Hace unos días publicábamos la entrevista a Albert Blesa y Malena Loyer, cocineros y copropietarios del restaurante Cal Quiquet. Nos explicaban la historia de su primer restaurante y la cocina que tenían pensado hacer en esta nueva casa de comidas. Una cocina que ahora hemos probado para descubrir el talento de este joven tándem de emprendedores que acaba de abrir su primer restaurante en Barcelona.
Las olores de casa
Cal Quiquet se ubica en la calle Pujades, 93, en el mismo local donde antes estaba el restaurante Gegant. Lo primero que llama la atención del restaurante es el olor. Tan pronto como entras, te inunda el aroma del plato del día que están cocinando. Malena nos recibe y nos indica la mesa que tenemos reservada, junto a la entrada a la cocina, de donde sale Albert para darnos la bienvenida. Malena nos da las cartas y nos cuenta la oferta del día. Trabajan con una carta corta, de siete platos pensados para compartir, y un plato del día, que por 18 € incluye el plato principal, postre, pan y bebida. Para beber, además de agua y refrescos, tienen vino a granel y una carta de vinos con diferentes opciones de blanco, tinto, espumoso y dulce.
Como llegamos con hambre, nos dejamos recomendar por Malena, que nos sirve una ensaladilla rusa (10,5 €) deliciosa para empezar. En vez de atún usan bonito, y en vez de mayonesa, un alioli suave. Dos cambios sutiles que elevan el plato a una versión de restaurante, pero sin perder los sabores de casa. Una receta que, además, es de la madre de Albert; una herencia auténticamente casera.
Una cosa que tienen en común todos los platos es que huelen muy bien
Una cosa que tienen en común todos los platos es que huelen muy bien. Tan pronto como Malena los sirve, te llega una agradable fragancia, indicativo de que tratan bien el producto y que consiguen mucho sabor en cada plato. Seguimos con los cogollos a la brasa con hummus de remolacha y cebolla encurtida (12,5€), un plato fresco y crujiente. Uno de los emblemas del restaurante es el bimi a la brutesca (13,5 €). El bimi es una verdura a medio camino entre espárrago y brócoli que aquí preparan a la brutesca (cubierto con leña encendida) y con parmesano rallado por encima. Parece una elaboración contundente, pero tan pronto como la pruebas, el sabor intenso del queso y la verdura queda muy bien equilibrado por la base de tomate y el punto cítrico del limón que se esconde en el fondo del plato.
Mantener la tradición con cierta libertad
El plato fuerte de la comida es el fricandó (19,5 €), uno de los platos más icónicos de la cocina catalana. Si bien es cierto que aquí hacen cocina tradicional normal y corriente, sin querer reinventar ni reinterpretar nada, algunos de los platos los presentan a su manera, pero sin cambiar los sabores y texturas de toda la vida. En el caso del fricandó, en vez de usar llata de ternera, el corte más habitual, utilizan el ossobuco. Estofan la carne durante horas, elaboran una losa magra y la cubren con la salsa clásica del fricandó. El resultado es un plato suculento, muy fácil de comer y que sorprende por la melosidad de una carne abundante y sabrosa.
No es nada habitual que dos personas tan jóvenes (23 y 24 años) inicien un proyecto como este, solos y comenzando con sus ahorros
Para acabar, probamos los dos postres de la carta: el xuixo a la brasa (4 €) y la ganache de chocolate (5,5 €). El xuixo es delicioso; unos postres crujientes, rellenos de crema y hechos a la brasa es imposible que sean malos. Por otro lado, la ganache de chocolate es un guiño al clásico pan con aceite y chocolate. Se sirve en un bol acompañado de panko tostado, imitando el pan, y acabado con un chorro de aceite de oliva y unas escamas de sal. El chocolate es cremoso y buenísimo, y el punto crujiente del panko hace que estos postres sean curiosos, pero muy recomendables.
En Cal Quiquet se nota que trabajan duro. No es nada habitual que dos personas tan jóvenes (23 y 24 años) pongan en marcha un proyecto como este, solos y empezando con sus ahorros. Solo por eso ya vale la pena visitar Cal Quiquet. Pero es que además es un lugar donde se come bien, por un precio razonable y en un ambiente agradable. A Albert y Malena les queda mucho camino por recorrer en un sector que no es nada fácil, pero seguro que con disciplina, paciencia y mucho trabajo acabarán consolidando el proyecto de Cal Quiquet.
