Tal día como hoy del año 1562, hace 464 años, en Nápoles, el virrey hispánico Pedro Afán de Ribera y Portocarrero, marqués de Tarifa y duque de Alcalá de los Gazules, decretaba la prohibición de besarse en público. El mismo decreto advertía que su incumplimiento se pagaba con la pena de muerte. Afán de Ribera —también llamado Peroafán de Ribera en algunos documentos— impuso esta prohibición en un contexto ideológico muy concreto. El Concilio de Trento (1545-1563) —el rearme ideológico de la Iglesia católica ante el desafío de la Reforma— había intensificado el control y el encuadramiento del poder hacia la sociedad, con la aplicación de normas morales cada vez más estrictas.
Afán de Ribera proclamaría que aquella prohibición, además de su propósito moral, obedecía a la voluntad de evitar la transmisión de enfermedades con la práctica de los besos, sobre todo las de transmisión sexual. Sin embargo, no conseguiría desplegar la ley más allá de la documentación. En los pliegos judiciales posteriores a la proclamación de aquel decreto, no consta que la guardia del virrey hispánico hubiera conseguido detener a nadie, ni que la justicia virreinal hispánica hubiera juzgado y condenado a nadie por el incumplimiento de esta ley. Es más que probable que los napolitanos de la época, que ya se regían por sus propias normas sociales no escritas, hubieran continuado besándose por los espacios públicos de la ciudad y del reino.