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Cocinar pescado al horno parece una de las preparaciones más fáciles de la cocina, pero también es una de las que se pueden estropear con más rapidez. El principal error es dejarlo demasiado tiempo dentro del horno. A diferencia de otras carnes, el pescado tiene unas fibras mucho más delicadas y necesita menos tiempo para quedar en su punto. Cuando la cocción se alarga, pierde humedad, se vuelve más firme y aparece esa textura seca que puede arruinar incluso una pieza de buena calidad. La solución es tan sencilla como empezar a vigilarlo antes de lo que solemos hacer y retirarlo tan pronto como la carne pierda transparencia y se separe fácilmente en láminas.

El pescado es mucho más delicado de cocer que la carne convencional

La regla de los 10 minutos ayuda a no pasarse

Una referencia muy útil es la conocida regla de los 10 minutos. Consiste en calcular aproximadamente 10 minutos de horno, a unos 180 o 200 grados, por cada 2,5 centímetros de grosor de la pieza. No es una fórmula matemática exacta, pero sí un buen punto de partida para evitar una cocción excesiva. Los lomos finos o pequeños pueden estar preparados en solo seis u ocho minutos, mientras que un pescado entero puede necesitar entre 15 y 25 minutos, dependiendo del tamaño. Por eso no conviene aplicar el mismo tiempo a todas las recetas. Un filete de merluza no necesita el mismo tratamiento que una dorada entera o un lomo grueso de salmón.

Pescado. Pexels

También es importante precalentar bien el horno. Si el pescado entra cuando la temperatura todavía está subiendo, la cocción se alarga y esto puede favorecer la pérdida de humedad. Entrar en un horno ya caliente permite una cocción más rápida, uniforme y controlada.

Otro recurso muy útil es cocinarlo en papillote, con papel de horno o de aluminio. El vapor queda retenido en el interior y ayuda a preservar la humedad de la pieza. Es una técnica especialmente interesante para los pescados blancos y magros, que son los que se secan con más facilidad.

Mirar el pescado es más importante que mirar solo el reloj

Añadir un poco de aceite de oliva virgen extra antes de hornear también ayuda a proteger la superficie, pero ninguna grasa puede salvar un pescado que ha estado demasiado tiempo en el horno. Por eso el gesto más importante es empezar a revisarlo unos minutos antes del tiempo previsto.

El pescado está prácticamente en su punto cuando la carne deja de ser translúcida y se puede separar con facilidad en láminas con un tenedor. Esperar a que quede muy dorado por fuera suele ser una mala idea, porque a menudo el interior ya habrá perdido demasiado jugo. No todos los pescados reaccionan igual. Los más grasos, como el salmón, la sardina o la caballa, toleran mejor pequeños excesos porque conservan más humedad. En cambio, pescados blancos como la merluza, el lenguado o la lubina necesitan más vigilancia.

En definitiva, el secreto no es un condimento especial ni una receta complicada. Es retirar el pescado del horno en el momento justo. Controlar el grosor, empezar a mirarlo pronto y aprovechar técnicas que retengan humedad son gestos sencillos que marcan la diferencia entre un pescado seco y uno tierno, jugoso y sabroso.