Una de las vías más transitadas del país en esta época del año es la de Barcelona a Andorra, por la afluencia de esquiadores que suben a las pistas del principado en busca de la mejor nieve. Pues bien, el mejor restaurante que encontrarás de camino a los Pirineos es sin duda el restaurante Lo Ponts, todo un clásico abierto en 1982 y regentado con mano experta por la segunda generación de los fundadores, el chef Ramon Gaspà y su mujer, la jefa de sala Montse Junyent.
Lo Ponts, como muchos sabéis, es un templo de la cocina tradicional catalana hecha con pasión, la de toda la vida, la del chup-chup, y claro, los clientes que lo visitan repiten a la fuerza hasta convertirse en habituales de por vida. Recomendado por la Guía Michelin con un Bib Gourmand, por la Guía Repsol y por la Macarfi, también pertenece al movimiento slow food, cuyos principios son buscar ingredientes ecológicos de los productores locales.
Hoy es el último día del año y me acerco a Barcelona por la C-14 cuando, a la altura de Oliana, veo que son las tantas y llamo a Lo Ponts para ver si tienen mesa, aunque será difícil a estas horas. Recuerdo que no es la primera vez que paro allí un 31 de diciembre, pienso que es una buena ocasión para cerrar el año con una buena comida antes de que lleguen la cena y las uvas.
Montse, siempre tan atenta, me confirma que puedo acercarme, que me darán algo de comer. Dicho y hecho, sentado en un rincón del comedor, me estudio la carta aunque me la sé de memoria mientras pienso que no paro más a menudo no por falta de ganas, sino porque el trayecto de La Seu a Barcelona apenas dura dos horas, y cuando te has dado cuenta, ya estás en casa. Otra cosa es si vas a Andorra o al revés, entonces sí que vale la pena hacer una paradita para comer y disfrutar del espectáculo, porque el viaje es más largo.
Empiezo con una coca de calabaza, cebolla confitada y queso Tou dels Til·lers que es deliciosa. La masa, fina y crujiente, la elaboran ellos mismos, y también tienen de butifarra con setas, de quesos artesanales, albahaca y rúcula, de escalivada, bacalao y alcachofas, y de escalivada con anchoas. El Tou dels Til·lers es un queso de pasta blanda hecho con leche cruda de vaca con solo tres semanas de curación, de textura blanda y sabor suave, que elabora la quesería Tros de Sort, fundada hace treinta años en la capital del Pallars Sobirà.
Me meto entre pecho y espada un trinxat como los de antes, hecho con col de invierno, patata, panceta, butifarra y guindilla. Digo "como los de antes" porque está elaborado con la col de invierno, una variedad autóctona del Pirineo que se cultiva en huertos particulares de forma limitada. Es una col feílla que dejas plantada en el huerto pasado el otoño, de la que te olvidas durante el invierno porque aguanta bajas temperaturas, y que arrancas cuando la necesitas para preparar justamente el trinxat. Su sabor es más potente que el de una col normal.
Riego la coca, el trinxat y lo que vendrá con un Costers del Segre, el Roc Nu de la bodega Clos Pons, elaborado con las variedades cabernet sauvignon, tempranillo y garnacha. Curiosamente, por pocos kilómetros, Ponts está fuera de la DO Costers del Segre. Ramon me explica que esto hace que en el pueblo no tengan bodegas propias e impide que puedan entrar en las rutas de vinos, lo que perjudica a la ciudad; una pena, la verdad. Hay que estar al tanto, porque en pocas semanas, concretamente el martes de Carnaval, se organiza Lo Ranxo de Ponts, que este año celebra su 151.º aniversario. Los organizadores calculan que servirán cerca de 15.000 raciones de escudella entre vecinos y gente de paso.
Como la cosa va de clásicos, prosigo con un fricandó con camagrocs soberbio y unos canelones de la casa por aquello de hacer Navidad.
Hay que saber que en Lo Ponts tienen la mano rota con los arroces y los caracoles, pero también con las setas cuando es temporada. Los mejores para mi gusto son los de colmenillas frescas, 'ceps' y bacalao al pipil, el arroz cremoso de trufa de Rialb, 'ceps' y Tou dels Til·lers y, en temporada de caza, el de perdiz salvaje con coles, que es una auténtica obra de artesanía
Cierro la comida con una tarta de manzana con helado de vainilla casero mientras pienso ciertamente que, yendo o viniendo de los Pirineos, Lo Ponts es una visita obligada.
