Xavier Antich: "Las declaraciones de Omella son casi ofensivas para el catalán, lengua propia de un país"
Xavier Antich: "Las declaraciones de Omella son casi ofensivas para el catalán, lengua propia de un país"

Una semana después de ser reelegido presidente de Òmnium Cultural hasta 2030, Xavier Antich afronta un nuevo mandato con la voluntad de consolidar la fortaleza de una entidad que ha crecido de manera sostenida en los últimos años y que se ha erigido en uno de los principales motores de la sociedad civil catalana. Su reelección, avalada por más de 10.000 socios en el marco de la Asamblea General Ordinaria celebrada en Barcelona, refuerza una etapa marcada por la renovación interna y la redefinición estratégica bajo el concepto de construcción nacional. En el discurso de continuidad, Antich advirtió del inicio de un "ciclo electoral diabólico" e instó a la entidad a estar más preparada para avanzar en las aspiraciones nacionales. Con la lengua, la cultura, la cohesión social y la vertebración del país como ejes centrales, el presidente de Òmnium reivindica el papel de la organización como generadora de consensos y como actor clave en la defensa de los derechos colectivos. En esta entrevista, analiza los retos del nuevo mandato y el contexto político que deberá condicionar la acción de la entidad en los próximos años, además de las reivindicaciones por la lengua catalana en la visita del papa León XIV. 

¿Qué objetivos se marca durante este nuevo mandato de cuatro años?
El objetivo es preservar la continuidad de lo que hemos hecho. Durante estos primeros cuatro años hemos intentado, sobre todo, preservar la fortaleza de la entidad, que ha triplicado su base social desde 2017. Hemos aplicado la renovación de liderazgos que prometimos, empezando por la junta que está completamente renovada. De las treinta personas, solo una estaba en la junta directiva de octubre de 2017 después de haber reenfocado y redefinido la estrategia de la entidad en torno a la construcción nacional. Los objetivos de este mandato que comienza se despliegan en los diez compromisos que hemos asumido, que van desde el trabajo, la lengua en la escuela, la cultura, la cohesión social, hasta la vertebración de la sociedad civil o avanzar en términos nacionales hacia lo que debería ser abordar el conflicto político con España. 

Usted, en su discurso de reelección el pasado fin de semana, pidió avanzar en las aspiraciones nacionales de cara al nuevo ciclo electoral que viene, que son las elecciones municipales y españolas. ¿Cómo se hace esto teniendo un Govern al que le cuesta ir en esta dirección?
En el marco de acción de Òmnium, los Països Catalans, no podemos olvidar tener dos ojos en dos ámbitos: los movimientos internacionales y los parlamentarios del Estado español. En 2027 se abre un ciclo electoral en el que pueden pasar muchas cosas, sea en el ámbito municipal o las generales en el Estado. Hay dos escenarios: que se reeditasen las mayorías parlamentarias actuales con un gobierno del PSOE débil y frágil, aliado con las izquierdas españolas, condicionado por movimientos soberanistas o independentistas del resto del Estado; o que cayera la actual mayoría y se configurase un gobierno de derecha y de extrema derecha, de PP y Vox. El primero estadísticamente no parece que sea posible, pero está sobre la mesa. Los dos escenarios piden dos respuestas diferentes. Si se reeditase la actual mayoría, que es un gobierno muy poco sensible a las aspiraciones nacionales de Catalunya, de lo que se trataría es, si depende de los votos de las mayorías del resto del Estado, de conseguir que estuvieran sobre la mesa unos condicionantes que permitan avanzar en términos nacionales.
Esta legislatura se ha conseguido arrancar la amnistía, que todo el mundo pensaba que sería imposible, empezando por el PSOE. Esto cierra la carpeta represiva del procés, aunque haya muchos casos pendientes de aplicación, y esto es otra batalla. Ahora toca abordar cómo canalizar el conflicto político, porque hay una gran mayoría en Catalunya, un 80%, que cree que este pueblo tiene derecho a decidir democráticamente su futuro. En el caso de que se configure una mayoría PP-Vox, ya sabemos lo que querrían hacer porque lo están haciendo en el País Valencià y en las Illes. Son dos formaciones antidemocráticas y anticatalanas. Habría que articular una respuesta de país muy contundente para que no retrocediéramos en términos de autogobierno y aprovechar esta coyuntura para crear mayorías soberanistas o independentistas. 

 

¿Cree que es ciencia ficción hablar de un gobierno en solitario del PP con el apoyo de Junts y el PNV?
Yo diría que ahora mismo es ciencia ficción pura y dura, sí.

Aunque viene un nuevo ciclo electoral, las catalanas todavía quedan lejos. ¿Es posible avanzar en aspiraciones nacionales con el actual gobierno del president Illa?
Debería ser posible. Yo creo que ahora el país ya no está en las dialécticas del todo o nada. Por lo tanto, con la actual composición parlamentaria, de lo que se trata es de que todas aquellas formaciones políticas que están convencidas de que este país todavía tiene muchísimo camino por recorrer en términos nacionales utilicen la fuerza parlamentaria que tienen a la hora de condicionar el Govern para avanzar e impedir que el Govern retrocediera. Creemos que la fragmentación del Parlament permite el uso de fuerzas con combinatorias variables. Nosotros siempre hemos sido partidarios de que los independentistas deben estar en todos los lugares donde hay disputa del poder y el Parlament es uno de estos. 

De las treinta personas en la actual junta de Òmnium, solo una estaba en la junta directiva de octubre de 2017

ERC condiciona el Govern de la Generalitat. Junts y ERC condicionan la legislatura española. ¿Lo han hecho lo suficientemente bien ambos al conseguir aspiraciones nacionales?
Nosotros siempre somos muy respetuosos respecto a las estrategias de los partidos, porque en Òmnium no lo somos, somos una organización de la sociedad civil. El objetivo que nos corresponde es vertebrar socialmente grandes consensos alrededor de aquello que constituyen los pilares de trabajo de Òmnium, que es la cultura del país. Corresponde a los partidos decidir cómo se traduce políticamente y en qué forma operan. Tenemos una lengua en situación de emergencia lingüística. La lengua no solo es la columna vertebral de la nación, sino que es el principal instrumento de cohesión social del país. Hemos puesto todas las energías en vertebrar unos grandísimos consensos alrededor de la lengua y que ahora mismo están por encima del 80% del país. 

Hablaba de las aspiraciones nacionales de Catalunya, de avanzar en este aspecto. Sin embargo, no se ha aplicado del todo la ley de amnistía, la oficialidad del catalán en la UE está guardada en un cajón, y los traspasos de competencias como la inmigración quedaron rechazados por el Congreso español. Está costando mucho, ¿no?
Está costando mucho. Todos los ejemplos que ha puesto han sido objetivos fijados por las diferentes formaciones políticas y en sus negociaciones. Está costando mucho porque a nadie se le escapa el tinte y el color político del partido que actualmente gobierna la Generalitat y el Estado. Trabajar por la lengua es trabajar por la nación y hemos puesto el foco en una cuestión que nos parecía absolutamente relevante. Hemos centrado los esfuerzos en esto en los últimos dos años: este país no estaba garantizando el acceso al conocimiento del catalán de toda la población de catalanes. Aquí es donde hemos hecho todos los esfuerzos, porque vemos que el país empezaba a entrar en situación de riesgo de fractura social. En estos dos años se ha avanzado muchísimo. Veníamos de listas de espera de gente que quiere aprender el catalán y estamos prácticamente en el horizonte de poder cerrar el 2026 sin listas de espera. Se ha multiplicado la oferta de cursos, hay grupos de conversación con nuevos hablantes en todo el país y esto es una pata esencial y fundamental de la construcción nacional. Si perdemos la lengua, perdemos el país. Trabajar por la lengua es trabajar por la idea de un solo pueblo y el acceso a la catalanidad de personas que vienen a Catalunya de todo el mundo.

Entrevista a Xavier Antich, president d'Òmnium Cultural / Foto: Carlos Baglietto
Entrevista a Xavier Antich, presidente de Òmnium Cultural / Foto: Carlos Baglietto

El principal elemento de relación de ustedes y el Govern es el Pacte Nacional per la Llengua. Recientemente, ha cumplido un año y ustedes ven insuficiente la implementación del pacto en la escuela, el deporte y la empresa. ¿Qué piden, concretamente?
En este primer año habíamos puesto el énfasis en el acceso al conocimiento del catalán y esto va bien, aunque falta seguir insistiendo. En este segundo año, hay que abrir carpetas que apenas están insinuadas. Una es la presencia del catalán en la escuela: es un hecho que el catalán ahora mismo no es la lengua vehicular de la escuela. Todas las normativas son bastante claras para que lo sea. Hay que garantizar no solo el conocimiento del catalán al final de la escolarización, sino que hay que garantizar que las clases, la relación entre docentes y estudiantes, los trabajos o el ocio sean en catalán. También afecta a las extraescolares. Otro ámbito es el de fomentar y promover el uso de la lengua catalana en el ámbito laboral, porque ahora mismo todavía no se ha hecho nada. Existe el Consorci de Formació Contínua, que es el que permite la formación de los trabajadores en horario laboral y prevé formaciones específicas. Depende de los trabajos, pero incluso prevé el aprendizaje de lenguas extranjeras. Nadie se había preocupado por el Consorci de Formació Contínua. Hemos estado hablando con el Govern, con las principales organizaciones empresariales y patronales y con los principales sindicatos y hay un acuerdo de que este melón hay que empezar a aterrizarlo.
La tercera pata es el conocimiento de la lengua catalana en el deporte, que es el principal ámbito de socialización de niños y jóvenes. Es un ámbito amable, a diferencia de la escuela. Crear la sensación de que el catalán es la lengua de los deberes, los exámenes y trabajos no ayuda demasiado. Debe ser posible que el catalán sea la lengua en las actividades de niños y jóvenes. Òmnium, con la UFEC, hemos puesto sobre la mesa una macroencuesta de usos lingüísticos en el mundo del deporte. Son 70 federaciones de más de 700.000 deportistas federados. 

¿El hecho de que el catalán en la empresa, en la escuela y en el deporte no dependa exclusivamente de la Conselleria de Política Lingüística cree que dificulta la implementación de las medidas? Cada una tiene su propia conselleria…
Añadamos la salud y el comercio y todo aquello que afecta la atención pública. El gran reto de ahora es que no solo la Conselleria de Política Lingüística tenga el fomento de la lengua como prioridad, sino todo el Govern. Y de manera muy especial aquellas consellerías que tienen responsabilidades directas con todo el sistema educativo, el mundo laboral, el deporte, la salud o el comercio. 

 

Si durante este año no se avanza en estos tres ámbitos, ¿se marca alguna fecha límite para tomar alguna decisión?
Desde Òmnium no solo somos gente constructiva de por sí, sino que no contemplamos ningún escenario que no sea el que se avance en todas estas carpetas. De hecho, las conversaciones en el ámbito del mundo laboral están bastante avanzadas para que entre lo que queda de 2026 y 2027 se puedan materializar en medidas concretas. Esperamos también poder hacerlo en el mundo del deporte y la escuela, que para nosotros es la gran prioridad de este segundo año. 

¿Cree que el ámbito escolar está un poco a tientas a la espera de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la inmersión?
Es posible, pero nosotros siempre hemos dicho que no podemos esperar, ni nosotros, ni la sociedad, ni el Govern, ni el país, lo que decidan los jueces, porque esta es una anomalía monumental. Hay muchas cosas que hacer independientemente de lo que los tribunales decidan respecto de las leyes que se aprobaron en el Parlament. Se aprobó en 2022, hace cuatro años, y es verdad que hay la amenaza pendiente, pero el país tiene que avanzar. Parte de la estrategia jurídica de algunas de las otras judicaturas del Estado es bloquear el país, como lo hemos visto con la amnistía o las leyes educativas. La vida avanza, y por lo tanto el país no puede estar ni parado ni pendiente de lo que pueda decir una sentencia del Tribunal Constitucional. Si tiene la tentación de reventar y cargarse el modelo de escuela catalana, no solo Òmnium o la comunidad educativa, sino que el país saldrá en tromba, porque es absolutamente intolerable.

Trabajar por la lengua es trabajar por la nación.

Esta semana, el Parlament de Catalunya ha rechazado las enmiendas a la totalidad de los presupuestos. Concretamente, en el caso de la Conselleria de Política Lingüística, pasa de 85 millones a 126 millones de euros. ¿Cree que es suficiente?
En el caso de la Política Lingüística, si cogemos un poco el histórico, en los años de la pandemia no llegaban a los 30 millones de euros. Estamos hablando de un avance presupuestario muy sustancial. En el último año ya estaba en 60 millones de euros y con el president Aragonès había estado bordeando un poco por encima de los 50. Es una buena señal, porque si no hay dotación presupuestaria, las intenciones políticas siempre son vacías e inaplicables. Evidentemente, todavía no es suficiente.

Una de las inversiones más destacadas y más nuevas es un acuerdo del Govern con ERC para el impulso de los contenidos audiovisuales en catalán en las redes sociales con 50 millones de euros distribuidos en tres años. ¿Lo ve positivo, esto?
Muy positivo. Para Òmnium ha sido una de las grandes batallas. Donde se lucha por el futuro, la supervivencia, la fortaleza de la lengua es el ámbito digital. Participamos como miembros de Accent Obert, que es quien lidera esta estrategia y es una batalla esencial. Hace 5 o 10 años no había creadores de contenidos digitales en catalán. En el solo último año, del 2025 al 2024, han crecido en un 75%. Es una barbaridad. No solo los hay en Catalunya, sino en todos los Països Catalans, y sintonizan mucho con la gente joven. Hoy es evidente que TV3 no es el canal de consumo cultural prioritario para los menores de treinta años y, por lo tanto, el apoyo a estas iniciativas es esencial. Òmnium puso en marcha una iniciativa conjunta con muchos agentes, que se llamaba La Fera, hace unos ocho años, que era como un espacio en el que se encontraban los creadores de contenido en catalán de entonces. Era un espacio desmembrado y sin público y hoy estamos en otra galaxia.

Entrevista a Xavier Antich, president d'Òmnium Cultural / Foto: Carlos Baglietto
Entrevista a Xavier Antich, presidente de Òmnium Cultural / Foto: Carlos Baglietto

La semana que viene viene el papa León XIV a Catalunya y visita la Sagrada Família, visita Montserrat, Brians… Uno de los temas más polémicos esta semana ha sido el uso del catalán en los actos, como en la bendición de la torre de Jesús. ¿Ve suficiente que el Papa utilice la lengua en “algunas palabras” tal como dijo el arzobispo Omella?
De ninguna manera. Parecen más unas declaraciones casi ofensivas para una lengua como la catalana, que es la propia del país, que visitará el Papa. Desde Òmnium hace un mes que empezaron a trabajar de forma muy discreta con la ANC en esta visita. La primera reunión la tuvimos a principios de mayo con el objetivo de garantizar que la lengua catalana tenga el trato que debe ser lógico y legítimo. Se han desplegado muchas cosas antes de que esta semana estallara la polémica. Para nosotros, la lengua catalana, en todos los actos, también los litúrgicos con la bendición de la cruz que debe ser corona de la Sagrada Família, debe tener el reconocimiento como lengua propia. No una lengua usada con algunas frases allí donde se quiera. 

¿Qué papel debería tener el catalán? Es decir, ¿debería tener más protagonismo que el castellano?
Sin ningún tipo de duda, la lengua propia de Catalunya es el catalán y esto se debe reconocer en una visita que tiene tanta importancia como esta. La Iglesia catalana ha jugado un papel importantísimo en la preservación, el fomento y la difusión de la lengua desde el franquismo. No solo la comunidad católica, sino todo el país no entendería una deserción del máximo responsable de la Iglesia haciendo un menosprecio a aquello que ya han dicho los obispos de Girona, Lleida o el arzobispo de Tarragona, que también preside la Conferencia Tarraconense.

 

El arzobispo Omella aseguró que hay gente a la que "le gusta crear polémicas y que le gusta encender hogueras donde no las hay"... ¿Qué le parece, también, que se haya denegado poner la senyera en la fachada de la Sagrada Família?
Las declaraciones del arzobispo Omella fueron muy desafortunadas. Que se haya denegado poner una senyera, que es la bandera de un país, como forma de bienvenida me parece una falta de sensibilidad y de tacto. La petición la hicimos nosotros por carta formalmente con el presidente de la ANC, Josep Vila, y el presidente de la Lliga Espiritual Mare de Déu de Montserrat, Joan Maluquer. Lo hicimos de forma muy discreta y recibimos una respuesta de rechazo. Demuestra muy poco trato y muy poca sensibilidad por un gran consenso social de país. Estamos hablando de la bandera del país y no de una bandera de parte. Y también demuestra una ignorancia soberana respecto al arquitecto de la Sagrada Família y el sentido de este monumento.

¿El Govern de la Generalitat ha sido lo suficientemente contundente?
No conocemos con demasiado detalle cuáles han sido sus gestiones y en qué sentido. Por mi parte, sería una frivolidad opinar. Lo que sí que tendremos que valorar es a ver cómo cristalizan todas las negociaciones que nos consta y que se están haciendo en el ámbito diplomático y dentro de la misma comunidad católica.

Barcelona no es solo una ciudad, es la capital de un país y hay que visibilizar su carácter nacional.

¿Cree que el principal problema es el arzobispo Omella?
Todo apunta a que sí, si tenemos que hacer caso y valorar las declaraciones públicas. Solo hay que escuchar declaraciones como las del obispo de Girona y el arzobispo de Tarragona, que van en un sentido radicalmente diferente.

Ustedes han convocado una campaña para recibir esteladas en la Sagrada Família, concretamente el día 10 a las 18h. ¿Qué se busca con esto?
Como hay la negativa a recibir al Papa con la bandera catalana en la Sagrada Família, hemos optado por visibilizar algo que en todas nuestras gestiones y cartas hemos hecho visible, que es el reconocimiento y la visibilización de la identidad de un pueblo que parece que todos los actos apuntaban más bien a diluirla. La lengua catalana no va sola; la demanda de un tratamiento digno para la lengua catalana es una exigencia de reconocimiento a la identidad del país e incluso a las mismas convicciones del arquitecto de la Sagrada Família. Catalunya existe, el Papa viene a Catalunya, Catalunya es una realidad nacional diferente de la de España. Barcelona no es solo una ciudad, es la capital de un país y hay que visibilizar su carácter nacional. 

Entrevista a Xavier Antich, president d'Òmnium Cultural / Foto: Carlos Baglietto
Entrevista a Xavier Antich, presidente de Òmnium Cultural / Foto: Carlos Baglietto

Si finalmente el catalán no es protagonista en los actos del Papa, ¿cómo se le debe recibir? El president Puigdemont pedía que “se sintieran las voces y los silbidos de protesta contra el renacimiento del catolicismo franquista opresor de minorías y cómplice de crímenes contra la humanidad”...
Como estamos muy comprometidos con lo que pase, se entenderá que esperaremos a ver cómo se modifica y cómo acaba quedando todo aquello por lo que buena parte del país está haciendo una gran presión. Entonces, decidiremos en los últimos momentos, cuando tengamos certeza. 

¿Ha cumplido los objetivos del primer mandato?
Los tres fundamentales que nos fijamos los hemos cumplido. El primero era, dicho de manera muy simple, aguantar la casa y preservar la fortaleza de la entidad, y lo hemos conseguido hacer. Hemos cerrado la asamblea con un balance constatado por encima de 150.000 socios. No solo no hay una organización cívico-cultural en el país con esta base social, sino que no hay ninguna otra entidad en Europa. Por otro lado, hemos desplegado la fortaleza en el ámbito territorial: tenemos ya 53 sedes, que doblan las que teníamos hace solo unos años. En este espacio prácticamente de desmembramiento, deserción, desánimo y desmovilización, Òmnium continúa liderando la sociedad civil catalana con esta fortaleza.
El segundo era la renovación de liderazgos, que nos habíamos comprometido desde el primer momento a hacer. Parte de nuestro diagnóstico para salir del ciclo postprocés implicaba sabiduría nueva, neuronas frescas, gente que no llevara acumuladas las heridas de los años del procés. Y también en este sentido lo hemos aplicado, no solo a la Junta Directiva, sino al grueso de las 52 presidencias territoriales de la entidad. Y el tercero era hacer un reset estratégico: adaptar la estrategia de la entidad al momento que actualmente vive el país. También lo hemos hecho con la construcción nacional, poniendo la lengua al frente de nuestras acciones, junto al trabajo por la cultura, por los derechos civiles y políticos, en el ámbito internacional y con los Països Catalans.

 

¿Qué es, quizás, lo que le ha faltado? ¿O qué tiene una espinita de no haber conseguido?
No haber conseguido enderezar la actitud en el ámbito de los partidos políticos independentistas, con la posibilidad de generar acuerdos políticos. Desde Òmnium creemos que ahora mismo esto es parte de los problemas que tiene el movimiento: que, aunque existen grandes consensos en el ámbito social, no acaban de tener del todo su traducción política. Y asumimos la parte de responsabilidad que tenemos, ya que nosotros siempre decimos que somos constructores de consensos, vertebradores de acuerdos transversales, y en esto debemos confesar que no nos hemos salido del todo en las cuestiones más importantes.

¿Ayudaría una renovación en los partidos tal como han hecho ustedes?
Seguramente. Sobre todo también a la asunción de que no hay nadie en este país que pueda salvarlo solo. Estamos en unos escenarios que son propios de las democracias liberales, que están muy fragmentados. Se puede apostar por la polarización o se puede apostar por la consecución de consensos. En Òmnium somos constructores de consensos, porque lo que queremos es avanzar. Creemos que las otras vías son bastante estériles.