Es tiempo de recopilaciones, de recuerdos y de balances. El 2025 ha sido el año en que Catalunya ha ostentado el título de Región Mundial de la Gastronomía, impulsada por el departamento de Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació. De entre la multitud de actividades que se han llevado a cabo, hay muchas que dejarán huella, pero hay una que destaca especialmente porque no solo dejará legado, sino que es legado en sí misma. Es precisamente la recopilación del legado que generaciones de mujeres han transmitido oralmente a sus hijas, una recopilación de la que se ha comido en las mesas de las casas de este país durante siglos.
Es el compendio de la cocina anónima, de la cocina de puertas adentro, de la cocina que siempre se había escrito en minúsculas y que hoy nos damos cuenta de que o la protegemos, amamos y cocinamos o perderemos un rasgo identitario que nos arraiga y nos emociona. Nos hemos dado cuenta de que es la COCINA en mayúsculas y letras de neón para darle la importancia que merece y, sobre todo, para que todo el mundo la vea y tenga interés en conocerla porque es la cocina repleta de sentido, sensibilidad y sostenibilidad. Sentido porque es una cocina real, sensibilidad porque es una cocina que nos sacude el alma y sostenibilidad porque es una cocina adaptada al entorno, elaborada con productos de proximidad, basada en el aprovechamiento consciente y en el respeto por la temporada y el territorio.
Tras 30 años de exaltación de la cocina de vanguardia, esferificaciones y nitrógeno líquido, los expertos han diagnosticado que el patrimonio culinario está herido

No le habíamos dado importancia porque nunca se la da a lo que está vivo, a lo que es cotidiano y a lo que tienes cerca. Pasa con la salud, con las personas y, también, con la cocina. Después de 30 años de exaltación a la cocina de vanguardia, esferificaciones y nitrógeno líquido, los expertos han diagnosticado que el patrimonio culinario está herido, mutilado y que solo le queda un soplo de vida. Pero hasta que no hemos tomado conciencia de que se está muriendo, solo, allí en la UCI, no hemos corrido a reanimarlo, porque nos hace falta tenerlo aunque fuera con un hilo de vida para poder transmitirlo a las futuras generaciones. Ha llegado la hora de los primeros auxilios, y se llama Gastrosàvies.
El archivo documental inicial incluye 300 recetas de más de quince comarcas y se ha consensuado gracias a una veintena de sesiones de trabajo y un centenar de entrevistas a mujeres mayores de todo el país que han compartido sus recetas, conocimientos de los productos y recuerdos de cocina. Arroz con col y guisantes, sopa de tomillo, gallo con frutos secos, costillas de cerdo con castañas o girella son algunas recetas que nos devuelven a la sensatez y que podréis ver en la web.
No es una invitación a visitar la web de Gastrosàvies, sino que es una orden. Lo digo con firmeza y vehemencia. Y con todo el afecto y respeto también digo que el logo con la caricatura de la abuela con moño y mantita… se parece como un huevo a una castaña a las protagonistas reales de los vídeos. Queridos responsables, estamos en el siglo XXI, y ellas también. ¡Revísenlo, caramba!