Hablar de Karlos Arguiñano es hablar de cocina cotidiana bien hecha, de recetas simples elevadas gracias a pequeños gestos que marcan la diferencia. El popular cocinero vasco lleva décadas demostrando que no hacen falta técnicas complicadas ni ingredientes extraños para cocinar bien, sino conocer el producto y tratarlo con respeto. En uno de los vídeos publicados en el canal de YouTube CocinaAbiertaTV, Arguiñano se detiene en algo tan aparentemente básico como freír un huevo, y lo convierte en una auténtica lección de cocina doméstica, explicando un truco sencillo pero muy efectivo para conseguir un resultado impecable incluso en una sartén corriente.

El truco para hacer un huevo frito perfecto según Arguiñano

Según explica el chef, uno de los errores más habituales al hacer huevos fritos es cascar directamente el huevo sobre el aceite caliente. Aunque parezca lo más lógico, este gesto provoca que la clara se expanda sin control, que salpique más aceite y que el huevo pierda esa forma recogida y apetecible que todos buscamos. La solución que propone Arguiñano pasa por un paso previo que casi nadie hace, pero que cambia por completo el resultado final y no añade dificultad alguna al proceso.

Huevo frito / Foto: Unsplash

El cocinero recomienda cascar el huevo primero sobre una espumadera, dejándolo reposar unos segundos. Este gesto permite que el huevo suelte el pequeño exceso de agua natural que a veces lleva la clara, algo que suele pasar desapercibido pero que influye mucho en el resultado. Al eliminar ese líquido, el huevo queda más compacto, la clara más cohesionada y se evita que se desparrame al entrar en contacto con el aceite caliente. Además, este paso ayuda a mantener una forma más limpia y ordenada en la fritura.

Una vez hecho esto, Arguiñano utiliza la propia espumadera para trasladar el huevo directamente al aceite bien caliente, con cuidado y precisión. Gracias a este método, el huevo entra en la sartén ya recogido, sin salpicaduras innecesarias y con una cocción mucho más controlada. En cuestión de segundos, la clara cuaja en su punto justo mientras la yema queda melosa, logrando ese equilibrio perfecto entre textura y sabor que define un buen huevo frito.

El chef utiliza la propia espumadera para trasladar el huevo directamente al aceite bien caliente

El resultado es un huevo bonito a la vista, sabroso y bien hecho, sin bordes resecos ni claras descontroladas. Para Arguiñano, este tipo de trucos representan la esencia de la cocina práctica, esa que se aprende con los años y que no siempre aparece en los libros de recetas. Pequeños detalles que no cuestan nada, pero que elevan platos humildes a otro nivel.

Al final, el mensaje del chef es claro: cocinar bien no es complicarse, sino entender qué ocurre en cada paso. Y si algo tan simple como una espumadera puede marcar la diferencia en un huevo frito, quizá la verdadera lección sea que la buena cocina empieza prestando atención a los gestos más pequeños.