En el lineal del supermercado, todos parecen iguales, pero no lo son. En un vídeo publicado en Instagram, Ana Pemán, nutricionista especializada en educación alimentaria, lanza un mensaje claro al consumidor: cuidado con el queso rallado que metes en la cesta. Bajo el mismo aspecto y con envases muy similares, pueden esconderse productos muy distintos. En su demostración, compara dos opciones calentadas previamente y muestra una diferencia evidente en textura y comportamiento. Lo que parece un detalle sin importancia revela en realidad una diferencia clave en la composición, que puede afectar tanto a la calidad nutricional como al resultado en la cocina.

No todo lo que funde es queso

En el vídeo de su cuenta @anapemannutricion,la nutricionista levanta con un tenedor dos tipos de producto tras calentarlos. El primero, etiquetado como mozzarella rallada, se estira con elasticidad y sin romperse con facilidad. El segundo, identificado como queso fundido especial para fundir, apenas ofrece esa textura característica. Esta prueba visual sirve para ilustrar la diferencia entre queso natural y preparado fundido, algo que muchas veces pasa desapercibido al comprar.

¿Sabes diferenciar el queso? / Foto: Unsplash

La clave está en la palabra “fundido”. Según explica la nutricionista, ese término ya da pistas de que no estamos ante un queso tal cual, sino ante un producto elaborado a partir de queso junto con otros ingredientes añadidos. Y aquí entra en juego algo fundamental: la lista de ingredientes. En el caso del queso fundido rallado, aparecen componentes como mantequilla, proteínas lácteas, almidones modificados, nata, sales fundentes, conservadores y antiaglomerantes. Es decir, se trata de un producto con múltiples ingredientes añadidos, no solo leche fermentada.

Si en los ingredientes pone queso, no estás comprando queso puro

En cambio, cuando se trata de una mozzarella rallada auténtica, la lista es mucho más sencilla: leche pasteurizada, fermentos lácticos, coagulante y sal. Nada más. Esa simplicidad es la que define a un queso como tal. Por eso, Ana Pemán insiste en un gesto muy concreto: leer la etiqueta y no dejarse llevar solo por el frontal del envase. La diferencia puede parecer pequeña, pero influye tanto en la calidad del producto como en su comportamiento al cocinar.

Desde el punto de vista nutricional, optar por queso con ingredientes simples y reconocibles suele ser una elección más alineada con una alimentación basada en alimentos poco procesados. Además, en recetas como pizzas, gratinados o pasta al horno, la diferencia en textura y sabor es notable. El queso natural funde, estira y aporta jugosidad de forma diferente a un preparado fundido.

 

 

El mensaje final de la nutricionista es claro: que no te la den con queso. En un mercado lleno de productos que se parecen, la información es la mejor herramienta del consumidor. Revisar la etiqueta, entender lo que significa cada denominación y apostar por opciones más simples puede marcar la diferencia en calidad y en resultado culinario. Porque cuando compras queso, lo lógico es que sea exactamente eso: queso de verdad y sin añadidos innecesarios.