Viernes de amor con The Cure para hacer las paces con el Primavera Sound, después de un jueves caótico marcado por el temporal y la falta de información. Eso sí, a medias, con un toque de atención a la organización del festival por parte de uno de los platos fuertes de la noche, la británica PinkPantheress. En cualquier caso, gran segunda jornada en el Parc del Fòrum, con un tiempo infinitamente más agradable que el día anterior y una comunión perfecta del público con la banda liderada por Robert Smith.
Poco antes de las ocho de la tarde, los fans de The Cure han tenido la oportunidad de calentar motores en los escenarios principales, Estrella Damm y Revolut, con los conciertos de las americanas Ethel Cain y Addison Rae. Ahora bien, es verdad que, viniendo de un día como el que veníamos, el country gótico de la primera de ellas tal vez no era la mejor propuesta para empezar el día. Sin embargo, miles de personas se han congregado delante de la cantautora de Tallahassee (Florida) para acompañarla en su descenso a las profundidades y, de paso, tomar posiciones para lo que vendría. La segunda actuación, la de la estrella del pop de Louisiana, sí que ha sido mucho más animada, pero el cúmulo de turistas que no dudaban en empujar ha hecho que una buena parte del público local prefiriera asistir a lo que pasaba en el escenario Cupra.
Allí, donde las gradas, el inglés ambiental de los escenarios principales desaparecía para dar la bienvenida a Ralphie Choo, uno de los artistas de moda en Madrid. Ya se ha podido oír mucho más catalán entre el público, y casi el único inglés que se oía era el de un señor de negro, con gafas de sol y el peinado de un calamar que paseaba entre la gente e iba preguntando: "Do you want pills?". ¿Quieres pastillas? No lo sé, tal vez quería vender ibuprofeno, quién sabe. Aparte de eso, ha sido una hora memorable de mezcla de géneros musicales, sobre todo cuando ha subido al escenario su buen amigo Rusowsky —que actuará este sábado— y han interpretado "BBY Romeo", "Dolores" y "Gata". Una buena "Máquina culona" ha ayudado a acabar de subir los ánimos perdidos durante el día anterior.
Hacia las diez, de nuevo hacia la Estrella Damm, ha tenido lugar un efecto curioso. A medida que te ibas acercando esquivando los charcos que aún quedaban del jueves, veías cómo la media de edad aumentaba progresivamente, y cómo los looks tan coloridos de los asistentes al festival se iban oscureciendo hasta el negro absoluto. Sabías que estabas donde tenías que estar, en el concierto de The Cure. Su líder, Robert Smith (de 67 años), ha estado casi tres horas con el micrófono en la boca, con prácticamente la misma voz de hace cincuenta años, haciendo bailar a los miles y miles y miles de personas que se habían juntado en la explanada del Fòrum, sin apenas dirigirse a ellos. Pero no ha sido necesario que dijera nada más de lo que decían sus canciones, con una primera comunión con la gente cuando en el ecuador del concierto ha sonado la icónica "Just like heaven", y la confirmación al final del espectáculo con un trío inigualable: "Friday I'm in love", "Close to you" y "Boys don't cry" —aunque más de un boy sí que ha llorado—. "Ha sido como una experiencia religiosa", comentaba alguien al salir. Como curiosidad final, deciros que había un asistente de honor en la zona VIP: el exentrenador del Barça Pep Guardiola.
En el escenario adyacente, el Revolut, empezaba a la una el pinchadiscos Skrillex, pero toda la atención se ha centrado en otra banda: el Cupra, donde a la una y cuarenta y cinco actuaba PinkPantheress. Esta chica de 25 años ha hecho un boom increíble en los últimos tiempos, por el éxito de su canción "Illegal" como trend de TikTok y por el oro olímpico de patinaje de Alyssa Liu en los últimos Juegos Olímpicos de invierno, que usó el tema "Stateside" para su ejercicio. Así pues, era de esperar que pasara lo que ha pasado: el escenario se ha quedado pequeño y mucha gente se ha quedado fuera. Y así lo ha hecho notar la misma artista, dando un toque de atención a los organizadores en un momento del concierto. En esta línea, algunos asistentes al festival ya habían lamentado, por ejemplo, que los Geese no actuaran en un escenario más grande, del mismo modo que la francesa Oklou criticó una especie de abandono por parte de la organización.
A pesar de ello, gran concierto. Breve, demasiado breve —ha acabado quince minutos antes de lo previsto—, pero gran concierto. Han sido cuarenta y cinco minutos de un espectáculo potentísimo lleno de pop y electrónica de los 2000, con unos pinchadiscos y unas coreografías que han hecho que fuera imposible dejar de bailar y de saltar. Todo un ejercicio de cardio para prepararse para la tercera y última jornada, con Gorillaz en el horizonte y el aquelarre nacionalista de los irlandeses Kneecap.
