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Los humanos tenemos una gran capacidad, nacida de una gran necesidad, de encontrar paraísos artificiales por todas partes. Para el poeta que puso nombre a estas fugas de la realidad, Charles Baudelaire, estaban en el vino, en el hachís y en el opio, pero uno puede encontrar su paraíso artificial sin recurrir a las drogas: las experiencias culinarias son una ruptura con el día a día, con la normalidad de alimentarse, y hacen que el comensal comulgue con los ritos y el recorrido propuesto por el restaurante. En Safo Bar, en el corazón de Girona, lo saben y se proponen "como un rincón donde se pueda escapar del ajetreo exterior y, simplemente, disfrutar".

Brioche frito de gambas estilo asiático del SAFO Bar. / Foto: Rosa Molinero Trias

Dicen que pensaron Safo como un espacio para desconectar donde la música, el vino y la comida contribuyen a este efecto. "Somos un bistró de vinos con alma, versátil y sin ataduras. Ya sea para una cena íntima, un aperitivo improvisado, una copa entre amigos o simplemente para picar algo; no hay reglas, solo la libertad de vivir el placer", explican Marietta Richter y Víctor Martín, propietarios del Safo Bar, que desarrollan una cocina viva, cambiante con las estaciones, inspirada por Catalunya y por México, donde ha vivido gran parte de su vida Marietta, que es originaria de Kenia. 

La propuesta gastronómica, bien hilada y con personalidad, hace que piense en volver pronto a Safo a probar otros platos

Brocheta de lengua de ternera a la brasa con pico de gallo del SAFO Bar. / Foto: Rosa Molinero Trias

"La mayoría de nuestras ideas comienzan con un antojo. Entendemos nuestra cocina con la plena libertad y falta de restricciones, y eso hace que brote la creatividad y constantemente probamos cosas nuevas. Somos fieles a nuestro instinto: a pesar de que a veces no sabemos cómo hacerlo, tenemos claro qué queremos hacer", explican los hosteleros, que afirman cocinar para pasárselo bien, para evocar recuerdos y experiencias, y para encontrar el equilibrio en cada bocado. Quieren que el cliente se sienta a gusto, tranquilo, y que conecte con aquella parte más primaria de la experiencia de comer y de beber (apuestan por el vino natural y en su carta encuentro un Saint Joseph blanco 2022 de Dard et Ribo, los icónicos viticultores del Ródano) que es el puro placer. 

Gordita de mejillones en escabeche, con mostaza y ensalada del SAFO Bar. / Foto: Rosa Molinero Trias

¿Qué hay en la carta de comida de Safo? Un brioche frito de gambas al estilo asiático (13 €), una ensalada de tomate, dashi, togarashi e higos que remata la faena (15 €), un tamal de setas y queso feta, con colmenillas, que es ligero y goloso a pesar de la aparente densidad de la masa de maíz (16 €), una gordita de mejillones en escabeche, con mostaza y ensalada (13 €), frita con ligereza y tocada con mucho gusto por contrapuntos ácidos y aromáticos, la carrillera de rape a la brasa, con salpicón de pimiento verde y de judía verde fina (18 €) y la brocheta de lengua de ternera a la brasa, con pico de gallo (6,5 €), que es sabrosa y no peca de la falta de sal común en tantas elaboraciones con lengua. Estos son los platos que probé, y que me parecieron de óptima factura, de una ejecución hecha con un paladar fino pero poderoso, que no tiene miedo de jugar con los límites culturales ni gustativos, y que gana por goleada y sin despeinarse porque tiene muy claro cómo hacer disfrutar a los comensales.

Tamal de setas y feta con colmenillas del SAFO Bar. / Foto: Rosa Molinero Trias

La propuesta gastronómica, bien hilada y con personalidad, hace que piense en volver pronto a Safo a probar otros platos, como la ensalada fría de fideos, rebozuelos, espárrago salvaje y avellana, la pizzeta a la brasa con crema de ajos asados, panceta y ensalada, la galette de labneh y anguila ahumada o el taco dorado de cordero, salsa de judía y crema. La variedad, las combinaciones inesperadas y el objetivo que persigue el gusto hacen de la carta de Safo una lectura que divierte, que invita a volver y que, sobre todo, hace abrir el apetito de verdad.

Tomate, dashi, togarashi e higos del SAFO Bar. / Foto: Rosa Molinero Trias

Pregunto por el nombre del restaurante, que me lleva a la poeta arcaica griega, pero voy errada. "Safo" es un mexicanismo, una expresión coloquial que, explican los hosteleros, se usa para evitar la responsabilidad o para no tener que hacer algo, para eludirlo. "Safo nació en octubre de 2020, sin un espacio fijo, cuando Marietta hacía tamales a domicilio durante la cuarentena. Teníamos una idea clara: que la comida no sea un trabajo, que ya te la hacemos y llevamos nosotros. Más adelante, surgió la oportunidad de ponerle paredes a nuestro proyecto".