De la misma forma que me hubiera encantado espiar a Wifredo el Velloso cuando inventó esto nuestro de las cuatro barras sanguíneas o escuchar a Lluís Companys gritando como un loco mientras proclamaba el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, me habría complacido sobremanera asistir a la funesta reunión donde algún cerebro privilegiado socialista se dirigió a Salvador Illa diciéndole: "Colta, presi: ¿qué tal si celebramos la Diada de este año en Extremadura?". Supongo y escribo que alguien se dirigió de esta forma al Molt Honorable porque dudo que una idea tan esperpéntica pueda ser fruto de la imaginación del 133. Desgraciadamente, este héroe (quién sabe si con conexiones sentimentales o puramente eróticas con el far west de la Península) permanecerá anónimo, con lo cual no podremos añadir su nombre a la lista de aquellos servidores públicos tan competentes como los doctos funcionarios que han gestionado el informe PISA.
La máxima instancia del país dice que hay que viajar a Mérida o Badajoz —además de Madrit, adonde cada año también nos dirigimos a hacernos los interesantes— con la excusa de hacer un homenaje a los miles de extremeños que emigraron a Catalunya el siglo pasado, para reivindicar como propio aquello que los liga con sus orígenes (la justificación es peligrosa, pues supongo que —de seguir esta consuetud— muy pronto celebraremos el día de la nación en lugares como Rabat o Bogotá). Según decía nuestro diario anteayer mismo, hay un total de 100.000 residentes en nuestro país que tienen orígenes extremeños, la mayoría de los cuales no deben saber nada de esta iniciativa. De entre sus papis, Illa ha reivindicado a Manolo Vital, famoso conductor del autobús 47, al que los españoles regalaron un film que lo retrataba como un caso de tozudez, sin mencionar que su lucha surgía de unos sindicatos de raíz profundamente catalanista.
Evidentemente, la prisa del PSC por viajar a cualquier parte para charlar de Catalunya se urde como una operación de puertas adentro con el objetivo de cauterizar el voto más étnico, con la mirada puesta en las próximas municipales. No me imagino al presidente Maragall, ni tampoco a José Montilla, deslocalizando la Diada de esta forma tan delirante, por el simple hecho de que —para el socialismo anterior al artículo 155— a los descendientes de extremeños que están en Catalunya, por cosas de la vida, los tendemos a llamar simplemente catalanes. Que esta tontería no se hace pensando en Extremadura ni en tender puentes culturales sobre "lo que nos une" (en copy-paste exprés de la retórica de un invento llamado Ciudadanos) se demuestra en el hecho de que la Junta de Extremadura haya dicho que recibirá encantada al president los próximos 16 y 17 de septiembre en su región, pero que, de momento, no tienen la más reputa idea de los actos que se han programado.
La prisa del PSC por viajar a cualquier parte para charlar de Catalunya se urde como una operación de puertas adentro con el objetivo de cauterizar el voto más étnico, con la mirada puesta en las próximas municipales
Vaya, que para decirlo alto y claro, a los extremeños les importa tirando a cero las pollas en vinagre que nos inventamos para ir a visitarlos, por mucho que Salvador Illa les acabe llevando un regalo del tipo tortellet dominical o una novela de Mercè Rodoreda (traducida al español, of course, ¡no sea que tengan que leer otra lengua románica bastante parecida a la suya!). No es casualidad que toda esta operación de compartir la Diada se haga también después de la crisis de Ceuta y con Pedro Sánchez noqueado por el hecho de que el rey de Marruecos haya mostrado al mundo que puede planear invasiones demográficas a voluntad. Ahora que desde Ripoll se apela al voto catalán de una forma sentimental y étnica, es lógico que el PSC intente responder la embestida de Orriols buscando construir puentes con el sur de España; en este sentido, se nota que el president Illa empieza a estar rodeado de gente con una cara de Inés Arrimadas que da miedo...
A pesar de todo, esta nueva Diada Extremeña puede tener un carácter innovador e incluso teatral, pues será interesante ver al president Illa explicando el origen de nuestra fiesta a la presidenta extremeña María Guardiola, una política del PP encamada con VOX que ha mostrado un interés más bien intermitente por la memoria histórica. En cualquier caso, resulta estimulante ver cómo el Molt Honorable hace esfuerzos por explicarse ante gente que no tiene el menor interés en escucharlo; yo de él encargaría una buena empresa de catering para los actos de esta Diada out-of-context, puesto que nuestra solidaridad con el resto de España no debe limitarse al déficit fiscal. También merecen, pobrecitos míos, una ración de migas esferificadas, que queda muy de pueblo innovador y acogedor a la vez.