Lo que debería haber sido solo un partido de fútbol se ha convertido en una posible condena. La selección femenina de Irán podría afrontar prisión o incluso la muerte después de quedar eliminada de la Copa Asiática femenina en Australia, en medio de las sospechas de que algunas jugadoras han desafiado el régimen de su país. La situación llega, además, en pleno 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, convirtiendo el caso en un símbolo brutal de la represión que muchas mujeres continúan sufriendo.

El domingo por la noche, en la Gold Coast australiana, una cincuentena de manifestantes rodearon el autobús que transportaba a las jugadoras cuando salía del estadio después de la derrota por 2-0 contra Filipinas. Algunos de los protestantes llevaban banderas con el león y el sol, un antiguo símbolo iraní anterior a la revolución islámica de 1979 que hoy utilizan los opositores al régimen.

Silencio durante el himno iraní

La tensión alrededor del equipo no tiene tanto que ver con el resultado deportivo como con un gesto que sacudió el torneo. En su primer partido, las jugadoras permanecieron en silencio durante el himno nacional iraní, un acto interpretado internacionalmente como una protesta silenciosa contra el gobierno de Teherán. Activistas y organizaciones de derechos humanos temen ahora que este gesto pueda tener consecuencias graves cuando las deportistas regresen al país.

Miles de personas en Australia han firmado una petición pidiendo al gobierno que ofrezca protección inmediata a las jugadoras. El documento alerta de que se encuentran ante una situación “imposible”: volver a Irán, donde podrían ser acusadas de traición, o intentar quedarse en el extranjero con el riesgo de que sus familias sufran represalias.

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Seguidores animan a las jugadoras iraníes desde el autobús después del partido de la Copa Asiática femenina contra Filipinas en el Gold Coast Stadium, Australia, el 8 de marzo de 2026 / EFE

Según diversos informes, miembros vinculados al régimen forman parte de la delegación del equipo y controlan los movimientos de las futbolistas durante el torneo. Las jugadoras no podían moverse libremente y sus comunicaciones estarían restringidas o vigiladas.

La periodista deportiva Raha Pourbakhsh, de la televisión Iran International, asegura que las autoridades han ejercido una presión directa sobre las deportistas. Según explica, y recoge el New York Post, se les ha advertido que podrían perder sus carreras deportivas o acabar en la cárcel si muestran cualquier signo de disidencia.

Después de la polémica inicial, el equipo sí que cantó el himno nacional en el siguiente partido del torneo. Según activistas iraníes en el exilio, este cambio no fue voluntario, sino resultado de las amenazas recibidas.

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Manifestantes llevan banderas antiguas del león y el sol en señal de resistencia contra el régimen / EFE

Consecuencias para las jugadoras

El miedo es real. El fútbol femenino iraní ya ha pagado un precio alto en las protestas contra el régimen. La jugadora Zahra Azadpour, de 27 años, murió en enero después de recibir disparos de las fuerzas de seguridad durante una manifestación. También fue asesinada una árbitra de 23 años mientras protestaba en Isfahán.

Varias voces en Australia reclaman ahora una respuesta política clara. Algunos diputados y activistas piden que el gobierno ofrezca asilo a las jugadoras que lo deseen y que garantice que puedan hablar con autoridades sin la presencia de representantes del régimen. Para los defensores de los derechos humanos, el caso ha superado hace tiempo el ámbito deportivo. El futuro de estas futbolistas puede depender de decisiones tomadas lejos de los terrenos de juego.