Hoy regreso, tres años después de mi primera visita, al restaurante Jara Sushi Omakase, de los hermanos Jara, situado en la calle Pàdua, en el barrio del Putxet. Leo en diferentes reseñas estos días que el restaurante abrió hace un año y no es del todo cierto, ya que la primera reseña de la Gourmetería la publicamos en septiembre de 2023 y, por cierto, la terminábamos así: “En Jara Sushi encontramos una técnica impecable, un estilo propio y un producto salvaje”. Por lo tanto, estaríamos hablando de que hace casi tres años que abrieron sus puertas como Jara Sushi, aunque es cierto que durante este tiempo han cambiado de local, pero unos metros más allá de donde estaba el primer local, en la misma calle Pàdua. Para quien no haya conocido el Jara Sushi, os diré que era muy pequeño, apenas cabían doce personas; ahora, sin embargo, en el nuevo local caben una veintena larga de comensales entre la barra que rodea la cocina y las cuatro mesas. Pero lo más importante es que el proyecto se ha consolidado, sin duda, como la barra omakase con los mejores sushis de la ciudad, pero ojo, no lo contéis mucho, no sea que nos encontremos el local lleno cuando llamemos para reservar, aunque actualmente, y según me comenta Robby, llenan cada día incluso los dos turnos.
Para ponernos al día, los hermanos Robby y Jonathan Jara son chilenos y nacidos en la pintoresca ciudad de Valparaíso, conocida también como la joya del Pacífico, y una ciudad de visita obligatoria si estás dando vueltas por el país de los poetas. Pues bien, con un pasado ligado a la hostelería —Robby fue director de operaciones del grupo Pantea y Jonathan, chef ejecutivo de las cooperativas Suma—, deciden después de la pandemia abrir en Barcelona su proyecto más personal para ofrecer a los clientes aquello que tan bien saben hacer, que es hacer feliz a la gente con su propuesta, aparcando así definitivamente todos los proyectos que tenían entonces entre manos.
Una vez sentado en la barra justo delante del chef para no perder detalle, me muestra el cajón del pescado salvaje y me llenan la copa de Leopardi, el conocido Corpinnat de las bodegas Llopart, elegante y delicado, que me ventilo con el primer bocado, que es una ostra con gamba, ponzu, ikura y caviar igualmente delicada.
Continuo con un hamachi japonés con salsa ponzu, mizuna, cebollino, trufa de invierno y guindilla que me alerta de la necesidad de estar bien despierto y no despistarme durante la comida, para así disfrutar de cada bocado dentro de esta casa donde los sueños se hacen realidad.
Tienen una carta de sakes muy exclusivos; aun así, Jonathan, en un perfecto catalán, me ofrece un sake que tienen fuera de carta. Es el Izumibashi Daiginjo 50, con un aroma intenso pero equilibrado y una dulzura suave que nos enamora desde el primer sorbo; fíjate que decido que me acompañará durante toda la cena.
A continuación aparecen un tataki de ventresca de atún marcado a la robata y con salsa wafu, el futomaki spicy de aguacate, tenkatsu, cebollino, sésamo y guindilla y el sashimi de lubina, erizo de mar gallego, calamar, chutoro y caviar. La cosa es un no parar donde el dominio de la técnica y su definición quedan bien patentes, pero la calidad de los productos también.
Los hermanos Jara te ofrecen una técnica impecable, un estilo propio y un producto salvaje que los posiciona indudablemente en lo más alto del podio de los restaurantes japoneses de la ciudad
Aparecen unos sashimis de lubina, calamar y chutoro con vieira y caviar. La tostada de pan de mantequilla con tartar de ventresca, caviar beluga y flor de sisho es una maravilla. Igual que lo son los nigiris que te prepara Jonathan ante ti con mucho amor; es un auténtico especialista, y es un lujo poder verlo con los propios ojos. Encuentro increíbles los de lubina, calamar, gamba roja y chutoro.
Cierro la comida con un temaki de atún con caviar y una sopa de miso con bogavante que es suculenta. Finalizar la comida con una sopa bien caliente es una costumbre japonesa que bien podríamos adoptar en casa, donde tanto nos gusta la sopa.
En cuanto a los postres, es interesante la crema catalana con infusión de yuzu que ya probé en mi primera visita y que, como imagináis, es un guiño a la cocina catalana de toda la vida.
Me despido satisfecho de los jóvenes hermanos Jara hasta la próxima visita, que espero que sea muy pronto, felicitándolos efusivamente por este viaje a la esencia de la cocina japonesa del que me han hecho partícipe y por el nivel de cocina alcanzado desde su apertura, que los posiciona indudablemente en lo más alto del podio de los restaurantes japoneses de la ciudad. ¡Enhorabuena!
