En la isla que conforman las calles de los ilustres granollerenses Josep Anselm Clavé y Josep Barangué Bachs, entre Marià Maspons y Agustí Viñamata, se combinan tradición y modernidad: al oeste, la mítica Fonda Europa; al este, un restaurante abierto ahora hace un año, el 3Grillats.
Ellos mismos dicen que hacen una cocina ‘con tradición y chispa’, que no teme la ortodoxia y que, de hecho, bebe de la historia de la cocina para jugar con sus normas. Todo esto se comprende al adentrarnos en un espacio amplísimo de factura minimalista e industrial que ha sabido incorporar la calidez autóctona en todas partes pero, sobre todo, en el trato con el cliente. Porque si bien la propuesta es desenfadada, el servicio de sala y la ejecución de los platos se hace con rigor y máxima profesionalidad. Entusiasma ver cómo un restaurante movido por trabajadores tan jóvenes consigue, en un ambiente informal, hacer lucir perfectamente el yin y el yang catalanes: el seny i la rauxa.
Los entrantes, servidos en una bandeja que me recuerda a aquellos restaurantes clásicos de los 80 y 90, son una serie de buenas ideas que van desde la ensalada de tomates hasta los macarrones de la abuela Fina
La carta comienza con la ostra más castiza, del Delta, que puede tomarse al natural o con un condimento ligeramente picante y ácido a base de kimchi y yuzu. De esta primera sección de snacks individuales también elegimos el panipuri, una elaboración típica de la India y Pakistán, donde una masa inflada se rellena de una mezcla de legumbres condimentadas que aquí cambian por atún y salmorejo. El biquini de picaña madurada es un bocado goloso y redondo, una opción segura que agradará a todos los públicos.
Los entrantes, servidos en una bandeja que me recuerda a aquellos restaurantes clásicos de los 80 y 90, son una serie de buenas ideas que van desde la ensalada de tomates a los macarrones de la abuela Fina, pasando también por lo que pedimos: setas a la carbonara, un plato que es un triunfo de sabores complementarios; y calamares y hierbas aromáticas, una ración abundante de calamares rebozados, crujientes, con una salsa agridulce que no empalaga gracias a la presencia de un buen montón de menta, cilantro y col lombarda.
Ya a punto de salir rodando, llegan los fideos a la cazuela con butifarra y gamba, un mar y montaña bien hilado, gustoso, adictivo, con profundidad que no se hace pesada y un punto del fideo idóneo. Hemos acompañado el menú con un vino de la comarca: Oriental, una Muscat de Alejandría ligera y aromática de la bodega Bardissots, un proyecto de los viticultores Oriol Artigas, Pilar Rosell y Pep Pou al norte de Alella. Para terminar, un buen flan de vainilla acompañado de trozos de panettone marcados a la parrilla de estos 3 grillados que están haciendo feliz Granollers con ideas felices, diferentes y bien trabajadas.
