Hay recetas que no necesitan reinventarse porque ya nacieron perfectas, y el trinxat de la Cerdanya es una de ellas. Anna Terés (@annarecetasfaciles), cocinera viral en redes, ha querido poner el foco en un plato que forma parte del recetario más auténtico del Pirineo, una elaboración sencilla, nacida de la cocina de aprovechamiento, que demuestra que con pocos ingredientes bien tratados se puede lograr un resultado memorable. El trinxat es historia, territorio y tradición, un plato pensado para alimentar, reconfortar y reunir alrededor de la mesa en los meses fríos, cuando la col y la patata eran la base de casi todo. Hoy vuelve a ser protagonista gracias a su sabor rotundo, su textura inconfundible y esa combinación imbatible entre verdura y panceta crujiente que nunca falla.
La receta original del trinxat de la Cerdanya
La receta original parte de una base muy clara: col, patatas y panceta, sin artificios ni añadidos innecesarios. Para empezar, se pone a hervir una cazuela grande con abundante agua, porque aquí no se trata de cocer con prisas. Mientras el agua alcanza el punto adecuado, se limpia la col retirando las hojas exteriores más duras y eliminando el nervio blanco central, que podría aportar amargor. Se corta en trozos generosos, se pelan las patatas y se trocean en tamaños medianos para que cuezan de forma uniforme. Todo va al agua con un punto justo de sal, dejando que los ingredientes se ablanden sin perder su identidad.
El trinxat es historia, territorio y tradición, un plato pensado para alimentar, reconfortar y reunir alrededor de la mesa en los meses fríos
Cuando la col y la patata están tiernas, se escurren bien y se colocan juntas para el momento clave: trinxar, es decir, aplastar sin triturar. No buscamos un puré fino, sino una mezcla rústica, con textura, donde todavía se perciban los ingredientes. Ese es uno de los secretos del plato. En paralelo, en una sartén amplia con aceite de oliva, se fríe la panceta cortada en dados hasta que queda bien dorada y crujiente, reservándola después para mantener esa textura tan característica.
En esa misma grasa, cargada de sabor, se doran los ajos laminados y se incorpora el trinxat junto con parte de la panceta. Se mezcla bien y se deja que la base se compacte, formando una especie de tortilla gruesa, que se dora primero por un lado y luego por el otro, con paciencia, hasta lograr una costra irresistible. Al servir, se corona con el resto de la panceta, aportando contraste y profundidad.
El resultado es un plato contundente, honesto y profundamente sabroso, una receta que conecta pasado y presente y que demuestra por qué el trinxat de la Cerdanya sigue siendo uno de los grandes iconos de la cocina catalana de montaña.
