Siempre se ha dicho que los antiguos egipcios amaban tanto la vida que deseaban prolongarla en el más allá tal y como la habían disfrutado en la Tierra. Y si había algo esencial en esa existencia era la comida. En tiempos de faraones como Ramses II, los ajuares funerarios incluían alimentos y bebidas para garantizar una estancia cómoda en el inframundo. Para ellos, comer no era solo una necesidad, sino un auténtico placer que merecía acompañarlos eternamente. Las excavaciones arqueológicas han revelado que en muchas tumbas se depositaban recipientes con carne de ánades, buey, pescado seco, pan, higos o dátiles. A veces, estos alimentos se colocaban cuidadosamente en estantes de caña. Estos hallazgos permiten reconstruir una dieta variada y rica, especialmente entre las clases más acomodadas. La alimentación, como en casi todas las épocas, dependía en gran medida del estatus social.

La alimentación del faraón Ramsés II

El pan y la cerveza constituían la base común para toda la población. Ambos se elaboraban con trigo y cebada, cultivos fundamentales a orillas del Nilo. La mayoría de los egipcios consumía además abundantes productos vegetales: cebollas, pepinos, judías, lentejas, guisantes y lechugas formaban parte habitual de su mesa. También disfrutaban de frutas como dátiles, granadas, uvas o sandías. Era una alimentación rica en fibra, vegetales frescos y productos locales, algo que hoy asociaríamos con una dieta saludable y sostenible.

Vegetales, claves en Egipto / Foto: Unsplash

Sin embargo, las diferencias sociales marcaban la presencia de proteínas animales. Los campesinos más humildes probablemente subsistían casi exclusivamente con vegetales, mientras que la élite podía permitirse carne con frecuencia. Aves como patos, gansos y pichones eran habituales en los banquetes, al igual que el pescado del Nilo. No todos los peces, eso sí, eran aptos para el consumo: el oxirrinco, por ejemplo, era considerado impuro por su vinculación mitológica con el dios Osiris.

El pan y la cerveza constituían la base común para toda la población

Las representaciones escultóricas muestran a altos funcionarios y sacerdotes con evidente sobrepeso, símbolo de prosperidad en aquella sociedad. Para los más ricos, resistirse a manjares como el vino, que incluso se etiquetaba indicando el año y el viñedo, resultaba complicado. También disfrutaban de carnes grasas como el buey o el cerdo, menos accesibles para la mayoría.

El vino estaba presente en la dieta / Foto: Unsplash

La cocina egipcia destacaba además por el uso de condimentos y técnicas culinarias sofisticadas. Los cocineros empleaban aceites, espesantes y especias para enriquecer sopas y guisos. Ajo, comino, cilantro y perejil aportaban sabor, mientras que dátiles, higos, algarrobo y miel se utilizaban como endulzantes. La miel, sin embargo, era un lujo reservado a quienes podían pagarla. La combinación de ingredientes naturales, especias aromáticas y productos frescos demuestra un conocimiento culinario avanzado y sorprendentemente equilibrado.