Tal día como hoy del año 1506, hace 520 años, en Valladolid (Corona castellano-leonesa), moría Cristóbal Colón, que había sido el capitán de la primera flota naval que había cruzado el océano Atlántico en una navegación de altura (1492) y que había sido la máxima autoridad civil, militar y judicial de las tierras del Nuevo Mundo que había sometido (1492-1500). Este poder le había sido reconocido por el contrato llamado Capitulaciones de Santa Fe (1492). Colón había sido parte fundamental de una empresa de exploración, colonización y explotación que se había fraguado en València capital (1486-1492), en el que había personalidades tan relevantes como el rey Fernando el Católico, el banquero Lluís de Santàngel o el cardenal Borja (futuro pontífice Alejandro VI).
Después del segundo viaje (1493) y del establecimiento de cientos de colonos en la isla la Hispaniola —procedentes de todos los países de la monarquía hispánica—, Colón había creado estructuras administrativas que tenían el objetivo de constituir una entidad política autónoma bajo el paraguas de la monarquía hispánica. Dicha iniciativa encendió las alarmas de la cancillería de los Reyes Católicos, que habían previsto ese proyecto como una pura operación extractiva. Además, los rendimientos obtenidos por la extracción de recursos superaban ampliamente las expectativas iniciales. Y, a partir de estos hechos, la cancillería hispánica decidiría apropiarse de toda la empresa (1500).
La cancillería de los Reyes Católicos alimentó el conflicto entre los colonos castellano-leoneses —radicados en las zonas rurales y agrarias— y la gente de confianza de Colón —básicamente catalanes y valencianos que dirigían el aparato de poder en la colonia. Después de la fabricación de una batería de pruebas falsas —con la colaboración de Michel Mouliart, concuñado de Colón—, que le acusaban de faltar a los compromisos contractuales de las Capitulaciones de Santa Fe, enviaron al juez-pesquisidor Bobadilla, hermano de la camarera de la reina Isabel la Católica, y a un destacamento militar comandado por Nicolás Ovando, que detuvo, engrilletó y deportó a los Colón a la metrópoli.
Los Colón fueron recluidos en una mazmorra y obligados a renunciar a su empresa a cambio de la libertad. Durante los seis años posteriores (1500-1506), Colón intentó por todos los medios recuperarla, pero no lo lograría nunca. Cuando le sorprendió la muerte, ya hacía dieciocho meses que había fallecido la reina Isabel (noviembre, 1504) y once meses que el rey Fernando había sido expulsado de Castilla con la proclama "viejo catalanote, vuélvete a tu nación". Colón moriría en Valladolid (una de las sedes de la corte itinerante hispánica) mientras acariciaba la esperanza de que la nueva reina Juana, mal llamada "la Loca" y su marido, el rey Felipe, llamado "el Hermoso" le devolvieran su empresa.