Hay un drama doméstico que se repite en demasiadas cocinas y con el que seguro que te identificas. Compras tomates con ilusión, los dejas en el frutero “para que terminen de madurar” y, cuando te acuerdas de ellos, ya están blandos, pasados o con ese punto triste que hace que una ensalada pierda toda la gracia. O te pasa justo lo contrario: necesitas un tomate bien maduro para hoy y lo único que tienes son bolas rojas por fuera y verdes por dentro, duras como una piedra y sin sabor. Así, comer un tomate en su punto óptimo de maduración se ha convertido en algo casi imposible y la búsqueda de trucos o consejos es ya parte del día a día.
Palabra de chef
Uno de los trucos que más me ha llamado la atención últimamente viene de Jordi Cruz, chef conocido por el gran público por MasterChef, por su restaurante de premios y por una cuenta en redes sociales donde sus consejos son muy aplaudidos por expertos y por novatos. Su propuesta es sencilla: poner manzanas junto a los tomates. Pero, ¿por qué esto va a funcionar? Visto así, puede sonar a consejo vacío para crear más contenido. Pero, antes de que decidas que no tiene ningún sentido, llega el consejo del que se autoproclama “tu químico de confianza”.
El truco tiene letra pequeña, y es muy simple: manzana cerca solo cuando necesitas que maduren

En el vídeo de @laboratoriodevlad se explica de forma sencilla y didáctica (como en todos sus vídeos) la razón por la que el truco de Jordi Cruz es efectivo. “Las manzanas, igual que otras frutas, producen un gas llamado etileno durante su proceso de maduración” explica el químico. ¿Qué tiene que ver el etileno con la maduración? Pues todo, ya que el etileno “funciona como una hormona vegetal que acelera ciertos procesos metabólicos. Aumenta la actividad de ciertas enzimas como las pectinas, que están involucradas en el proceso de descomposición de los almidones, y también afecta a algunos procesos que cambian los pigmentos y por eso acaba madurando, cambiando de color, sabor y textura”, explica el experto. La manzana no es la única que tiene este efecto con otras plantas o frutos. Otra fruta que produce una cantidad considerable de este gas es el plátano. Vamos, que tu frutero puede estar lleno de aceleradores naturales sin que tú lo sepas. Así, a falta de manzanas, es bueno contar con plátanos cuando queramos darles un poco de vidilla a unos tomates que queremos consumir pronto.
Arma de doble filo
Las manzanas o los plátanos producen etileno quieras o no, lo necesites mucho o poco. Y esto tiene una cara buena y otra no tanto. Si lo usas bien, te da un tomate perfecto en menos tiempo. Si lo usas mal, te lo estropea. Porque si tus tomates ya están maduros y tú los pones al lado de manzanas (o plátanos), lo que estás haciendo es acelerar el final del camino. En lugar de llegar al punto ideal, se pasan más rápido: se ablandan, pierden firmeza, se arrugan o empiezan a ponerse feos justo cuando los ibas a usar. Es decir, igual que si se te olvidan en el fondo del frutero. Por eso el truco tiene letra pequeña, y es muy simple: manzana cerca solo cuando necesitas que maduren. Si ya están en su punto, mejor mantenerlos separados de esas frutas “productoras de etileno” para que no se te echen a perder antes de tiempo.