A simple vista puede parecer una raíz humilde, irregular y poco llamativa, pero detrás de este tubérculo se esconde una historia tan fascinante como contradictoria. Hablamos del tupinambo, también conocido como pataca, alcachofa de Jerusalén o incluso trufa canadiense, un alimento con un sabor sorprendentemente parecido al de la alcachofa, muy apreciado en la cocina europea durante siglos y, sin embargo, hoy prohibido de cultivar en España. Lo curioso es que no se trata de un producto tóxico ni peligroso para el consumo humano, sino de una planta extremadamente resistente, voraz y con una capacidad de expansión que la ha convertido en una amenaza real para los ecosistemas autóctonos.
El delicioso tubérculo que está prohibido cultivar en España
El tupinambo es una planta perenne, emparentada con el girasol, que puede alcanzar hasta dos metros de altura y que produce unos tubérculos alargados, retorcidos y de colores que van del blanco al púrpura. Su textura recuerda al jengibre, pero su sabor es suave, vegetal y ligeramente dulce. Durante siglos fue un alimento básico para pueblos indígenas de América del Norte y más tarde se convirtió en una verdura habitual en Europa, especialmente en Francia, donde llegó a ser tan popular que acabó cayendo en el olvido por pura saturación.
A diferencia de la patata, este tubérculo no almacena almidón, sino inulina, un tipo de fibra que al cocinarse se transforma en fructosa. Esto lo convierte en un alimento interesante desde el punto de vista nutricional, especialmente para personas con diabetes, dietas bajas en grasas o problemas de retención de líquidos. Además, históricamente se le han atribuido propiedades digestivas, diuréticas e incluso afrodisíacas, aunque muchas de estas creencias pertenecen más a la tradición popular que a la ciencia moderna.
Es un alimento interesante para personas con diabetes o con problemas de retención de líquidos
Entonces, ¿por qué algo tan aprovechable está prohibido? Precisamente por su éxito biológico. El tupinambo se adapta con enorme facilidad a casi cualquier tipo de suelo y clima, resiste heladas intensas y se reproduce de forma tan eficaz que puede desplazar a especies autóctonas en muy poco tiempo. En España, esta capacidad colonizadora llevó a incluirlo en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, lo que implica que está prohibida su introducción en el medio natural, su cultivo, su comercialización e incluso su transporte.
La paradoja es evidente: un tubérculo delicioso, históricamente valorado, presente en recetas tradicionales italianas, francesas y centroeuropeas, utilizado incluso para elaborar licores digestivos, pero considerado hoy una amenaza ambiental. Un ejemplo perfecto de cómo en gastronomía y naturaleza no todo lo bueno en el plato lo es también para el entorno. Un manjar olvidado que, al menos en España, solo puede disfrutarse en la memoria culinaria, no en el huerto.
