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Creo que no hacemos suficiente caso al Maresme. Cuando pensamos en playas, la mente va hacia la Costa Brava o la Costa Dorada. Y para comer o para cenar, pocas veces pensamos que cerca de Barcelona hay restaurantes con un especial encanto haciendo aquello que mejor sabemos hacer en el Mediterráneo: que en la mesa te sientas como en casa. Y eso hacen precisamente en el Celler La Llosa de Sant Pol de Mar, donde su bodega bien seleccionada ya es motivo de peregrinación para los apasionados, y la elección de los platos que ofrecen hace que sea un restaurante imprescindible de la villa vecina de Canet de Mar y de Calella.

Sant Pol de Mar es precioso. Vale la pena ir, pasear, bañarse en alguna de sus playas. Tiene un pequeño inconveniente, sin embargo: que los fines de semana de verano los aparcamientos del pueblo se ponen como un huevo bien temprano. A pesar de eso, para poder pasar un rato en el Celler La Llosa, vendría en bicicleta desde casa, sabiendo que en la mesa me espera buena comida y buen vino, y después, una playa a pocos minutos donde remojarme y descansar en la arena.

"Queremos hacer una cocina dinámica, sencilla y atractiva, donde el producto sea la estrella, sin demasiadas filigranas, priorizando la estacionalidad y la proximidad"

Anchoa, sobao a la plancha y mantequilla del Celler La Llosa. / Foto: Rosa Molinero Trias

El lugar que ahora ocupa el Celler La Llosa era, antes, simplemente La Llosa: "Había pasado por muchas manos", explica Nico Brunet, copropietario junto con Anna Grasa y Jess Gregori. "Fue un restaurante emblemático de cocina catalana en Sant Pol". El añadido de 'celler' en esta nueva etapa marca un punto diferencial y definitorio porque el vino, aquí, toma un gran protagonismo, y la carta se ha hecho poniendo énfasis en referencias de pequeñas bodegas, "con alma", dice Brunet, y de mínima intervención. "Queremos hacer una cocina dinámica, sencilla y atractiva, donde el producto sea la estrella, sin demasiadas filigranas, priorizando la estacionalidad y la proximidad", comenta con respecto a los platos.

Ensaladilla rusa con sardina y mayonesa ahumada del Celler La Llosa. / Foto: Rosa Molinero Trias

El domingo de agosto que voy a La Llosa es así, poco aparcamiento, pero encontramos; hace un día espléndido, el agua está clara y de un azul hipnótico, la playa está tranquila y no muy llena, y comemos la mar de bien. Empezamos por unas anchoas que con mucho acierto encontramos descansando sobre unos sobaos a la plancha adornados con una estrella de mantequilla (10,50 € / 3 u.). Me da envidia esta anchoa, tan bonita y evocadora, y pienso que, en unas horas, yo también seré esta anchoa, extendida sobre la blanda arena de playa. Llega, a continuación, la ensaladilla rusa con sardina y mayonesa ahumada (8,90 €), con piparras y taralli, más ligera que las habituales ensaladillas, cosa que puede sorprender al inicio, pero también es de agradecer cuando la temperatura sube y la comanda es extensa.

No nos adentramos en la sección de huevos, pero cuando vuelva seguro que atacaré un plato de huevos con patatas y samfaina con velo de bellota o uno más clásico, con jamón ibérico, y tampoco me dejaré la escalivada, la croqueta ni el carpaccio de gamba de Palamós certificada

Coca fina con pimiento del piquillo confitado con bull negre de Cal Tomàs del Celler La Llosa. / Foto: Rosa Molinero Trias

Hacemos también una cazoleta de pulpo blanco encebollado (13,50 €), que normalmente es de calamares, pero el mar no ha traído. Está hecha con mucha cebolla y un pensamiento de brandy, y me recuerda al sabor de casa, al guiso catalán marinero por excelencia. Han sabido darle al pulpo buena textura y el pulpo, agradecido, ha captado todos los sabores de la cazuela, y ahora nos los regala tentáculo a tentáculo. La carta tiene también una sección de cocas finas: las hay de sobrasada con queso y miel, de calabacín, tomate semiseco, cebolla, stracciatella ahumada y chimichurri, de anchoas, tomate fresco y bruschetta de aceitunas, de carpaccio de vaca Angus, parmesano, rúcula y vinagreta de limón, y de pimiento del piquillo confitado con bull negre de Cal Tomàs, la que elegimos.

Cazoleta de pulpo blanco encebollado del Celler La Llosa. / Foto: Rosa Molinero Trias

Para acabar, entrama (25 €), también de Cal Tomàs y ecológica, como toda la carne que hacen a la brasa, acompañada de pimientos de Padrón y de patatas fritas, con un peso de unos 250 g, tierna y regada con un muy buen chimichurri. No nos adentramos en la sección de huevos, pero cuando vuelva seguro que atacaré un plato de huevos con patatas y samfaina con velo de bellota o uno más clásico, con jamón ibérico, y tampoco me dejaré la escalivada, la croqueta ni el carpaccio de gamba de Palamós certificada. De postre, la sopa de fresas con helado de requesón y crumble (8 €), porque nunca sobran unos postres de fresa en temporada que, después, echaremos de menos, y el pan con chocolate, aceite y sal (8 €). Para quien quiera tomar una copa que envuelva los dulces, el Celler La Llosa tiene tres pares de vinos a copas seleccionados con maña y con la pasión de quien quiere dar a los clientes un estándar de calidad alto en todo aquello que pone en la mesa.