El Partido Popular se ha estrellado en las urnas este domingo en Andalucía. Los populares han ganado ampliamente las elecciones, algo que no ha estado nunca en discusión. Pero su gran objetivo, revalidar la mayoría absoluta, esa que le daban las encuestas al inicio de la noche, no lo ha conseguido. Es cierto que el PSOE ha obtenido su peor resultado en Andalucía, empeorando en dos escaños los 30 alcanzados en 2021. Pero eso Pedro Sánchez ya lo había dado por descontado y, al final, le sirven lo mismo 30 escaños que 28. El objetivo de Moncloa era hacer al partido de Alberto Núñez Feijóo y a su candidato andaluz, Juanma Moreno, dependiente de Vox para cualquier mayoría y eso va a suceder a partir de ahora. La estrategia puesta en marcha por el Partido Popular hace más o menos un año, de diseñar una autopista para una futura llegada de Feijóo a la Moncloa a partir de las elecciones autonómicas en Extremadura (diciembre) , Aragón (febrero), Castilla y León (marzo) y finalmente Andalucía, ha acabado siendo un verdadero suplicio para los populares y una válvula política para Vox.

Contaba con cuatro presidencias el PP antes de iniciarse el proceso y solo una con mayoría absoluta, Andalucía. Contaba disponer, seguro de dos —Extremadura la daba por segura—, probablemente tres —aquí añadía Aragón— y, en función de cuál fuera la ola, se sumaba Castilla-León y, a lo mejor, las cuatro donde se daba por descontado Moreno. El ciclo se cierra con cero de cuatro y con Vox subiendo en todos los parlamentos autonómicos. Y, con un problema añadido: el partido de Abascal, que en el anterior ciclo electoral se conformó con más bien poco en los pactos poselectorales, ahora está mordiendo a los candidatos populares y haciéndoles sudar sangre. Todo ello se traduce en un cuestionamiento de la estrategia de Feijóo, que ha mandado a sus barones territoriales a batallas imposibles, en parte ante la ausencia de una política fuerte del PP en España, donde todas las iniciativas aparecen desdibujadas. Empezando por la ausencia de un liderazgo que sea percibido como tal por la dirección y los cuadros del partido.

La política de esperar a ver cómo pasa el cadáver de tu adversario, que viene a ser la única estrategia política de Feijóo desde las elecciones de 2023, le ha acabado pasando factura

La política de esperar a ver cómo pasa el cadáver de tu adversario, que viene a ser la única estrategia política de Feijóo desde las elecciones de 2023, en que ganó pero no gobernó, le ha acabado pasando factura. En política, el no hacer nada también tiene un precio, no solo el no equivocarte. Ese fracaso de Feijóo es, además, un gran trampolín para Sánchez, que tiene la enorme habilidad de ir acumulando derrotas sin que a él le pase nada. Al final, esta es una más, pero nadie le va a discutir que, en las peores condiciones políticas y judiciales, los socialistas, a trompicones, siguen ahí. Y ahora con un total dominio del calendario electoral y de llevar la legislatura hasta el final si así lo desea. ¿Por qué va a adelantar si su adversario está en una situación en que los problemas en su casa también existen y ahora absolutamente atenazado por la ultraderecha de Vox? Tiene un año, Sánchez, para activar dos palancas: la primera, una agrupación de partidos a su izquierda que puedan resistir unas elecciones, como así ha sucedido en Andalucía, donde la izquierda del PSOE sumaba siete escaños en 2022 —cinco de Por Andalucía y dos de Adelante Andalucía— y esta noche ha logrado trece, siete, nada menos que seis más. Mientras Vox solo ha sido capaz de añadir un parlamentario a los 14 que tenía.

Y si ese movimiento de la izquierda alternativa encuentra agua, quién sabe si con Gabriel Rufián en toda España, virará entonces el PSOE algo hacia el centro, sobre todo en algunas políticas económicas. Es la cuadratura del círculo para un PSOE que ha practicado una política absolutamente izquierdista y en muchos temas incluso populista. Pero es, seguramente, la única estrategia posible. Y, a partir de ahí, ahogar a Vox y que los más de 175 que le otorgan las encuestas a la alianza de derechas, no consigan sumar. Lo cierto es que a partir de mañana se inicia una nueva legislatura española y Feijóo tendrá que hacer bastante más que observar y observar. Veremos también cómo leen Junts y PNV, partidos bisagra en el actual parlamento español, estos resultados que les ofrecen alternativas a jugar, si están dispuestos a hacerlo.

Resumiendo, el PP se acuesta menos eufórico de lo que le indicaban las encuestas y el PSOE ahí sigue, bajo mínimos pero vivo. O, al menos, aparentemente vivo.