Las aerolíneas cuentan con un menú bastante reducido, pero imagina mantener todos los días un sin número de platos a temperatura ambiente y sobre todo frescos. Rara vez nos gusta y en la mayoría de los casos suele ser insípido. Y es que no es nada sencillo preparar la comida a 10.000 o 12.000 metros de altura con una velocidad entre 800 y 900 kilómetros por hora. Es por eso que la mayoría de ellos tienen preparada la comida previamente. Lo cierto es que cuando el avión va ganando altura en el aire, un tercio de tus papilas gustativas se adormecen por la presión de este. Es por esta razón que el sabor de la comida puede ser salado, dulce, insípido y a veces hasta raro.
¿Qué papel tiene el olfato?
Pero no toda la clave está en las papilas gustativas de forma directa. Un estudio ya lo determinó: la falta de humedad y la menor presión del aire de la cabina hacen que nuestra mucosa nasal y receptores olfativos no funcionen correctamente y alteren, en consecuencia, nuestras papilas gustativas, lo que hace que experimentemos la sensación de no apreciar el sabor de la comida y creamos que lo que consumimos está demasiado soso, como ocurre cuando estamos resfriados.
Cuando el avión va ganando altura en el aire, un tercio de tus papilas gustativas se adormecen por la presión
Ambiente: otra clave para el sabor
Una sequedad del ambiente y menor presión que se intensifica a medida que alcanzamos mayor altura, pero que, si lo unimos al zumbido constante de los motores del avión, la percepción que tenemos sobre el sabor de los alimentos se ve completamente alterada. Relación que ya se planteó en otro estudio en el que se demostró que tal percepción se ve atenuada por los ruidos de fondo y donde se concluía que el ruido disminuía entre un 15% y un 30% las propiedades dulces y saladas de los alimentos, mientras que las percepciones de sabor agrio, amargo y picante se mantenían prácticamente intactas.
Por no mencionar que varias compañías ya han incorporado hilos musicales clave para los momentos en los que sirven la comida y así incentivar la sensibilidad de las papilas gustativas mediante el estímulo indirecto de otro sentido, como el auditivo. Otras, a su vez, han optado por cambiar los platos, cubiertos y vasos de plástico, ya que tampoco ayudan demasiado a que disfrutemos plenamente del sabor de la comida y/o bebida; e, incluso, algunas hacen una selección concreta de vinos, ya que los que en tierra son más afrutados, durante el vuelo “se vuelven” más ácidos y con más tanino, de ahí que se recomiende tomarse la copa al principio del trayecto, donde las papilas gustativas no se han visto todavía afectadas por la baja presión y la falta de humedad.
