El ejército de Estados Unidos es el más potente del planeta; el de Israel es considerado uno de los más avanzados a pesar de que el país tiene menos de 10 millones de habitantes. No hay ninguna duda de que las capacidades militares y su infraestructura les permiten sostener una guerra a largo plazo. Donald Trump ha afirmado que el actual conflicto con Irán podría alargarse entre cuatro y cinco semanas, a pesar de remarcar que Washington está preparado “para durar mucho más que eso” si fuera necesario, “cueste lo que cueste”. El gobierno de Benjamin Netanyahu, por su parte, también advierte que la guerra no terminará pronto. “Nos estamos preparando para varias semanas”, declaró un miembro del ejecutivo israelí al Financial Times. En este contexto, todas las miradas se centran en Irán y en hasta qué punto puede resistir una campaña militar contra dos potencias con esta capacidad militar.
En junio del año pasado, Israel e Irán protagonizaron una guerra de 12 días con bombardeos cruzados que dejó a la República Islámica notablemente debilitada. Aquella ofensiva, con ataques israelíes y estadounidenses, golpeó duramente el programa nuclear iraní —considerado durante años su joya de la corona— y destruyó aproximadamente un tercio de los lanzadores de misiles del país, además de agotar buena parte de sus reservas de misiles de largo alcance. Sin embargo, el régimen ha mantenido una estructura militar arraigada y armada, preparada desde hace tiempo para un escenario como el actual. Diversos informes indican que Teherán ha dedicado sus esfuerzos a reconstruir la capacidad perdida en aquel conflicto. De hecho, conserva herramientas para responder con misiles, drones, operaciones cibernéticas y fuerzas aliadas en la región, como ya ha mostrado durante la primera semana de guerra. “Se ha informado a los cuatro vientos que Irán ha estado reponiendo rápidamente sus suministros de misiles balísticos desde su Guerra de 12 Días con Israel”, explica a TRT World Matthew Bryza, exembajador de Estados Unidos y especialista en asuntos internacionales.
El arsenal de Irán —considerado el más amplio de Oriente Medio— incluye más de veinte tipos diferentes de misiles, la mayoría montados en el país con componentes de producción nacional o piezas procedentes de aliados como Rusia. Dentro de este conjunto, los misiles balísticos constituyen su principal arma y representan una amenaza especialmente preocupante para Israel. Tanto es así que Netanyahu y Trump han insistido en que Teherán debería renunciar a este programa. Según estimaciones de medios internacionales como la revista Foreign Affairs, el stock de misiles balísticos pesados de Irán se situaba por encima de los 2.000 antes del inicio de la guerra. Desde el estallido de las hostilidades más recientes, el país ha lanzado más de 500 en represalia, de acuerdo con el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM). Estas reservas han permitido mantener una elevada capacidad de ataque, pero el ritmo diario de lanzamientos ha ido disminuyendo con el paso de los días. Ahora los ataques se concentran sobre todo en objetivos estratégicos, como infraestructuras energéticas o puntos sensibles en el estrecho de Ormuz que pueden afectar la economía mundial.
Problemas de stock
En una guerra que, según apuntan Trump y el gobierno israelí, podría prolongarse durante semanas, el factor clave no es solo el stock disponible, sino la capacidad de fabricar nuevo armamento. Con los años, Irán ha desarrollado una infraestructura industrial capaz de producir varios centenares de misiles al mes, mientras que en las llamadas ‘ciudades de misiles’ –grandes bases subterráneas construidas durante décadas– habría ido reponiendo buena parte de su arsenal. Sin embargo, de momento la producción no parece capaz de mantener el ritmo de los primeros días de guerra. “La capacidad de Irán para atacarnos a nosotros y a nuestros aliados está disminuyendo”, declaró el almirante Brad Cooper, jefe del CENTCOM, en una actualización publicada la tarde del 3 de marzo. Al día siguiente, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, afirmó en rueda de prensa que los lanzamientos de misiles balísticos iraníes habían caído un 86% desde el primer día del conflicto. Entre las causas de este descenso se encuentran los intensos ataques contra sus lanzadores. La Fuerza Aérea israelí asegura haber destruido o inutilizado unos 300, además de los objetivos golpeados por las fuerzas norteamericanas.
Update from CENTCOM Commander on Operation Epic Fury: pic.twitter.com/epEohq64Vf
— U.S. Central Command (@CENTCOM) 3 de marzo de 2026
Guerra de drones
Como ya se ha visto en la guerra de Ucrania, la reducción de los lanzamientos de misiles ha dado más protagonismo a los drones. Según el CENTCOM, Irán ha utilizado más de 2.000 desde el sábado pasado, con especial protagonismo de los Shahed 136, la gran estrella de la contraofensiva persa. Este tipo de aparato, mucho más barato que otros sistemas de armas y diseñado como munición “de un solo uso”, se utiliza a menudo en lanzamientos masivos y combinado con misiles balísticos para saturar las defensas antiaéreas. Los dispositivos pueden transportar explosivos potentes hasta 2.000 kilómetros y están programados para impactar en objetivos concretos. Con esta tecnología se han dañado tres sedes diplomáticas de Estados Unidos en los últimos días, como el ataque que provocó un incendio en la embajada estadounidense en Riad después del impacto de dos drones, según el Ministerio de Defensa de Arabia Saudita. En este sentido, Ryan Bohl, de la consultora de inteligencia de riesgos RANE Network, ha explicado al diario turco Yeni Şafak que los Shahed 136 son “los más efectivos contra los estados árabes del Golfo porque no tienen defensas contra los drones”.

Otra ventaja de los drones es que no dependen de los lanzadores de misiles, actualmente uno de los principales objetivos de los ataques de Estados Unidos e Israel. Los modelos utilizados por Irán son fáciles de transportar y pueden lanzarse incluso desde la parte trasera de camiones convencionales. Sin embargo, el factor que más preocupa a las grandes potencias militares es su coste reducido. Cada aparato puede costar entre 20.000 y 50.000 dólares, mientras que un solo misil interceptor Patriot usado para abatirlos se eleva hasta los 4 millones. Esta relación de costes ha convertido los drones en un reto estratégico para los ejércitos occidentales. De hecho, el Pentágono ha empezado a desarrollar versiones inspiradas en el Shahed 136 —bautizadas como LUCAS— y también trabaja en sistemas de intercepción más económicos para neutralizar los aparatos iraníes.
El tiempo dirá hasta cuándo se alarga esta guerra, una duración que también dependerá del alcance de los objetivos que se han fijado Estados Unidos e Israel. Según informaciones de Reuters y análisis de la Brookings Institution —un think tank fundado en 1916 en Washington—, la campaña militar va más allá de simples represalias, ya que los ataques conjuntos buscan golpear el liderazgo iraní, las instalaciones nucleares y la infraestructura de misiles. Israel pretende mantener la presión sobre instituciones políticas y de seguridad vinculadas a las altas esferas del régimen, así como sobre los sistemas y lanzadores de misiles, con el objetivo de debilitar la República Islámica y crear las condiciones para un cambio de régimen. “El objetivo es muy claro: eliminar una amenaza existencial para el Estado de Israel”, dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, Oren Marmorstein, a Reuters.
Sin embargo, el factor decisivo para provocar un cambio de régimen sería el despliegue de tropas sobre el terreno, una opción poco probable por culpa del trauma que las guerras de Irak y Afganistán han dejado en la sociedad norteamericana. Además, parece que el Pentágono prefiere que las fuerzas rebeldes kurdas en Irak hagan este trabajo. Mientras tanto, si el conflicto se limita a la actual escalada de misiles y drones, Irán podría resistir durante semanas a pesar de los continuos ataques aéreos de Estados Unidos e Israel. El presidente de la República Islámica, Masud Pezeshkian, ha asegurado que "la rendición incondicional de Irán es un sueño".