Irán acelera los preparativos ante la posibilidad de un ataque de los Estados Unidos, en un contexto de escalada militar en Oriente Medio y con Israel coordinando movimientos con el Pentágono. El líder supremo iraní, Ali Jamenei, advirtió esta semana desde Tabriz: “Un buque de guerra es un instrumento poderoso, pero más peligrosa aún es el arma que puede enviar este buque al fondo del mar”. Con esta metáfora, el régimen recuerda que responderá a cualquier ofensiva con su arsenal, especialmente los misiles capaces de amenazar portaaviones estadounidenses. A pesar de admitir que tiene enfrente “el ejército más poderoso del mundo”, Teherán insiste en que “no hay enemigo pequeño” y mantiene una estrategia de disuasión.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha confirmado que estudia un “ataque selectivo” para presionar a Irán a aceptar un acuerdo sobre su programa nuclear. Según medios israelíes, ya hay coordinación de inteligencia y defensa entre Israel y Washington, y fuentes citadas por el diario Haaretz apuntan que la operación podría producirse en cuestión de días.

Exhibición de fuerza y amenaza sobre Ormuz

En los últimos días, la Guardia Revolucionaria iraní ha intensificado maniobras navales en el estrecho de Ormuz, coincidiendo con la presencia del portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln y la llegada del USS Gerald R. Ford. La agencia semioficial Fars anunció incluso el cierre parcial y temporal del tránsito marítimo para facilitar ejercicios con buques de guerra, helicópteros, drones y misiles.

El posible bloqueo de Ormuz —por donde circula cerca de una cuarta parte del petróleo mundial— es una de las principales cartas de presión de Teherán. Sin embargo, el investigador Eldar Mamedov advierte que sería “dispararse en el pie”, ya que también es la vía principal de exportación del petróleo iraní, especialmente hacia China.

Arsenal y “defensa en mosaico”

Irán dispondría de entre 1.000 y 2.000 misiles balísticos de medio alcance, capaces de llegar a Israel, y miles más de corto alcance para atacar bases norteamericanas en la región o infraestructuras energéticas vecinas. Pero esta capacidad es, según Mamedov, un arma de doble filo: una represalia podría golpear refinerías clave como la de Bandar Abbas y “asestar un golpe de muerte a la economía de Irán”.

Según Mamedov, la Casa Blanca podría aspirar a “un cambio de régimen” si Irán no cede después de un eventual ataque selectivo, pero advierte que “no será sencillo” y que exigiría una campaña prolongada.

Instalaciones fortificadas

Imágenes por satélite muestran también la reconstrucción de bases militares dañadas por los bombardeos de junio, como la de Shiraz, y el refuerzo de las instalaciones nucleares. El Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional ha difundido imágenes que indican que Teherán ha construido un sarcófago de hormigón sobre la instalación “Taleghan 2”, en el complejo de Parchin.

El mismo centro informó que tres túneles de acceso a las instalaciones nucleares de Isfahán han sido sellados con tierra, lo que ofrece “una protección significativa contra ataques aéreos”, según afirmó en X el fundador del grupo, David Albright.

En este escenario, algunos sectores duros del régimen confían en que una respuesta contundente —como hundir un barco norteamericano— podría forzar a Trump a retroceder por el coste político interno. Mamedov lo considera un “gran error” basado en la idea de que el presidente norteamericano “actúa racionalmente” y concluye que “nunca aceptará una derrota” ante Irán.