Hay lugares que funcionan tanto con nieve como con sol, tanto con botas de esquí como con zapatillas de caminar. Espot, en el Pallars Sobirà, es uno de estos. Pequeño, rodeado de montañas y con el río Escrita atravesando el fondo del valle, se ha convertido en una base perfecta para descubrir el Pirineo sin complicaciones. No es un pueblo grande ni lleno de monumentos, pero tiene lo que muchos buscan: naturaleza a tocar, ambiente tranquilo y opciones durante todo el año.

Puerta de entrada al Parque Nacional d'Aigüestortes i Estany de Sant Maurici

Uno de los grandes atractivos de Espot es que es una de las entradas principales al Parque Nacional d'Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Desde aquí salen rutas hacia el Estany de Sant Maurici y otros lagos de origen glacial.

El acceso está regulado y, según la temporada, hay que continuar a pie o en taxis 4x4 autorizados. Hay itinerarios asequibles para familias y otros más exigentes para quien quiera alargar la jornada. La gracia es que no hay que ser experto en alta montaña para disfrutarlo.

Invierno con esquís, verano con botas

Cuando llega el frío, el protagonismo pasa a Espot Esquí. Es una estación cómoda, rodeada de bosque, con pistas para diferentes niveles y menos masificada que otros puntos del Pirineo. Ideal para pasar el día sin prisas.

El resto del año, el pueblo vive del senderismo, la BTT y las escapadas de fin de semana. Los bosques, los prados y los miradores hacen que cada estación tenga su atractivo: nieve en invierno, verde intenso en primavera, aire fresco en verano y colores marcados en otoño. 

El centro de Espot se recorre rápidamente. Calles estrechas, casas de piedra y algún elemento destacado como el puente románico sobre el río Escrita, una de las imágenes más conocidas del pueblo. También se puede ver la torre medieval que domina el valle y la iglesia de Santa Llogaia, fácil de reconocer por el campanario.

Comida de montaña y alojamiento variado

A pesar de su tamaño, Espot tiene suficientes ofertas de restaurantes, hoteles y casas rurales. Predomina la cocina de montaña: platos contundentes, carne, embutidos y recetas tradicionales. Después de un día caminando o esquiando, es lo que toca. Espot se puede combinar con otros pueblos del Pallars Sobirà como Esterri d’Àneu o Sort, todos a poca distancia en coche. El acceso principal es por carretera, y la mayoría de visitantes llegan en vehículo propio.

Además, Espot tiene aquel punto práctico que muchos viajeros valoran. No hace falta planificar una expedición para disfrutarlo: en un mismo fin de semana se puede combinar una ruta por el parque, una comida tranquila y una tarde de descanso con vistas al valle. El pueblo no es grande, y eso juega a favor: todo queda cerca, el ambiente es familiar y el ritmo es claramente más pausado que en otros destinos de montaña más masificados.

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