La rambla del Poblenou es una de esas calles que explican muy bien la tensión actual de la ciudad: una avenida amable, abierta al mar, llena de terrazas y vida aparentemente de barrio, pero también cada vez más colonizada por una oferta gastronómica pensada para los turistas. Pasear por ella es agradable; elegir dónde sentarse, no tanto. Entre cartas repetitivas y reclamos fáciles, el criterio se pone a prueba. Y es aquí donde hay que decirlo claro: si lo que buscas es una cocina trabajada, el Bar Nuri es una apuesta segura.

Cocina de siempre en el Poblenou

El Bar Nuri, heredero de una tradición familiar que se remonta a los años sesenta, reivindica una cocina catalana y mediterránea con respeto por el producto. Y esto, en un entorno tan expuesto al turismo, no es menor. En un momento en que a menudo se banaliza la etiqueta de “mediterráneo” y se aplica a propuestas desconectadas del territorio –no he visto nunca ningún cultivo de aguacates en el Maresme ni ningún salmón pescado en el Llobregat–, en el Bar Nuri se percibe una voluntad clara de arraigo. Sin renunciar a la ubicación privilegiada, apuesta por una carta que combina platillos para compartir con arroces como eje central.

Croquetas de jamón del Bar Nuri. / Foto: Emma Porta

Carta concisa y bien ejecutada

Nosotros empezamos con unos entrantes pensados para abrir el apetito: croquetas de jamón ibérico bien cremosas; tostaditas con steak tartar de ternera y mayonesa; unos berberechos a la plancha muy bien resueltos, con una cocción que respeta el producto; y, para acabar, unos clásicos calamares fritos que duran muy poco en la mesa. Todos, platos para chuparse los dedos.

Si hay un motivo real para sentarse a la mesa en el Bar Nuri es el arroz

Calamares del Bar Nuri. / Foto: Emma Porta

Pero si hay un motivo real para sentarse a la mesa en el Bar Nuri es el arroz. Nos traen un arroz mar y montaña con calamar, sepia y panceta ibérica en una ración generosa, pensada para salir más que satisfecho del restaurante. El arroz es francamente bueno, sabroso y bien trabajado. El punto del grano es correcto, al dente y bien impregnado del fumé, y la cantidad es suficiente para convertir el plato en uno de los motivos claros para volver. El arroz lo acompañamos con un vino blanco, el Etra, un Albariño que marida especialmente bien con el pescado. Y, como tenía que ser, completamos la comida con una crema catalana acabada con un carquinyoli encima.

Berberechos del Bar Nuri. / Foto: Emma Porta

Espacio acogedor y equipo atento

El espacio interior desprende una estética acogedora, con un aire contemporáneo que juega con toques clásicos, como las mesas de mármol claro y las sillas de madera de estilo bistró. Además, las mesas están puestas con vajilla sencilla que hace de casa, y pone el foco en el producto. El servicio también juega a favor; nos atienden unos camareros atentos y eficientes que hacen de la comida una experiencia agradable.

Crema catalana del Bar Nuri. / Foto: Emma Porta

Así que, si ahora que ha llegado el buen tiempo y los días empiezan a alargarse te apetece sentarte en una terracita, vale la pena hacer parada en el Bar Nuri, que, no solo ofrece una terraza al sol, sino que detrás se adivina una cocina que no se limita a vivir del tránsito de gente. Y en este entorno, eso ya dice mucho.