"Cuando murió mi hermano, yo me sentí, por un lado, aliviada, y, por el otro, absolutamente triste y devastada." Así de sincera se muestra Natza Farré (Barcelona, 1972), que con mucha ternura, sensibilidad e ironía disecciona sus vivencias como hermana pequeña de un heroinómano en su novela más personal L'última vegada que et dic adeu (Angle). Lo hace en primera persona, sin artificios, en un relato íntegro y audaz que no esquiva ni endulza la incomodidad. Es una novela autobiográfica, que también pone de relieve el impacto íntimo de la epidemia de la heroína que atravesó los años setenta y ochenta. La suya era una familia numerosa de clase media, que vivía en el Eixample Esquerra de Barcelona y que se encontró por primera vez con la heroína y todas sus consecuencias. A partir de los recuerdos y de cartas familiares, retrata una vida llena de esperanzas, pequeños triunfos y recaídas. De manera muy generosa, Farré se desnuda y pone palabras al luto, la vergüenza, la rabia, la tristeza que a menudo rodean la adicción; convirtiendo así el silencio en un pacto colectivo y el peso de la culpa como prisión emocional.
La periodista, guionista, escritora, filóloga de formación y voz destacada del periodismo cultural y feminista en catalán, ha desarrollado su trayectoria entre la radio, la televisión y la prensa, con una presencia reconocible en RAC1 y TV3. Ha publicado el libro de no-ficción Curs de feminisme por a microones, la compilación de artículos Tinc algunes certeses i molts dubtes y un libro de cuentos Que no t'expliquin contes! En esta entrevista, Farré aborda el peso de una historia familiar que, a la vez, es colectiva y deja muy claro que "a pesar de lo que viví, tuve una infancia muy feliz".
¿Por qué has decidido explicarlo?
Porque es una historia que está muy poco explicada. El punto de vista de la hermana, de los hermanos, es un punto de vista que no se ha contado. Éramos unos personajes muy secundarios en toda esta historia y creía que el testimonio de esta época y de lo que vivimos era interesante de explicar.
¿Escribir el libro ha sido una manera de despedirte de tu hermano?
Sí, me ha servido. Este es el título del libro y cerrar un capítulo con la historia de mi hermano.
Tú dices que deseabas que tu hermano muriera. ¿Era un deseo compartido con los demás hermanos?
No lo sé, no lo hablábamos con los otros hermanos. Uno de los temas del libro es el silencio familiar. Podías manifestarlo en un momento de rabia externamente, pero en general todo este sentimiento era muy interno.

¿Lo querías, a tu hermano?
Es una gran pregunta. Es una pregunta que me hago. Y que se mezcla mucho la relación familiar, la relación de sangre, con la verdad. Seguramente sí que lo quería, a mi hermano, seguramente sí.
¿Te caía bien?
En algunos momentos me caía bien, pero en muchos momentos me cayó muy mal.
¿Cuántos hermanos sois y cuál era tu posición?
Nosotros éramos una familia de seis hermanos; por orden iban los chicos: eran tres chicos, él era el pequeño de los chicos y después íbamos tres chicas, y yo soy la pequeña de las chicas. Por lo tanto, compartíamos ser los pequeños de cada grupo, nos llevábamos siete años y nos parecíamos mucho físicamente.
¿Crees que pudiste hacer de hermana pequeña?
No entiendo la pregunta.
Un hermano pequeño normalmente es el que acapara todas las miradas, la atención, y con una situación como esta, las miradas y la atención van hacia la persona que está enferma. Por lo tanto, no sé si te permitió ser la hermana pequeña.
Fui la hermana pequeña y siempre seré la hermana pequeña. Que la atención la acapararan otros más que yo, muchas veces sí, pero, aun así, y creo que es algo que también en el libro se puede leer, yo dentro de todo esto tuve una infancia feliz.

Cuentas que no sabes muy bien cómo era tu hermano, ¿tú cómo eras como hermana?
Era una hermana demandante con los hermanos. Ser la hermana pequeña y mirar hacia arriba y ver tanta gente es una circunstancia bastante extraña. Yo creo que he sido una buena hermana con todos los defectos; hacemos lo que podemos, pero no hay una maldad explícita, hay errores, básicamente.
¿Piensas que todos os involucrasteis igual?
En determinadas épocas, porque a todos nos pilló a diferentes edades, pero sí, todos mis hermanos nos involucramos a diferentes niveles y en diferentes etapas con mi hermano.
¿Por qué no dices el nombre de tus hermanos?
Primero, porque poner los nombres reales no me hacía sentir cómoda. Segundo, poner nombres ficticios aún me hacía sentir más incómoda. Y porque esta historia es mía. Es una historia de una época, de unos ochenta, noventa, que vivió mucha gente y que han sufrido muchas familias; el hecho de no poner nombres también abría la puerta a que cada lector y lectora se hiciera suya la historia.
¿Y ellos cómo se lo han tomado? ¿Te daban miedo sus reacciones?
No. No, no, yo esto ya lo he madurado mucho, yo tengo cincuenta y cuatro años, no estoy en condiciones de pedir permiso para hacer una cosa...., hablo de mí en el libro básicamente y de un hermano que está muerto, no expongo nada de nadie que no se pueda explicar. Con mi hermana mayor lo he compartido más porque es con quien más relación tengo. Pero le he dado el libro escrito, no le he ido diciendo a ver qué le parecía.
¿Y a tu madre le ha gustado?
Mi madre es una madre dura, no es una madre fácil. Me llamó, se lo leyó de una tirada, y dijo que le había parecido un libro precioso. Eso, viniendo de mi madre, era un elogio muy, muy grande.
¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando piensas en tu hermano?
Tristeza. Mucha, mucha. Mucha. Muchísima. Me duele mucho.
¿Tienes recuerdos concretos con él?
Tengo recuerdos muy vívidos de su imagen. De él, de su mirada, de su sonrisa. No tanto de momentos determinados como de aquel cuerpo que se iba deteriorando.
En el libro cuentas que no fuiste a verle nunca cuando estaba ingresado, ¿por qué?
Porque yo era adolescente, estaba muy enfadada y muy decepcionada con cada recaída y no quería que me volviera a decepcionar. Era una manera de castigarlo. A ti te parecía que lo castigabas, pero en realidad te estabas castigando a ti misma. Emocionalmente, es muy difícil llevar esta historia, y más cuando estás pasando una etapa como la adolescencia, que ya tienes bastante con tus rabias internas como para que encima tus hermanos te tengan que dar la lata.

Ahora que han pasado quince años y viéndolo en perspectiva, ¿harías algo diferente?
Es una pregunta absurda para mí. O sea, claro que hubiera preferido que mi hermano se hubiera salido y ahora estuviera vivo y feliz. Pero no pienso en estas cosas.
¿De qué murió tu hermano?
Mi hermano murió de un deterioro de hígado cirrótico. Estaba cascado, tuvo una resistencia muy notable con toda la vida que había vivido; vivió hasta los cuarenta y cinco años.
Yo creo que mi hermano sí que tuvo un sentimiento de que él se tendría que haber muerto antes que mi padre
¿Es más duro para un padre que es médico ver morir a su hijo enfermo?
Se murió mucho antes mi padre, mucho, mucho antes. Mi padre sufrió muchísimo. No te lo sé decir, porque no tengo otro padre que no sea médico. Yo creo que mi hermano sí que tuvo un sentimiento de que él se había de haber muerto antes que mi padre.
¿Cómo te sentiste cuando murió tu hermano?
Cuando murió mi hermano, yo me sentí, por un lado, aliviada y, por otro lado, absolutamente triste y devastada. Pero la parte que se tiene que explicar es que se acaba un sufrimiento de todos. De todos quiero decir que de él también. Hay un momento en que solo lo ves sufrir.
Tú hablas de rabia, silencio y tristeza. ¿En qué momento pasas de la rabia a la tristeza?
Se produce al cabo de muchos años, cuando consigues, a base de terapia y a base de crecimiento, entender más las cosas y dejar que esto vaya procesándose a su ritmo. Yo quería estar mejor, no quería vivir así. Y, por lo tanto, trabajé para deshacerme de esta rabia. A mí me determina toda la vida, me marca toda la vida.
¿La clave para liberarte de la rabia es quizás perdonarte a ti misma?
Sí, perdonarte a ti misma cuesta mucho. No me gusta utilizar la palabra perdón porque tiene unas connotaciones judeocristianas muy fuertes, pero sí, porque la culpa te pesa muchísimo y tienes que reconocer que tú no eres ninguna salvadora, que tú no puedes salvar y que tú has hecho lo que has podido.
¿Por qué te quedaste las cenizas?
Por un tema familiar. No por voluntad, no, porque me tocó a mí. Bueno, somos una familia numerosa, conflictiva, como mucha gente, y al final me tocó a mí ir a buscar las cenizas. A mí no me gusta vivir con cenizas de muertos en casa, no le tengo afición.
¿Tú le viste alguna vez pincharse en casa?
No, nunca, nunca. En casa había agujas porque mi madre es enfermera y mi padre médico, y yo le tengo pánico a las agujas.
¿De qué crees que huía tu hermano?
Yo creo que de lo que huimos todos. La vida es complicadísima.

¿Y qué relación tienes tú con las drogas?
Yo con las drogas, ninguna, aparte de los porros. No hago apología de las drogas, obviamente, pero me preocupa más la corrupción en el mundo de la droga que el yonqui en sí.
¿Me puedes explicar qué te pasa cuando se te acerca un yonqui?
Que me sale el trauma. Cuando se me acerca un yonqui me sale el trauma, me cuesta mucho interaccionar.
¿Has tenido la oportunidad de hablar con Carla Simón?
No he tenido la oportunidad, pero espero tenerla. Todavía no he visto Romería porque justo estaba con el proceso de escritura y no quería influencias. Su historia es diferente porque en su caso son sus padres y, por lo tanto, es la relación hija-padres, pero estoy muy pendiente de tener una conversación con ella y me gustaría mucho; no nos conocemos. Yo soy muy fan. He visto todas las pelis y soy ultrafan. A mí Verano 1993 me fascinó, justamente la entendí muchísimo. Y me encantaría tener una conversación con ella. Si la montáis, yo vengo encantada.
¿Qué le preguntarías?
No, no le preguntaría nada, hablaría.
¿No le preguntarías alguna cosa? Tengo la sensación de que las dos lo habéis vivido con sentimientos muy diferentes. O sea, tú hablas mucho de la rabia, de la tristeza, y Carla tengo la sensación de que habla desde la ternura.
Pero es que yo creo que lo hemos vivido desde lugares tan diferentes que sí, seguramente le preguntaría eso, cómo ve mi postura respecto a la suya.
Para acabar la entrevista, ¿me puedes explicar quiénes son los de la fotografía de la portada del libro?
Salimos mi hermano y yo. Yo era muy pequeña, debía tener cuatro o cinco años. Esta foto la debió hacer mi padre; hacía muy buenas fotografías. Esto era una calle de Barcelona. Pensé que esta mirada y esta imagen eran muy gráficas para explicar también el contenido del libro y porque era muy mona.