¿Alguna vez has comprado un racimo de plátanos y dos días después ya están todos demasiado maduros? A muchos nos ha pasado, y lo frustrante es que parece que la fruta “decide” cuándo está lista. Sin embargo, hay razones detrás de ese proceso y, sobre todo, formas simples de controlarlo si conoces bien cómo funcionan las reacciones químicas y el almacenamiento. El chef Jordi Cruz explica que el plátano produce un gas llamado etileno, que actúa como un regulador natural de la maduración. Aprender a manejar la salida de ese gas y las temperaturas adecuadas te permite decidir si quieres que la fruta madure rápido, despacio o se mantenga en puntos específicos hasta que estés listo para consumirla o cocinar con ella.
Cómo dominar la maduración del plátano
Más allá de trucos de Internet o mitos, estos consejos prácticos están basados en cómo reacciona realmente el plátano al entorno, lo que te dará control real sobre su proceso sin desperdicio ni sorpresas desagradables al abrir la nevera. El primer truco tiene que ver con el etileno, ese gas que acelera la maduración de muchas frutas. Cuando el plátano está aún verde y quieres que madure de forma más lenta y ordenada, lo ideal es evitar que la punta quede totalmente sellada para que el etileno salga con facilidad y no se acumule alrededor de la fruta, acelerando innecesariamente el proceso. Esto ayuda a mantener la textura y el sabor sin que se vuelva blando de forma prematura.

Un error muy común es meter plátanos verdes directamente en la nevera. El frío interfiere con las enzimas que debe activar el etileno, haciendo que la pulpa se vuelva granulada y arenosa, algo que nadie quiere en un bocado de fruta fresca. Por eso, antes de que alcancen el punto óptimo de maduración es preferible mantenerlos a temperatura ambiente, donde las reacciones químicas pueden realizarse de forma uniforme y natural.
Cuando el plátano ya está maduro y quieres prolongar su vida útil, sí es buena idea trasladarlo al refrigerador. Aunque la piel se oscurezca, la pulpa se mantendrá adecuada para comer durante varios días más que si lo dejaras fuera del frío. Es una forma eficaz de ganar tiempo sin que el interior pierda calidad ni sabor.
Un paso más allá del control básico
Si ya has alcanzado el punto de madurez perfecto pero no vas a comer el plátano de inmediato, puedes llevar la conservación un paso más lejos: pelarlo, colocarlo en una bolsa y congelarlo. De este modo podrás sacar trozos según lo necesites para añadir a batidos, tartas, muffins o smoothies sin que se oxide ni pierda nutrientes. Esta estrategia es especialmente útil si compras plátanos maduros con la intención de usar parte de ellos en recetas posteriores, evitando desperdicios.
El control de la maduración no solo te permite comer plátanos en el punto que más te gusta, sino que también te ayuda a planificar mejor tus compras y a evitar que terminen en la basura.