La crisis con Irán podría haber entrado en una fase de incertidumbre acelerada. Gobiernos, inversores y ciudadanos siguen con inquietud la evolución de un conflicto que parece avanzar por inercia propia. El rumbo de los acontecimientos depende, en gran medida, de decisiones individuales de líderes imprevisibles, como el presidente estadounidense, Donald Trump, y el nuevo y aún poco probado líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei.
Las declaraciones de Trump de esta semana reflejan esta ambivalencia. Por un lado, el presidente ha calificado la guerra como una “excursión a corto plazo” que podría terminar pronto. Por otro lado, ha insistido en que no debería concluir hasta que Irán pierda durante mucho tiempo cualquier capacidad de desarrollar armamento que pueda amenazar a los Estados Unidos, Israel o sus aliados.
Esta tensión entre objetivos militares y cálculo político alimenta el debate sobre cómo puede terminar el conflicto. A partir de la información disponible y de lógicas habituales de planificación estratégica, se pueden dibujar tres escenarios plausibles: un escenario base, uno peor y uno mejor.

Iraníes celebran la elección del nuevo líder, Mojtaba Jamenei / EFE
Una campaña militar que necesita tiempo
Sea cual sea el desenlace, los planificadores militares coinciden en un punto: la campaña aún necesita semanas para completarse. El objetivo declarado por el Pentágono es degradar la capacidad de Irán de proyectar poder más allá de sus fronteras. Esto implica atacar misiles e instalaciones de producción, drones y fábricas asociadas, fuerzas navales y aéreas, estructuras de mando y control y los vestigios del programa nuclear. Se trata de una misión militar clara: reducir la capacidad operativa del adversario, independientemente de qué resultado político se busque después.
Este tipo de operaciones, sin embargo, requieren tiempo. La Casa Blanca había fijado inicialmente un horizonte de cuatro a seis semanas, y todo apunta a que aún quedan al menos un par de semanas de campaña intensa, según destaca la CNN.

Escenario base: un Irán contenido (60%)
El escenario más probable es también el más pragmático. Estados Unidos y sus aliados permitirían que la operación militar llegue a su conclusión, debilitando significativamente las capacidades militares iraníes, pero sin provocar un colapso del régimen.
En este caso, Irán saldría del conflicto con menos capacidad para desarrollar misiles, drones o programas nucleares, pero con sus estructuras políticas aún intactas. Las sanciones internacionales continuarían vigentes y la presión militar se mantendría, con patrullas aéreas y capacidad de intervención rápida si Teherán intentara reconstruir sus programas armamentísticos.
El resultado recordaría, en cierta manera, el Irak de los años noventa: un país debilitado, bajo vigilancia constante y con capacidad limitada para amenazar la región.

Peor escenario: un Irán reforzado (30%)
El riesgo más grande es que las consecuencias económicas del conflicto —especialmente en el mercado energético y el comercio marítimo— presionen Washington para declarar la victoria antes de tiempo.
Si esto pasara antes de que la campaña militar cumpliera sus objetivos, Irán podría recuperarse relativamente rápido. Con estructuras de poder intactas y un sentimiento de resistencia reforzado, el régimen podría reconstruir sus capacidades militares y adoptar una postura aún más agresiva.
Este escenario dejaría los estados del Golfo bajo una amenaza constante de misiles y drones, a la vez que aumentaría los costes económicos de hacer negocios en la región, desde los seguros marítimos hasta las inversiones a largo plazo.

Mejor escenario: un nuevo Irán (10%)
El desenlace más optimista —pero también el menos probable— sería que la presión militar debilitara tanto el régimen que desencadenara una revuelta interna capaz de provocar la caída de la República Islámica. Para que esto ocurra, sin embargo, sería necesaria una erosión significativa de los instrumentos represivos del régimen, especialmente las milicias Basij y la Guardia Revolucionaria. La experiencia histórica muestra que los bombardeos externos raramente provocan por sí solos un colapso político sin una oposición interna organizada.
Sin fuerzas terrestres norteamericanas ni una oposición armada clara, la probabilidad de un cambio de régimen a corto plazo es baja.
Un conflicto sin final claro
Estos tres escenarios no son excluyentes. La sucesión de Mojtaba Jamenei podría generar luchas internas por el poder dentro del régimen iraní, y el debilitamiento militar podría acelerar tensiones sociales latentes. Sea cual sea el desenlace inmediato, es improbable que el conflicto termine con una resolución limpia. El resultado más plausible es un Irán más débil y contenido, pero aún presente en el equilibrio regional, en un Oriente Medio donde la incertidumbre seguirá siendo la norma durante años.