Hace poco más de dos meses que el presidente de Plataforma per la Llengua, Òscar Escuder, denunciaba en una entrevista en ElNacional.cat que "cada vez hay más médicos y enfermeras que ni siquiera entienden el catalán". Poco después, la ANC pedía más quejas de los usuarios como fórmula para combatir la catalanofobia en la sanidad. Y la semana pasada, Òmnium Cultural criticaba la implementación "insuficiente" del Pacte Nacional per la Llengua en el ámbito de la salud, entre otros. Todo, sin entrar en los interminables episodios concretos de discriminación lingüística en consultas y hospitales que se dan a conocer cada mes. Y, siempre, sale alguien que dice que no pasa nada, que si sabes hablar en castellano no hay ningún problema. Pues sí que lo hay, parece: un nuevo estudio ha constatado ahora que no hablar la lengua de los pacientes hace peligrar su salud.
Joana Pena-Tarradelles, investigadora del Departamento de Traducción y Ciencias del Lenguaje de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), examinará por primera vez qué impacto tiene usar el castellano a la hora de atender a los pacientes catalanohablantes en los centros sanitarios del país. Como paso previo, ha revisado el impacto de la discordancia lingüística en otros países con hablantes autóctonos de lenguas minoritarias y minorizadas. Es decir, cuando el médico no habla la lengua favorita del paciente. Es de esta manera que ha confirmado que no garantizar la atención sanitaria en la lengua de los pacientes puede ir en detrimento de la precisión de los diagnósticos, de la confianza entre médico y paciente, y de la calidad asistencial, según un estudio pionero publicado en la Revista de Llengua i Dret.
Francés, galés, sueco y euskera
La investigadora ha hecho una amplia revisión bibliográfica, que incluye un centenar de investigaciones de diferentes disciplinas sobre el impacto de la discordancia lingüística en la atención sanitaria en territorios como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Finlandia y también el País Vasco, con investigación incipiente sobre el tema. De acuerdo con la UPF, se trata de la primera revisión bibliográfica en catalán de estas características, y es también una investigación pionera en comparar el impacto que tiene la discordancia lingüística sobre la calidad asistencial de la población recién llegada y de la población autóctona.
En el caso de la población inmigrante que no domina ninguna lengua del país de acogida, la discordancia puede tener consecuencias graves: diagnósticos erróneos, menos adherencia a los tratamientos, realización de pruebas excesivas... Ahora bien, lo que más llama la atención del estudio es que todo ello también puede pasar con la población autóctona. "Una de las principales novedades del estudio es que constata que la discordancia lingüística no solo afecta a la población migrada, sino también a la población autóctona con una lengua minoritaria o minorizada, aunque sea bilingüe y pueda expresarse también en la lengua dominante con más o menos fluidez", dice Pena-Tarradelles.
Personas mayores y niños, los más expuestos
Investigaciones anteriores con hablantes de galés en el Reino Unido, de francés en zonas anglófonas de Canadá, del sueco en Finlandia o del vasco en Euskadi concluyen que la capacidad de expresarse en una segunda lengua disminuye especialmente en situaciones de estrés, vulnerabilidad, miedo o dolor intenso. Entonces, usar una lengua diferente de la propia supone un esfuerzo mental añadido y provocar la invisibilización de matices vitales para el diagnóstico. Concretamente, las personas mayores y los niños son los grupos más expuestos a los riesgos de la discordancia lingüística en la atención sanitaria. El deterioro cognitivo en personas mayores, por ejemplo, puede empeorar sus competencias en una segunda lengua y, por lo tanto, dificultar la atención sanitaria. En el caso de los niños, sobre todo si son muy pequeños y aún no han podido desarrollar lo suficiente las competencias bilingües, dependen de la lengua materna para describir síntomas de la forma más precisa posible.
Además, se ha constatado el valor identitario de la lengua para muchas personas. La imposibilidad de hablar en la lengua propia hace que algunos individuos se sientan menospreciados por el sistema sanitario, lo que puede afectar a su bienestar emocional y a la posibilidad de crear una relación de confianza con el médico. En definitiva, que hay muchas evidencias científicas sobre la importancia de garantizar la atención sanitaria en la lengua favorita de los pacientes autóctonos. El siguiente paso de la investigadora será explorar concretamente las consecuencias de la discordancia lingüística en Catalunya, aún desconocidas.
