La primera reunión del Govern del pasado martes y la reunión de los miembros del Consell Executiu en las comarcas del sur de Catalunya durante este viernes y sábado han servido para dar por arrancado el segundo año de Salvador Illa al frente de la Generalitat. Solventado el primer curso con una de cal —unidad del Govern, cierta lealtad de los socios de investidura, Pacte Nacional per la Llengua, la creación de una empresa mixta llamada Rodalies de Catalunya— y otra de arena —ausencia de presupuestos, dificultades para aterrizar la financiación singular, gestión polémica en Educació, problemas permanentes en Rodaliesel curso que ahora se inicia parte, como muy bien ha reconocido el propio Illa, de la inaplicación de la ley de amnistía por parte del Tribunal Supremo.

Esta situación conlleva, en primer lugar, la normalización plena de la política en Catalunya. No es baladí que los líderes del segundo y tercer partido en Catalunya no puedan realizar una actividad política plena, también en el terreno institucional. Carles Puigdemont, exiliado en Bélgica desde octubre de 2017, no puede ni tan siquiera pisar Catalunya, ya que pesa sobre él una orden de detención del juez Pablo Llarena. Oriol Junqueras, indultado por el gobierno de Pedro Sánchez, sí tiene libertad de movimientos, aunque pesa sobre él una inhabilitación de 13 años, uno más que el secretario general de Junts, Jordi Turull. Esta situación conlleva que ni uno ni otro estén en el Parlament y de ello se resientan tanto Junts como Esquerra Republicana.

Veremos si el Tribunal Constitucional rompe esta anomalía, ya que tendrá que pronunciarse este mes de septiembre sobre las cautelarísimas presentadas por el abogado de Puigdemont para que se retire la orden de detención. Aunque sería lo lógico, dada la insubordinación del Supremo con la ley, que se niega a aplicar, está por ver que el TC y su presidente, Cándido Conde-Pumpido, acaben restableciendo la legalidad. Más bien todo apunta a dejar las cosas como están, ya que en este aspecto, además, hay mucha comedia: el PSOE aprieta dialécticamente pero, en verdad, ha hecho, hasta el momento más bien poco para que pase.

La gran asignatura del president Illa será sacar adelante sus primeros presupuestos y, de paso, alejarse de la situación de Pedro Sánchez

De todas maneras, en clave estrictamente de política catalana, la gran asignatura del president Illa será sacar adelante sus primeros presupuestos y, de paso, alejarse de la situación de Pedro Sánchez quien, por tercera vez, es más que posible que no tire adelante las cuentas públicas. En un político de una gran ortodoxia pública como es Illa, carecer de presupuestos es una situación francamente desagradable. Es normal, por consiguiente, que desde el Govern se dediquen enormes esfuerzos a tratar de ablandar la posición de Oriol Junqueras, cuyos 20 diputados son imprescindibles. Junqueras no venderá barata su posición y la partida se va a jugar en las concreciones de la financiación singular que aún no existen. Empezando por la ordinalidad.

El presidente de Esquerra está cómodo en esta situación de no tener que comprometerse más de lo necesario y ese puede acabar siendo el gran problema para Illa. En este tiempo que va desde septiembre a final de año, el TC debería anunciar su sentencia sobre el catalán en las escuelas que ya se sabe que no irá en la línea de lo que desean los partidos independentistas. El hecho de que un fallo que es conocido desde la primavera no haya salido va a servir para un inicio de curso menos tensionado de lo que hubiera sido con la espada de Damocles de la ejecución de la sentencia del Constitucional.