultraprocesado.
Ojeda insiste también en una idea importante: no todo lo procesado es necesariamente malo. Existe una diferencia clara entre un alimento procesado y uno ultraprocesado. Un producto puede estar envasado o haber pasado por algún tratamiento industrial y seguir siendo una opción razonable desde el punto de vista nutricional. El problema aparece cuando se añaden grandes cantidades de grasas de baja calidad, azúcares, sal o aditivos para mejorar textura y sabor.
Durante su repaso, el nutricionista señala algunos ejemplos que considera buenas alternativas dentro de la categoría de platos preparados. Entre sus opciones “top” menciona la tortilla de patatas envasada, el pollo ya cocinado o los vasitos de arroz. Son productos que, revisando bien su composición, pueden encajar en una alimentación equilibrada si mantienen ingredientes básicos y reconocibles. En estos casos, el procesado facilita la vida sin comprometer necesariamente la calidad nutricional.
En el otro lado de la balanza, Ojeda coloca platos como las paellas preparadas, la lasaña industrial o la ensaladilla envasada. No significa que estén prohibidos, pero sí suelen contener más ingredientes añadidos, salsas ricas en grasas refinadas o cantidades elevadas de sal. Por eso recomienda que, si se consumen, sea de forma ocasional y no como base habitual de la dieta.
El problema aparece cuando se añaden grandes cantidades de grasas de baja calidad, azúcares, sal o aditivos
La clave, según explica, está en desarrollar una mirada crítica frente a las etiquetas. No basta con dejarse llevar por reclamos como “casero”, “tradicional” o “natural”. Lo realmente importante es revisar la lista de ingredientes y entender qué estamos comprando. A veces, dos productos aparentemente similares pueden diferir mucho en su composición.
Elegir un plato preparado saludable no es cuestión de eliminar esta categoría de la dieta, sino de saber seleccionar con criterio. Aplicar reglas sencillas como menos de cinco ingredientes y nombres reconocibles, priorizar opciones con materias primas básicas y reservar las más elaboradas para momentos puntuales puede marcar la diferencia. Porque comer práctico no tiene por qué ser sinónimo de comer peor, siempre que sepamos qué estamos poniendo en el carrito.
